domingo, 21 de junio de 2020

Conozca la tasa de mortalidad por la Covid-19

El coronavirus alteró la vida en todo el mundo. La protección individual es el medio más eficaz para su contención. Foto Pixnio

Una de las preguntas cruciales cuando aparece una nueva enfermedad infecciosa es cuán mortal es. Y en el caso del coronavirus SARS-CoV-2 que provoca la enfermedad Covid-19 no ha sido fácil establecerlo, pero ya los científicos se acercan a la respuesta.
No ha sido sencillo porque no se requiere conocer solo el número total de muertos contra el total de personas reportadas positivas sino el total de contagiadas y en este caso son muchos los que se contagian y no presentan síntomas o solo de manera leve.
Los investigadores utilizan una métrica, la tasa de fatalidad de la infección (IFR por su sigla en inglés). Es la proporción de personas infectadas que morirán por la enfermedad, incluidos los que no muestran síntomas.
Calcular la IFR no ha sido fácil por lo explicado y además porque muchas personas muertas por la enfermedad no han sido contabilizadas.
Al comienzo de la pandemia se sobre estimó la tasa de acuerdo con lo que se conocía en China y los primeros países donde el virus se diseminó.
En Wuhan al comienzo se informó de 38 muertos por cada 1000 contagiados confirmados, con una tasa de fatalidad de casos (CFR) de 58 por 1000, un estimativo que se consideró demasiado alto y equivocado al no considerar muchos contagiados no confirmados por las pruebas.
Hoy, numerosos estudios, con amplia variedad de métodos, sugieren que en muchos países mueren de 5 a 10 personas por cada 1000 infectados. "Los estudios a los que les tengo fe están tendiendo a converger alrededor de 0,5-1 %", dijoTimothy Rusell, de London School of Hygiene and Tropical Medicine, citado por Nature.
Para otros investigadores, la convergencia entre estudios puede ser casualidad.
Determinar la tasa es importante para que los gobiernos y las personas puedan responder adecuadamente.
Tras perfeccionar métodos se determinó que en Wuhan la tasa fue de 0,9 % por 1000, es decir 9 muertos por 1000 infectados, subiendo según unos análisis a 33 para los mayores de 60 años.
Hoy se estima que la IFR para algunos países es:
China 0,6 % por 1000 o sea 6 muertes.
Francia, 0,7 %.
Brasil, 1 %.
España, 1 % (10 muertos por cada 1000 infectados).
Análisis más refinados, que tienen en cuenta las evaluaciones de anticuerpos en la población, para considerar a aquellos asintomáticos, sugiere que la tasa más real es de 5 a 10 muertos por cada 1000 contagiados, aunque puede variar de región en región.
En adultos mayores la tasa es mucho más alta. En Ginebra, Suiza, se estimó en 5,6 % en mayores de 65 (56 por 1000), mientras que la de menores fue de 0,6 % (6 por cada 1000).

jueves, 18 de junio de 2020

¿Qué tipo de sangre tiene mayor riesgo de Covid-19 severo?

Una enfermera atiende paciente con ventilador por Covid_19- Foto US Army

¿Por qué algunas personas padecen graves problemas respiratorios por el coronavirus SARS-CoV-2? La respuesta tiene que ver en buena medida con la genética. Y cada vez se conoce más sobre quiénes tienen mayor probabilidad de ser afectados por el virus.
Por ejemplo: ¿incide el tipo de sangre? Parece que sí. Dos estudios con poblaciones y en países diferentes, lo corroboran. El tipo de sangre no incide en que una persona sea más propensa a contagiarse o no, sino en la gravedad de las afecciones respiratorias. El riesgo es mayor para cierto tipo.
En el primero, en el New England Journal of Medicine se estudiaron 1980 pacientes con Covid-19en Italia y España (Monza, Milán, Madrid, San Sebastián y Barcelona) y se encontró que un grupo de genes del cromosoma 3 así como los relacionados con el grupo de sangre, se asociaban con falla respiratoria en el desarrollo de la enfermedad. 
Los estudios sugieren que hay dos regiones del genoma asociados a un Covid-19 severo y por lo tanto a un riesgo más alto de muerte. Son regiones que contienen unos genes intrigantes que tienen un papel en el tipo de sangre de la persona y desempeñan varios roles en el sistema inmunitario.
En concreto: los pacientes con tipo de sangre A positivo tenían 50 % mayor riesgo de desarrollar complicaciones respiratorias por el virus, requerir oxígeno y respiración asistida. En cambio, aquellos con tipo O tenían 50 % menor riesgo de sufrir un Covid-19 severo.
Los de tipo A tenían 1,5 veces más riesgo de ser hospitalizados por síntomas respiratorios severos, que los de otros tipo de sangre. Los de O solo dos tercios de probabilidad de ser hospitalizados que los de otros tipos sanguíneos.
En otro hallazgo, en el cromosoma 3 se detectaron  seisgenes interesantes: uno que codifica por un ácido que se une al principal receptor del coronavirus y otros relacionados con la respuesta inmunitaria.
El segundo estudio se hizo con datos de bases de China y New York y corrobora los hallazgos.
El tipo de sangre A, B, AB u O depende de la manera como sus genes instruyen las células rojas para producir o no ciertas proteínas.

martes, 16 de junio de 2020

Hacía 800 000 años la Tierra no vivía esta situación

El Sol desde el observatorio de Mauna Loa donde se mide la concentración de gases de invernadero. Foto NOAA

Hacía más de 800 000 años que la Tierra no estaba así. Muchísimo más, quizás. Y aunque es un cambio imperceptible para todos, traerá consecuencias en el mediano y largo plazo.
La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzó 417,1 partes por millón en mayo, de acuerdo con las mediciones del laboratorio de Mauna Loa en Hawái. En mayo de 2019 había llegado a 414,7 y fue tan solo en 2014 cuando se pasó la barrera de las 400 ppm.
Así es como se mide el CO2 que queda en la atmósfera y actúa como gas de invernadero impidiendo que parte del calor que llega del Sol escape al espacio.
Este aumento continuo se da pese a los acuerdos internacionales para reducir las emisiones y evitar que la temperatura de la Tierra suma más de 2 ° Celsius con respecto a la era preindutrial (finales siglo XVIII).
"El progreso en la reducción de emisiones no es visible en el registro de CO2", dijo Pieter Tans, científico del Global Monitoring Laboratory de la oficina estadounidense del océano y la atmósfera (NOAA).
"Continuamos sometiendo nuestro planeta -durante siglos o más- a más calentamiento global, aumento del nivel del mar y eventos climáticos extremos cada año".
Es que si hoy se dejaran de emitir gases de invernadero (el CO2 es solo uno aunque el más incidente hoy) tomaría miles de años para que ese CO2 fuera absorbido por los océanos y la atmósfera para regresar a los niveles preindustriales.
Con motivo de la pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2, las emisiones se redujeron al paralizarse la producción industrial, pero no se refleja en la concentración atmosférica.
¿Por qué? Porque la disminución tendría que ser tan grande para que se destacaran dentro de la variabilidad natural del CO2 provocado por la forma como las plantas y el suelo responden a las variaciones estacionales y anuales de temperatura, humedad ambiente y del suelo. Estas variaciones son grandes y hasta ahora las reducciones por Covid-19 no se notan.
Si las reducciones se mantuvieran de 6 a 12 meses, debería disminuir la concentración medida en Mauna Loa.
Aunque las plantas y los océanos absorben una cantidad de CO2 equivalente a cerca de la mitad de las 40 000 millones de toneladas que se emiten cada año por actividades humanas, la tasa del dióxido de carbono en la atmósfera se ha acelerado. En los años 1960 el crecimiento anual promedio era de 0,8 ppm. Se dobló a 1,6 ppm en los años 80 y permaneció fija en 1,5 en los 90. La tasa creció desde 2000 a 2 ppm anual en promedio y a 2,4 en la década pasada. "Hay evidencias abundantes y concluyentes de que la aceleración es causada por mayores emisiones", dijo Tans.
Un problema al que no se le está prestando suficiente atención. 
Algún día será tarde.

domingo, 14 de junio de 2020

El calor se apoderó de 2020

2020 se encamina a estar entre los dos años más calientes de los registros. Foto Pinterest

Ni el coronavirus ni la pandemia detienen el calentamiento del planeta. Y aunque mediciones en todo el mundo han mostrado que las emisiones de gases de invernadero se redujeron en el primer cuatrimestre, su incidencia en el calentamiento global no se siente. ¿Por qué? Es un proceso acumulativo.
Por eso mayo se situó como el mayo más caliente en 140 años de registros, igualando al de 2016.
No solo mayo, sino que el periodo enero.-mayo se sitúa como el segundo más caliente tras 2016, de acuerdo con los datos de los Centros de Información Ambiental de Estados Unidos.
El reporte no es nada tranquilizador. La temperatura en mayo estuvo 0,95° Celsius encima del promedio del siglo 20.
El periodo marzo-mayo registró una temperatura global 1,06° C encima del promedio, el segundo más caliente tras 2016. Fue la segunda primavera más caliente en el hemisferio norte y el tercer otoño más cálido en el sur.
(2016 ha sido el año más caliente de los registros). 
Pero de enero a mayo no fue mejor. El promedio global estuvo 1,10° C encima del promedio del siglo pasado de 13,1° Celsius.
Fue el periodo más caliente para Sudamérica, Europa, Asia y la región del Golfo de México. 
En lo regional, Asia tuvo el mayo más caliente de la historia, fue el segundo en el Caribe y el quinto en África y el sexto en Sudamérica, mientras Europa vivió inesperadas y fuertes olas de calor.
La cobertura de hielo del Ártico estuvo 7 % debajo del promedio 1981-2010, la cuarta más reducida en 42 años de registros.

viernes, 12 de junio de 2020

Así de pequeño era el animal terrestre más antiguo

Rastros del animal más antiguo sobre la superficie terrestre. Foto British Geological Survey

El animal más antiguo conocido sobre la superficie terrestre no era muy extraño ni poseía una forma rara o llamativa. No. Era una especie de milpiés o milípedo encontrado en Escocia. Vivió hace 425 millones de años.
Vivió en el Silúrico y fue descubierto en la isla de Kerrera, Scottish Inner Hebrides. Debió habitar en un ambiente tipo lago y se alimentaba posiblemente de plantas descompuestas.
Esta especie de gusano fue llamado Kampecaris obanensis.
Kampecaris es la región donde se encontró y allá mismo se halló la que parece la planta más antigua con tallo, denominada Coosonia.
Los investigadores no creen que sea el habitante más antiguo de la superficie. Se estima que fue precedido por unos gusanos de tierra que vivieron probablemente hace 450 millones de años, explicó Michael Brookfield de la Universidad de Texas y la Universidad de Massachusetts en Boston, cabeza de la investigación. 
Pero K. obanensis es el el fósil más antiguo.
Mide 2,5 centímetros y su cuerpo es segmentado. Fue parte de un grupo extinguido y no es ancestro de los milpiés actuales.
El hallazgo fue publicado en el journal Historical Biology.

jueves, 11 de junio de 2020

Así van las vacunas contra el coronavirus

La carrera para hallar la vacuna involucra actores de decenas de países. Imagen J. Furman

La pregunta cuya respuesta esperamos todos: ¿cuándo habrá una vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2?
No se sabe, es claro, pero hay avances: hoy en el mundo se desarrollan al menos 135 posibles vacunas. Lograr una es proeza de varios años, pero dada la urgencia los científicos tratan que haya una el próximo año.
Pero ¿hay avances? Sí. El panorama es el siguiente:
125 candidatas en estudios preclínicos, todavía no se ensayan en humanos;
7 en fase I, examinando seguridad y dosis;
7 en fase II, ensayos de seguridad más amplios;
1 en  fase III, probando eficacia en gran escala. Es la más avanzada, de la firma AstraZenaca con la Universidad de Oxford.
En verdad ha sido una carrera acelerada: el trabajo comenzó en enero apenas se supo el avance del virus y en marzo comenzaron los primeros ensayos en humanos.
De todas las candidatas, seguro la inmensa mayoría fracasará porque no es un campo ni un tema sencillo.
En cada una de las etapas se prueba lo siguiente:
Pruebas preclínicas: se da la vacuna a animales como micos y ratones para ver si genera alguna respuesta inmune.
Fase 1: se le suministra a una cantidad pequeña de personas para examinar seguridad y dosis, y para confirmar si estimula el sistema inmunitario.
Fase II: se suministra a cientos de personas divididas en grupos desde niños a adultos para ver si actúa diferente en ellos. También se prueba la seguridad y la capacidad de generar respuesta.
Fase III: se da a miles de personas y se espera a ver cómo muchos se infectan, comprados con voluntarios que reciben placebo. Esta fase demuestra si la vacuna protege contra el coronavirus.
Aprobación: autoridades regulatorias revisan los resultados y deciden si se aprueba o no. En una pandemia una vacuna puede recibir autorización de uso en emergencia, antes de la aprobación formal.
Dada la urgencia, se pueden combinar fase. Hoy hay varias candidatas en fase I y II a la vez.
En Estados Unidos el gobierno seleccionó cinco candidatas para recibir recursos, dentero del programa Warp Speed.
La candidata de Oxford y AstraZenaca se basa en un adenovirus de chimpancé, ChAdOx1. Juntó fases II y III y se ensaya en individuos en Brasil e Inglaterra.
Otra que trabaja con adenovirus es la china CanSinoBIO, que tuvo buen resultado en fase 1.
Algunas se basan en los genes del coronavirus, son vacunas genéticas y entre estas se hallan:
La de la firma Moderna, que comenzará fase III en julio.
La de la alemana BioNTech con Pfizer y Fosunpharma. En mayor comenzaron pruebas en humanos.
La de la firma americana Inovio, que en mayo mostró que su candidata producía anticuerpos en mayo. Las pruebas de seguridad comenzaron en Estados Unidos y a finales de este mes comenzarán en Corea del Sur.

Es un resumen de algunas de las vacunas más avanzadas, aclarando que el que funcionen en las primeras fases no garantiza el éxito en las otras.

Nota: con base en datos de The New York Times.

miércoles, 10 de junio de 2020

En peligro 50 millones de años de evolución

El pangolín, una especie con una historia evolutiva particular, poco ha cambiado en el tiempo. Foto Wikipedia Commons

Desde hace más de 500 millones de años, la vida en la Tierra es evolución constante, que ha dado origen a la amplia diversidad de especies actuales. Pues podrían perderse 50 millones de años de historia evolutiva.
Sí, y no se trata de la pérdida de archivos o algo así. No. Al analizar los datos de riesgo de extinción de 25 000 especies, científicos calcularon la historia evolutiva que puede perderse si ellas desaparecen.
Es que de manera silenciosa, centenares de especies están desapareciendo para siempre de la faz del planeta. Hay unas regiones donde la presión sobre las diversas formas de vida es mayor, acelerando el proceso.
En el estudio publicado en Nature Communications los investigadores señalaron las prioridades para la conservación de especies según su diferenciación evolutiva.
"Son especies raras y maravillosas y no hay nada como ellas en la Tierra", dijo Rikki Gumbs, del Imperial College London, citado por la BBC.
Con el estudio encontraron que al menos 50 millones de herencia evolutiva están en riesgo por acciones humanas como el desarrollo urbano, la deforestación y la construcción de carreteras.
Hay muchos animales en riesgo, como el tapir y el pangolín, los cuales tienen linajes muy antiguos y poco han cambiado con el tiempo, y especies de reptiles como conocidas pero fascinantes, como el lagarto sin patas y la serpiente ciega.
Muchas cumplen una función vital en el ecosistema donde viven, por lo que su desaparición también los afectará: los tapires dispersan semillas en la Amazonia y los pangolines, que se alimentan de hormigas e insectos, ayudan al equilibrio de la cadena alimenticia.