jueves, 16 de julio de 2020

Sorprendentes fotografías del Sol

La animación muestra una secuencia de uno de los instrumentos midiendo el campo magnético cerca de la superficie. Foto ESA/Nasa

Aunque prácticamente todos los días vemos al Sol lo hacemos a 150 millones de kilómetros y no podemos mirarlo directamente. Pero eso lo suplió la sonda Solar Orbiter. La Nasa y la Agencia Espacial Europea (ESA) revelaron las primeras fotos directas del Sol tomadas por este orbitador a una distancia de poco más de 77 millones de kilómetros.
Y no, no es la nave que más se ha acercado a nuestra estrella. Sí es la única que le ha tomado fotografías de frente con equipo para ello.
La sonda fue lanzada el 9 de febrero pasado y las fotografías mostradas fueron tomadas en su primer paso  cercano por el Sol a mediados de junio.
El orbitador porta seis instrumentos de imágenes, cada uno de los cuales estudia un aspecto diferente de la estrella. No se espera conocer nada nuevo con ellos, pero uno, el Ultravioleta Extremo captó por primera vez en detalle los llamados 'campfires'.
"Los campfires de los que estamos hablando son como los pequeños sobrinos de las llamaradas solares, pero al menos un millón, o tal vez mil millones de veces más pequeños", explico David Bergmans, astrofísico del Royal Observatory en Bruselas, Bélgica, principal investigador de ese instrumento.
No está claro qué son, pero es posible que sean miniexplosiones conocidas como nanollamaradas, pequeñísimas chispas que la teoría sugiere pueden ayudar a calentar la atmósfera exterior o corona que es 300 veces más caliente que la superficie.

Las flechas muestran los campfires. Foto ESa/Nasa

miércoles, 15 de julio de 2020

Primera extinción de un pez en tiempos modernos

El pez rojo de manos era pequeño y vivía quieto en el fondo del mar. Foto U. of Tasmania-IMAS


Podría decir alguien que las olas del mar parecen llorar al tocar la playa. El océano está de luto. Por primera vez en los tiempos modernos se documentó la extinción de una especie de pez marino: el pez rojo de manos de los mares de Tasmania.
Eso afirma un artículo en Scientific American. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés) declaró oficialmente extinto al pez Sympterichthys unipennis, que había sido descubierto para la ciencia en 1817 por G. Cuvier en los alrededores de Port Arthur.
Hacía varios años había sido catalogado como en peligro crítico de extinción. Por eso en Australia surgió una inicativa de financiación para tratar de salvarlo.
Un informe del Institute for Marine & Antarctic Studies de la Universidad de Tasmania (IMAS), indicaba que desde 2007 no se veía ninguno.
Australian Geopgraphic reportó por su parte hace seis años que en los años 1980 se halló una pequeña población en las islas Actaeon, pero la población más grande había sido vista en arrecifes alrededor de Hobart, 10 individuos solamente. Desde 2005 no se veía en estas áreas.
En 2010 se vieron tres individuos en Primrose Sands según esta organización.
Era un pez con dos variedades, una con puntas rojizas y otra con el rojo predominante en el cuerpo. Se llama pez de manos porque sus aletas semejan ese extremidad y las usaba para moverse en el fondo, a profundidades entre 5 y 10 metros donde se le hallaba. Medía entre 6 y 13,5 centímetros.
Los peces de mano comprenden unas 14 especies. No tienen fase larval y poco se mueven en su edad adulta.
"Pasan la mayor parte del tiempo asentados en el fondo, con ocasionales aleteos para moverse si son molestados", dijo a Scientific American Graham Edgar, de la Universidad de Tasmania.
Esa situación los hace vulnerables a cambios ambientales,a polución y la pesca de arrastre, siendo presas fáciles de coleccionistas.
Las guías de las Listas Rojas (que emite la IUCN para las distintas especies) definen 'extinguido "cuando no hay duda razonable de que el último individuo ha muerto", aunque en realidad es difícil  establecer cuándo se extingue una especie.



martes, 14 de julio de 2020

Producir carne y leche está haciendo más daño al planeta

Distinta clases de ganado emiten nitrógeno que la Tierra no absorbe. Foto Wallpaper Flare


Producir leche y carne tiene sus costos para la Tierra.No solo en el deterioro del suelo y en las emisiones de metano, sino en otro problema: las emisiones de nitrógeno. Solo las emitidas por el ganado superan lo que el planeta puede tolerar.
Eso sugiere un estudio en Nature Food, de Aimable Uwizeye, de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Otra gran fuente de nitrógeno son los fertilizantes usados en la agricultura, que contaminan el agua y el aire, el cambio climático y el agotamiento de la capa de ozono.
En cuanto a la ganadería, los investigadores encontraron que el sector responde por 1/3 de todas las emisiones humanas del elemento, que son liberadas a través del uso de combustibles fósiles y otras actividades.
Determinaron que la cría de ganado responde por 65 teragramos de nitrógeno al año. Significa que la producción de leche y carne copa el límite inferior de la frontera planetaria de emisiones de nitrógeno, de 62 a 82 teragramos/año, Ese es el límite seguro más allá del cual la futura prosperidad de la humanidad está amenazada.
Aunque hay avances tecnológicos no son suficientes para contener emisiones tan elevadas. Para Wuizeye algunas regiones del mundo deberían consumir menos leche y carne.
Asia, según los investigadores, responde por 2/3 del total de emisiones de nitrógeno, en gran parte por el consumo en China. Además, se genera una enorme cantidad de estíercol que no es reciclado.
El estudio analizó 275 países y territorios.
El año pasado Naciones Unidas emitió una resolución llamando a reducir el impacto generado por el nitrógeno.

lunes, 13 de julio de 2020

¿Es más grave esta mutación del coronavirus?

Coronavirus coloreado (rosado) en una célula de paciente infectado. Foto NIH

Una 'nueva versión del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19, se ha venido imponiendo en muchos países. Una variedad que, aparentemente, entra con mayor facilidad a las células humanas.
Se trata de una mutación conocida como D64G que afecta la proteína espiga de la superficie del virus y que fue denominada variante G.
Antes de marzo 1, el 90 % de las muestras virales que se tomaban eran de una variante del virus que ahora los investigadores denominan D.
Aunque G se daba antes de esa fecha, ahora es la predominante en las personas contagiadas.
En un artículo aparecido en el journal Cell, los investigadores sugieren que es una mutación debida a selección natural. Las partículas virales con ella, indicaron, entran con mayor facilidad a las células, sugiriendo que supera ya a las demás cepas del virus.
Otros estudios no publicados parece que han hallado lo mismo, según un informe en Live Science.
Mas no todos los científicos están convencidos de que esa mutación tenga algún efecto en la transmisión del coronavirus y creen que la mayor dispersión de la variante G solo se debe al azar o la casualidad.
La G representaba el 67 % de las muestras globales tomadas en marzo, 78 % entre abril 1 y mayo 18, tiempo durante el cual el foco de la enfermedad pasó de China a Europa y Estados Unidos.
Para los autores del estudio en Cell, es interesante porque la variante G remplazó a la D incluso en zonas donde esta estaba inicialmente.
También encontraron en el estudio, realizado con cultivos de células, que la G tiene una carga viral 2,6 a 9,3 más grande que la D.
El que en cultivos sea más agresiva esta variante no significa que necesariamente lo sea en el mundo real.
La G, según otros estudios, es la que se impuso en Nueva York, donde hubo tan alto y rápido crecimiento de casos.
Esto se debería a la mayor carga viral que hace más fácil el contagio al emitirse más partículas virales al hablar y respirar.
Aunque los hallazgos de estas investigaciones deben ser corroborados, para las personas las recomendaciones deben seguir: distanciamiento físico, uso de mascarillas y lavado de manos cuando menos.
La mutación llegó para quedarse. Eso parece.

viernes, 10 de julio de 2020

Nuevo hallazgo: ojo con el coronavirus en espacios cerrados

Miles de gotas y aerosoles se expulsan en un estornudo. También al hablar, gritar o cantar. Foto CDC

Use mascarilla, una buena mascarilla cuando converse con otros, más si está en recinto cerrado. Por insistencia de 239 científicos de varios países, la Organización Mundial de la Salud aceptó que el coronavirus SARS-CoV-2 se esparce por el aire en pequeñísimas partículas, aerosoles, que pueden permanecer más de 8 minutos.
En diferentes países se ha comprobado que grandes grupos de personas se han contagiado al estar en espacio cerrado con alguien enfermo demostrando que el virus se esparce por el aire.
En algunos países, como en Estados Unidos, ha dejado de hacer énfasis en el lavado de las manos.
Cuando al hablar se emiten partículas, las más pesadas caen pronto al suelo, pero los aerosoles permanecen muchos minutos en el ambiente cerrado.
Los aerosoles serían responsables de la transmisión del virus a numerosas personas en restaurantes, clubes nocturnos, sitios de trabajo y lugares donde las personas están hablando, gritando o cantando.
Se considera que con aerosoles se contagiaron en un ensayo, en un caso muy sonado, 52 miembros de un coro en el estado de Washington, dos de los cuales murieron y en un espacio cerrado con recirculación del aire se contagiaron 1500 en Alemania.
Por eso aparte de usar mascarillas se recomienda a las personas permanecer, de ser posible, el menor tiempo en espacios cerrados.
Aunque se estima ahora que los aerosoles es un medio muy ´potente de transmisión del virus, nmo se sabe qué carga viral deben contener las partículas de saliva emitidas para que alguien se contagie.

Estudios
En un estudio publicado en mayo, autores reportaron que un minuto de hablar en voz alta se emiten más de 1000 aerosoles con el virus, que permanecían en el aire más de 8 minutos.
Otro estudio preprint encontró que personas infectadas con el SARS-CoV-2 exhalaban de 1000 a 100 000 copias por minuto de RNA viral, marcador de la presencia del patógeno (no necesariamente infeccioso).
Y un estudio en laboratorio sugiere que este coronavirus permanece más en el aire que otros: hasta 16 horas. (Al ser un estudio de laboratorio habría que verificar en un ambiente real, aunque en en medio real es difícil recolectar los aerosoles con el virus).
Pero hay otro dato de interés: un estudio en Washignton DC determinó que los aerosoles del SARS-CoV-2 perdían efectividad a los 6 minutos bajo condición de luz solar, pero en ambiente oscuro seguían activos 125 minutos después de ser emitidos.
Al aceptar la WHO que el virus se esparce por aerosoles, indica que hay que tener mucha precaución, más en recintos cerrados:
Use siempre mascarilla que cubra boca y nariz.
No permanezca mucho tiempo en esa clase de recintos, si le es posible.
No acepte conversar con personas sin mascarilla.
De todas maneras, mantenga una buena distancia física.

jueves, 9 de julio de 2020

Indígenas colombianos zenú estuvieron en Polinesia hace 800 años

Para unos investigadores también hay semejanzas en estatuas de Pascua y Sudamérica. Foto Wikipedia Commons

Mucho antes de que Colón llegara a América y luego españoles se adentraran por lo que ahora es Colombia, aborígenes que poblaban este territorio ya se habían 'internacionalizado'.
Un estudio aparecido en la revista Nature sugiere que el pueblo Zenú dejó genes en la Polinesia, no solo en la Isla de Pascua sino en otras más lejanas. Es decir, hubo una mezcla de razas.
Los científicos encontraron trazas de ancestría nativa americana  en los genomas de actuales habitantes de islas de la Polinesia, sugiriendo que esos dos pueblos se encontraron y mezclaron hace 1000 años. 
Para los investigadores fue más probable que esa mezcla sucediera en la Isla de Pascua, más cercana a las costas sudamericanas, pero los datos recogidos sugieren que también se dio en otras islas a miles de kilómetros de Sudamérica.
Muchas evidencias genéticas y arqueológicas indican que las islas de Polinesia fueron ocupadas por humanos que viajaron desde el este de Asia, pero también hay pistas de que tuvieron contacto con gentes sudamericanas.
Por ejemplo, un estudio de 2014 encontró que los ancestros de los habitantes modernos de Rapa Nui (Pascua) habían producido descendientes con nativos sudamericanos. Otro estudio no encontró esos rastros en fósiles humanos.
Ahora, un grupo liderado por el genetista de poblaciones Andrés Moreno Estrada del Laboratorio Nacional de Genómica en Irapuato, México, analizó el ADN de 166 personas que viven en Rapa Nui, y 188 de las remotas islas Palliser, Nuku Hivaen las Turquesas del Norte, Fatu Hiva en las del Sur y Mangareva.
La comparación del material genético con el de nativos americanos sugiere que los Zenú, un grupo que habita Colombia desde tiempos remotos, porta ADN muy similar al de los polinesios estudiados.
La mezcla entre los zenúes y los de la Polinesia lejana se presentó entre los años 1150 y 1230, mientras que con los de Rapa Nui se dio hacia los años 1380 de nuestra era.
También se mezclaron en los siglos 18 y 19.
 

La luz de la calle afecta la salud mental

La iluminación exterior influye en las personas. Foto Public Domain Photography

¿Vive en una zona con mucha luz nocturna en las calles? ¿Tiene hijos o familiares adolescentes? Bien, podría interesarle esta nota.
Una investigación demostró que los adolescentes que viven en zonas con mucha luz artificial tienden a dormir menos en la noche y también es más probable que tengan trastornos del estado anímico.
Los hallazgos fueron publicados en el Jama Psychiatry e ilustran la importancia de considerar varios factores ambientales y la exposición individual en la investigación sobre el sueño y la salud mental, de acuerdo con Diana Paksarian, investigadora.
Los ritmos diarios, incluidos los circadianos que actúan sobre los ciclos de vigilia-sueño son factores importantes para la salud mental y física. La presencia de luz artificial puede interrumpir esos ritmos alterando el ciclo luz-oscuridad que influye en procesos hormonales, celulares y otros más biológicos.
Ha sido más común que científicos investiguen la asociación entre luz artificial interior, los ritmos diarios y la salud mental, pero no se ha analizado mucho el impacto de la luz artificial exterior.
El estudio se basó en respuestas de jóvenes en un estudio nacional ne Estados Unidos de 2001 a 2004, que también incluída información acerca de las características del vecindario, la situación mental y los patrones de sueño en 10 123 adolescentes.
También usaron imágenes de satélite par calcular la cantidad de luz artificial en grupos de manzanas.
Además los adolescentes completaron un cuestionario para evaluar si cumplían criterios de varios trastornos mentales.
Los datos revelaron que a grandes niveles de luz artificial exterior los individuos tenían mayor probabilidad de tener un trastorno del estado anímico y ansiedad. Y era mucho más probable que cumplieran criterios de diagnóstico del trastorno bipolar o una fobia específica.
Pero se necesitarán otros estudios sobre las propiedades de la luz artificial, como brillo y composición espectral, para intervenciones enfocadas en esta clase de iluminación.