No, los árboles no son bobos. No se pueden ver más como esos organismos fijos, con funciones predeterminadas y nada más. Un estudio muestra una vez más la inexactitud de esa creencia. ¿Por qué?
Les cuento:
En los bosques en primavera, el tiempo exacto lo es todo. Muchos insectos, en especial las orugas, eclosionan justo cuando las hojas del árbol están jóvenes y tiernas y llenas de nutrientes. Este alineamiento perfecto les da acceso oportuno al alimento, permitiéndoles comenzar a alimentarse.
A veces la naturaleza les juega una pasada. Los robles se la traen y dan sorpresas.
Sigamos:
Estos árboles responden cuando las orugas se multiplican en exceso. Si un árbol sufre una infestación severa en un año, altera su ciclo vital para la primavera siguiente.
¿Qué hace? Pues retrasa la brotación de las hojas tres días. Aunque parezca poco, para las orugas ese pequeño retraso tiene consecuencias. Al eclosionar, las hojas de las que dependen aún estáns elladas dentro de lso brotes, dejándolas sin alimento.
¿Eso es todo? No. Veamos:
Ese simple ajuste es muy efectivo. Un retraso de justo unos pocos días reduce mucho la supervivencia de las orugas y corta el daño que producen en los brotes de los árboles en un 55 %.
Los hallazgos fueron publicados en Nature Ecology & Evolution.
Para el Doctor Soumen Mallick, postdoc en la Universidad de Würzburg y cabeza del estudio "La táctica del retraso es más efectiva para el roble que una defensa química, como los taninos amargos presentes en las hojas".
El Doctor Mallick agregó que "Este descubrimiento cambia radicalmente nuestra comprensión previa del inicio de la primavera en el bosque". Es que en lugar de solo responder a la temperatura y al clima, los árboles también pueden ajustar su ciclo vital en función de amenazas biológicas como las plagas de insectos.

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