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lunes, 7 de agosto de 2023

Detectan asteroide peligroso de 180 metros

El nuevo asteroide aparece marcado en este gráfico proporcionado por la Nasa. Es una amenaza, aunque por ahora no está en curso de colisión. 


Estaba escondido, pero un nuevo algoritmo permitió descubrir esta amenaza. Astrónomos detectaron un asteroide potencialmente peligroso, esos cuyas órbitas se acercan a nuestro planeta y de los cuales se han encontrado cerca de 2300.

Tiene buen tamaño, suficiente para hacer daño regional. Mide 180 metros y fue bautizado con el romántico nombre de 2022SF289.

Es una amenaza, pero en el futuro predecible no existe la posibilidad de que choque con nuestro planeta y genere destrucción y caos.

Su mayor acercamiento fue el 22 de septiembre pasado cuando pasó a 7.2 millones de kilómetros, de acuerdo con datos de la Nasa. Antes no se había logrado detectar pues su tránsito era ocultado por el resplandor y las estrellas de la Vía Láctea.

Esa vez se encontró gracias a un nuevo algoritmo que ensayaban los astrónomos, con el cual se podrán detectar otros que permanecen ocultos por los métodos tradicionales. La detección de asteroides potencialmente peligrosos es tarea de distintos observatorios y dispositivos, para alertar con anticipación sobre una posible colisión.

El algoritmo estará a disposición del observatorio Vera C. Rubin que se construye en Los Andes en Chile, que comenzará a funcionar en 2025.

Se cree que hay muchísimos más asteroides que permanecen ocultos y que andan cerca. Los más grandes sí han sido encontrados casi todos. Los que no se acercan al menos a 7.5 millones de kilómetros o miden menos de 140 metros no son considerados una amenaza. 

De los asteroides cercanos a la Tierra se conocen 853 de más de 1000 metros y 10 537 de más de 140 metros. Si se cuentan todos los tamaños se han encontrado 32 400.

Estamos rodeados por rocas.


viernes, 7 de abril de 2023

Hallan dos agujeros negros en el patio de la Tierra

Ubicación de los dos nuevos agujeros negros. Foto Gaia/ESA


La Tierra tiene nuevos vecinos, se desprende de datos analizados de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea. Sí, son los dos agujeros negros más cercanos a nosotros, a solo 1500 y 3800 años luz, nada en términos cósmicos. Están en nuestro patio prácticamente.

Uno se encuentra hacia la constelación Ofiuco, el otro en Centauro y se denominan Gaia BH1 y Gaia BH2. Fueron hallados al estudiar el movimiento de las estrellas que los acompañan, movimiento que sugiere que orbitan un objeto muy masivo. Ambos agujeros son unas 10 veces más masivos que nuestro Sol.

Muchos agujeros se descubren por la emisión de luz, por lo general en el espectro de los rayos X producidos por material que cae hacia ellos. Estos dos no. Son oscuros de verdad y se detectaron por sus efectos gravitacionales.

Los análisis indican que están más separados de sus estrellas compañeras que la mayoría de otros agujeros, los binarios de rayos X.

¿Cuál fue el aporte de Gaia? Este mide la posición y el movimiento de miles de millones de estrellas. El movimiento contra el cielo puede dar indicios de objetos que pueden tener una influencia gravitacional sobre ellas, objetos que pueden ser otras estrellas, planetas o agujeros negros, como en este caso.

Que los dos hallados sean en verdad negros significa que está cayendo muy poco material hacia ellos o que no son unos grandes devoradores, pero se carece de una explicación cierta. Significa además que están muy retirados de sus estrellas compañeras.

Gaia es un buen postre para los astrónomos. En 2025 el proyecto liberará los datos tomados durante 66 meses y contendrán mucha más información sobre las órbitas de las estrellas.

El hallazgo fue presentado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

jueves, 13 de febrero de 2020

Otra estrella se entrometió en nuestro Sistema Solar


Dibujo que ilustra el paso de la estrella Scholz. Imagen José Peña-Sinc

Hace 70 000 años cuando los humanos y homíninos apenas salían decididamente de África, hubo dos fenómenos, el uno geológico, el otro astronómico, que dejaron una huella descifrada por los científicos.
Se sabe que en esos años más o menos el supervolcán Toba erupcionó, arrojando unos 2800 kilómetros cúbicos de roca vaporizada y otros elementos al aire. La vida para aquellos primitivos se hizo difícil. Se cree que la población se redujo hasta tener solo unos 1000 adultos reproductivos.
En 2015, un estudio explicó en parte el otro fenómeno. En el cielo esos ancestros podían observar una estrella rojiza que se había acercado a solo un año luz del Sol (hoy la más cercana está a 4,2 años luz) y atravesó la nube de Oort, la más lejana región del sistema solar llena de asteroides helados y cometas de largo aliento que cada miles de años visitan los alrededores de nuestra estrella.
Antes los astrónomos creían que esa estrella errante, la estrella Scholz, había pasado tranquilamente por Oort sin haber causado mayores afectaciones a la cantidad de objetos que habitan esa lejana región.
En un estudio de este mes en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society: Letters, científicos analizaron la evolución orbital de 339 objetos conocidos allí con órbitas hiperbólicas que eventualmente los expulsarán de nuestro Sistema Solar. Al correr simulaciones hacia atrás, a unos 100 000 años, pudieron determinar de cuál punto del espacio parecían haber llegado.
Encontraron que cerca del 10 %, 36 objetos, se originaron hacia la constelación Géminis. Un lugar del cielo que parece ser exactamente el lugar de donde los astrónomos esperarían que esos objetos hubieran llegado si hubieran sido ‘empujados’ por la estrella Scholz durante su paso por nuestro sistema.
Además de determinar una interacción con la nube de Oort, el grupo precisó que ocho de esos objetos estudiados, incluido el asteroide-cometa Oumuamua que hace dos años pasó cerca del Sol, proveniente de otro sistema estelar, se desplazan tan rápido que probablemente se originaron fuera de nuestro sistema solar.
Dos de ellos, C/2012 SI (ISON) y C/2008 J4 (McNaught), tienen velocidades extremas de unos 14 500 kilómetros por hora, lo que indica que provienen de afuera y solo están de paso.
Una historia contada 70 000 años después.