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martes, 27 de octubre de 2020

Hay agua en lado soleado de la Luna

Composición que muestra el jet de Sofía y el cráter donde se halló el mineral. Foto Nasa/Daniel Rutter


Que hay agua en la Luna no es cuento nuevo. Se sabe hace unos años, así las muestras que trajeron los astronautas de las misiones Apolo fueran rocas secas.

Es que el agua está en los polos en lugares oscuros. Bueno, eso era lo que se tenía por cierto hasta hoy. Pero Sofía, un observatorio de la Nasa a bordo de un  jet 747 modificado que vuela a 45 000 pies, encontró señales de agua en la parte iluminada de nuestro satélite. Es más, la detectó en uno de los grandes cráteres que se ven desde la Tierra.

En ausencia de atmósfera gruesa, no debería haber agua en la Luna, pero la hay y de alguna parte aparece, en palabras de Casey Honniball, investigador de postdoctorado en el Centro Ames de la Nasa.

El Stratospheric Observatory for Infrarred Astronomy (Sofia) detectó la presencia del líquido en el cráter Clavius, del hemisferio sur selenita.

Está en una concentración de 100 a 142 partes por millón -equivalente a una botella con agua de 12 onzas- atrapasa en un metro cúbico de suelo sobre la superficie lunar. En comparación en el desierto del Sahara hay 100 veces más agua que la detectada por Sofía, pero este hallazgo plantea serias inquietudes científicas sobre cómo se crea y cómo está todavía allí.

Diferentes misiones como las naves Cassini (en paso hacia Saturno) y la Deep Space sugirieron la presencia de agua, así como la india Chandrayaan-1 y en tierra el Infrared Telescope Facility, pero con los datos de ninguna de ellas se pudo dar por cierto, hasta ahora.

En los polos se sabía de la presencia en cráteres con sombra permanente según mostró el Lunar Crater Observation and Sensing Satellite.

Aunque Sofía está destinada a mirar el espacio lejano, pero para comprobar si podía rastrear la Luna dirigieron su mirada allí en agosto de 2018.

Este observatorio viaja a bordo de un jet 747SP con un telescopio de 106 pulgadas de diámetro, escapando con esa altura al 99 % del vapor de agua de la atmósfera terrestre para tener una visión más nítida del universo en infrarrojo.

En próxima ocasión se enfocará en otras zonas de la superficie lunar y en distintas fases lunares para saber más de cómo se produce esa agua, se almacena y mueve por la Luna.

Esta misión es una asociación entre Nasa y el German Aerospace Center.

El sorprendente hallazgo fue publicado en Nature Astronomy.

miércoles, 24 de abril de 2019

Detectan la primera molécula del universo




Luego de mucho buscarla durante décadas, científicos detectaron en el espacio la primera molécula que se formó en el universo y lo publicaron en Nature.
Se trata de hidruro de helio o HeH+, que se formó justo después del Big Bang hace unos 14.000 millones de años.
La huella de esa molécula fue observada en nuestra Vía Láctea gracias al observatorio aéreo Sofía, de la Nasa, cuando el avión volaba alto sobre la superficie terrestre y dirigía su mirada al espacio profundo.
En la primera fase del universo solo unos pocos tipos de átomos existían, casi todo era helio e hidrógeno. Los científicos consideran que unos 100.000 años luego del Big Bang esos dos elementos se combinaron para formar una molécula por primera vez. De modo que el hidruro de helio fue la primera molécula de acuerdo con los estudios, pero hasta el momento había un problema: nunca se había logrado detectar.
“La falta de evidencias sobre la existencia del hidruro de helio en el espacio interestelar fue un dilema astronómico durante décadas”, explicó Rolf Guesten, del Max Planck Institute for Radio Astronomy en Bonn, Alemania, director del estudio.
La molécula fue detectada por Sofía en una nebulosa planetaria, un remanente de lo que fue alguna vez una estrella como el Sol, a unos 3.000 años luz hacia la constelación del Cisne. La nebulosa, NGC 7027, tiene las condiciones para que la misteriosa molécula se forme.
Harold Yorke, director del Centro de Ciencias de Sofía en California, comentó en una declaración que “la molécula estaba escondida justo afuera, pero necesitábamos el instrumento adecuado para hacer las observaciones en la posición correcta y Sofía fue capaz de hacerlo”.
El hidruro de helio es problemático, porque el mismo helio es un gas noble, haciendo que sea improbable una combinación con cualquier otro átomo. Pero en 1925 fue creada esa molécula en laboratorio.
A finales de los años 70 cuando se estudiaba aquella nebulosa, se pensó que era indicada para que allí se formara la molécula. Hasta ahora nunca pudieron detectarla, en buena parte por la falta de la tecnología adecuada para ello.
Fue posible con Sofía, un avión observatorio que vuela a 13.700 metros de altura y cuyos telescopios pueden ser mejorados con frecuencia, lo que no se puede con otros de gran calado que requieren mucho tiempo y dinero para las adaptaciones.