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lunes, 24 de agosto de 2026

4 minutos de salud para los adultos mayores

 

Con las series cortas de ejercicio diseñadas para el estudio, los adultos mayores ganaron en movilidad, equilibrio y estabilidad. Foto Freerange


Para los adultos mayores, mantener la fuerza puede marcar la diferencia entre desenvolverse con confianza en la vida diaria y enfrentarse a un riesgo creciente de caídas, discapacidad y pérdida de independencia. Sin embargo, la cantidad de ejercicio necesaria para preservar esa libertad puede ser mucho menor de lo que muchos creen.

Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de Penn State descubrió que tan solo cuatro minutos de entrenamiento de fuerza al día mejoraron varios indicadores importantes de la función física en adultos de 65 años o más. Los resultados, publicados en PLOS One, mostraron mejoras significativas en 12 semanas en capacidades relacionadas con el riesgo de caídas, la longevidad, la vida independiente y las futuras necesidades de cuidados.

Muchos adultos mayores permanecen inactivos porque creen que para obtener beneficios significativos se requieren rutinas de entrenamiento de resistencia más largas, pero el autor principal, Christopher Sciamanna, profesor de medicina y salud pública en la Facultad de Medicina de Penn State, afirma que esto no es cierto. Explica que un entrenamiento de cuatro minutos puede mejorar varios indicadores importantes de movilidad.

“El cuerpo humano está diseñado para mejorar muy rápidamente”, afirma Sciamanna. “Y tan solo unas pocas repeticiones de un ejercicio realizado con regularidad pueden generar grandes mejoras. El ejercicio se trata de planificar a futuro: piensa en lo que quieres poder hacer y entrena para lograrlo”.

El entrenamiento de resistencia puede producir importantes aumentos de fuerza en tan solo unos meses, pero menos de uno de cada cinco adultos mayores cumple con los dos días semanales recomendados de actividad de fortalecimiento muscular. La duración de la rutina, el dolor y otras limitaciones se encuentran entre los obstáculos.

En el estudio actual, investigadores de Penn State evaluaron un programa llamado FAST 2 para determinar si mejoraba la movilidad y la capacidad física en adultos mayores de 65 años. El estudio incluyó a 97 participantes con una edad promedio de 74 años, quienes fueron asignados aleatoriamente al programa de ejercicios o a un grupo de control sin intervención. Antes de comenzar el estudio, los participantes informaron realizar un promedio de aproximadamente 18 minutos de ejercicio total por semana, muy por debajo de la cantidad recomendada de al menos 150 minutos de ejercicio moderado o 75 minutos de ejercicio vigoroso para adultos, explicó Sciamanna.

El programa FAST 2 incluía cuatro movimientos: flexiones, levantarse de la silla, remo con dos brazos y subir escaleras. Los participantes realizaron cada ejercicio durante 30 segundos, seguidos de 30 segundos de descanso. Se les proporcionaron cuatro bandas elásticas de resistencia y un escalón con altura ajustable. También se proporcionaron instrucciones escritas y modificaciones de los ejercicios, incluyendo opciones como hacer flexiones con las manos apoyadas en una encimera o pared, o realizar sentadillas con las manos en las rodillas.

A medida que los participantes ganaban fuerza, se les animaba a aumentar la dificultad. Esto podía implicar pasar de una versión modificada de un ejercicio a la versión original, o elevar la altura del escalón. Para hacer un seguimiento del progreso, los investigadores midieron la facilidad y rapidez con la que los participantes podían ponerse de pie, así como el tiempo que podían mantenerse de pie sobre una pierna, al inicio, a la mitad y al final del estudio.

Las pruebas reflejan movimientos utilizados en la vida diaria, lo que las hace útiles para estimar riesgos futuros y la posible necesidad de atención médica, según los investigadores.

Los autores descubrieron que la rutina, que incluía solo 60 segundos de entrenamiento de resistencia para la parte inferior del cuerpo, produjo mejoras significativas en el rendimiento funcional. Los participantes completaron 4,2 repeticiones más en una sentadilla de 30 segundos, aumentaron el tiempo de equilibrio sobre una pierna en 3,6 segundos y redujeron el tiempo de sentarse y levantarse en 2,3 segundos. Sciamanna explicó que estos cambios indican una mejor condición física para actividades cotidianas como levantarse de una silla, subir escaleras y caminar.

“Estos indicadores predicen su capacidad futura para ingresar en una residencia de ancianos, su probabilidad futura de caídas y de desarrollar dificultades para caminar”, dijo Sciamanna. “Le dan una idea de si podrá o no mantenerse activo en el futuro”.

jueves, 7 de mayo de 2026

Solo 10 minutos para ser más flexibles y ágiles

Diagramas de los ejercicios, con los puntos de presión de los dedos de la mano sobre el abdomen y la postura de los dedos del pie en otra fase. Imagen Atomi et al/Plos One


Equilibrio, flexibilidad y agilidad. ¿Quién no quisiera tenerlos? Puers investigadores encotnraron una forma sencilla que alcanzarlos o reafirmarlos. Sí, eso sugiere un estudio publicado en Plos One, que además encontró que no requiere mucho tiempo al día.

Vamos por partes:

Una buena postura y equilibrio dependen de que la cabeza, el pecho y las caderas estén correctamente alineados. La otra mitad del cuerpo, incluidas las piernas, también juegan un papel fundamental para mantener esta alineación al estar de pie o movernos.

Entonces investigadores de la Universidad de Agricultura y Tecnología de Tokio quisieron diseñar una serie de ejercicios que entrenaran el tronco y las piernas para que trabajaran de modo conjunto, lo que puede ayudar a moverse mejor y mantener el equilibrio.

Así, una rutina sencilla de 10 minutos, de baja intensidad, realizada por completo tumbado boca arriba, que incluye una suave activación abdominal, pequeñas extensiones de cadera y pelvis, y estiramientos controlados de piernas y tobillos, mostró resultados prometedores.

¿Qué se logró? 

Los participantes continuaron con estos sencillos ejercicios una vez al día durante dos semanas y notaron una mayor estabilidad al estar de pie, en especial con los pies juntos, y pudieron moverse de lado (lateral) con mayor rapidez.No se observaron cambios significativos en la fuerza muscular ni en la potencia explosiva, pero la rutina pareció ayudar al sistema nervioso a mejorar la coordinación entre el tronco y las piernas.

Miremos que el centro de gravedad del cuerpo humano no se encuentra en su centro, sino relativamente alto, alrededor del tórax, sobre una estrecha base de apoyo formada por los pies. Esta estructura así genera inestabilidad. Por ende, cuando el tronco y las piernas no se coordinan de manera adecuada para mantener el cuerpo alineado, pueden surgir problemas como el dolor de espalda o lesiones articulares.

Los investigadores hicieron dos pruebas. La rutina de ejercicios en ambas, con grupos distintos de personas, consistió en contraer los músculos abdominales durante cinco segundos mientras se presionaban las yemas de los dedos en diferentes puntos del abdomen. A continuación, se realizó un movimiento de cadera en el que la pelvis se inclinó y se elevó ligeramente del suelo durante cinco segundos para formar un pequeño puente. El tercer ejercicio consistió en deslizar los talones por el suelo para estirar la pierna manteniendo el tobillo flexionado, seguido de movimientos de los dedos del pie siguiendo un patrón de piedra, papel o tijera.

Los ejercicios permitieron reportar una reducción en los indicadores de inestabilidad corporal. También mejoraron la estabilidad de las personas al estar de pie con los pies juntos.En la prueba de pasos laterales para evaluar la agilidad lateral, los participantes del grupo de ejercicio mostraron un aumento significativo en el número de pasos que podían realizar en comparación con el grupo de control. 

sábado, 1 de noviembre de 2025

Las encías pueden dañar el cerebro


La salud de la boca, no solo de los dientes sino de las encías, parece importante para mantener en mejr estado la materia gris del cerebro. Foto Public Domain


No pareciera que tuviesen alguna relación, pero sí. Las encías y el cerebro están asociados y si a aquellas les va mal, al cerebro también. Resumamos: las personas que tienen mala salud de sus encías podrían hacer que la materia gris del cerebro sufra lesiones y esta es muy importante en diversos frentes.

Es que un estudio en Neurology mostró que quienes sufren enfermedades de la encía es más probable que muestren signos de lesiones en la materia blanca. Son unos signos conocidos como hiperintensidades de materia blanca, pequeños puntos brillantes en las imágenes cerebrales y se piensan que reflejan áreas de daño en el tejido.

Aclaro que el estudio mostró una asociación entre enfermedad periodontal y aquellos cambios en el cerebro, pero no prueba que una causa la otra y se requerirán más estudios para conocer mejor cómo es esa asociación y en qué afecta.

La matera gris son manojos de fibras nerviosas que permiten que se comuniquen diferentes partes del cerebro. Cuando este tejido está lesionado, puede interferir con la memoria, el razonamiento, el equilibrio y la coordinación, y se ha vinculado con un mayor riesgo de derrame.

Las hiperintensidades aumentan con frecuencia con la edad y se consideran un marcador de lesión cerebral. Se cree que la inflamación crónica en la boca podría influenciar potencialmente la salud de los vasos sanguíneos en el cerebro, aunque se necesitan más estudios para aclararlo.

Souvik Sen, autor, de la University of South Carolina en Columbia dijo que "Este estudio muestra un vínculo entre la enfermedad periodontal y las hiperintensidades en la materia blanca, sugiriendo que la salud oral puede jugar un papel en la salud cerebral que apenas estamos comenzando a entender".  Pero, agregó, "Mientras más estudios se necesitan para entender esa relación, estos hallazgos se suman a la creciente evidencia de que mantener la boca saludable puede respaldar un cerebro sano".

viernes, 5 de julio de 2019

No les tema a los callos: caminar descalzos trae beneficios


Verano… calor, ¿y quién no se ha refrescado caminando descalzo, sea en la casa o en el prado?
Claro, siempre con temor a que se formen callos, ¿pero es malo?

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Andar descalzos genera callos, un peoceso evolutivo benéfico. Foto Wikipedia

Un estudio publicado en Nature sugiere que esos callos –el engrosamiento de la piel que se presenta cuando se camina descalzo- ha surgido en la evolución como medio para proteger los pies y hacer que se camina con mayor comodidad de una manera que no se logra con zapatos.
De eso dan muestra los campesinos de edad en diferentes regiones, que nunca usan zapatos y caminan por toda clase de suelos.
Y otro ejemplo lo tenemos en nuestros ancestros: el primer zapato de que se tiene conocimiento data de hace solo 8000 años (la especie humana surgió hace 200 000 a 300 000 años) de modo que casi siempre nuestros antepasados caminaron sin cubrir sus pies.
Sin embargo existe alguna evidencia indirecta del uso de sandalias y mocasines unas decenas de miles de años antes de eso.
Los zapatos abollonados y cubiertos son más recientes: de hace solo 300 años más o menos.
A diferencia de los zapatos, sugiere el artículo, los callos brindan protección sin comprometer la sensibilidad ni el modo de caminar.
En contraste, los zapatos reducen la sensibilidad del pie y alteran la forma como las fuerzas de impacto se transfieren del pie a las coyunturas arriba en la pierna.
Pero hay algo más: que hayamos evolucionado para caminar descalzos y que andar así es distinto a hacerlo con zapatos, puede significar que andar a pie limpio ofrece algunos beneficios a la salud en el largo plazo, dijeron los investigadores.
“Los beneficios sensoriales de andar descalzo puede tener implicaciones en la salud, pero se necesita estudiarlas”, de acuerdo con Daniel Lieberman, profesor de biología evolutiva humana en Harvard University, coautor del estudio.
En la investigación se analizaron callos en los pies en más de 100 adultos, la mayoría de Kenya. Cerca de la mitad caminaba descalza la mayor parte del tiempo y el resto usaba zapatos por lo general.
Entre quienes andaban a pie limpio, los callos no restringían la sensibilidad táctil o la capacidad del pie de sentir la sensación del suelo al caminar. Los zapatos, con suelas abollonadas, claramente silencian esa sensación.
Sin embargo, los callos gruesos no actúan solo como los amortiguadores de los zapatos, sino que pueden proteger contra el calor u objetos filudos, entregando confort y seguridad.
Además la sensación de sentir la tierra puede ayudar a quienes andan descalzos a mantener el equilibrio, fortalecer los músculos y crear conexiones neuronales fuertes entre el pie y el cerebro.
Por eso, Thomas Milani, coauthor, de Technische Universität Chemnitz en Alemania, “sugerimos a los niños caminar descalzos en la hierba húmeda con el propósito de estimular los aferentes (nervios que llegan al cerebro) por razones de desarrollo”.
Nota: con información de Live Science

El Tiranosaurio rex no era nada frío