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miércoles, 3 de junio de 2026

El problema no son las papas

Las papas fritas son la forma más nociva de preparar papas al aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo2. Foto Wikipedia


Consumir con frecuencia papas fritas puede desencadenar en diabetes. Eso encontró un amplio estudio publicado en BMJ. Pero el problema no son las papas.

Es que la investigación encontró que consumir papas hervidas, asadas o en puré no generan ningún aumento en el riesgo de desarrollar esa condición.

Las papas aportan nutrientes, desde fibra a vitamina C y magnesio, pero también son ricas en almidón y su índice glucémico es relativamente alto y esto significa que pueden provocar un aumento rápido de los niveles de azúcar en lasangre. Por ello, estudios previos las han relacionado con mayor riesgo de diabetes tipo 2.

Pero, dijeron los investigadores, se pasan por alto dos factores importantes. En primer lugar, las papas se pueden preparar de formas diversas. Seguindo, sus efectos en la salud pueden depender de los alimentos que se consuman en su lugar.

Por eso la intención del nuevo estudio: conocer las implicaciones de las papas en la salud. El estudio recogió datos de más de 205 000 profesionales de la salud, que participaron ent res prolongadas investigaciones entre 1984 y 2021.

Al comienzo del estudio, no tenían diabetes. Durante los casi 40 años de seguimiento, 22 299 desarrollaron esa diabetes. Tras considerar hábitos de estilo de vida y factores de dieta que podían influir el riesgo de diabetes, se encontró que comer tres veces a la semana papas -una situación común en muchas personas- se asociaba con 5 % de mayor riesgo de diabetes tipo 2.

Pero sin embargo la asociación más fuerte incluyó las papas fritas. Tres veces a la semana se asociaban con 20 % de más riesgo. Pero comerlas en otras formas (hervidas, asadas o en puré) no aumentaba el riesgo.

También miraron los investigadores qué pasaba cuando se remplazaban las papas con otros alimentos. Remplazar esas tres veces semanales de papa por granos integrados disminuía el riesgo en 8 %. Remplazarlas asadas, en puré o hervidas redujo el riesgo fue 4 % menor. Pero remplazar las papas fritas por esos grans redujo el riesgo 19 %.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Esta dieta parece mejor que la mediterránea

La dieta vegana, incluso con productos vegetales poco recomendados en la guía sobre alimentación con plantas, permitió bajar más de peso. Foto rawpixel


Personas que siguen una dieta vegana y que en ella consumen productos considerados como poco saludables según el índice de dietas basadas en plantas, pierden más peso que quienes siguen la recomendada dieta mediterránea.

Eso sugiere un análisis del Comité de Médicos por una Medicina Responsable, publicado en Frontiers in Nutrition.

Esta pérdida de peso se relacionó con varios factores, como: evitar los productos animales; consumir alimentos como las papas y los cereales refinados, que se clasifican como poco saludables; y limitar los aceites añadidos y los frutos secos, que aquel índice califica como saludables.

La doctora Hana Kahleova, directora de investigación de ese Comité y autora principal del estudio, expresó que "Nuestra investigación demuestra que incluso cuando una dieta vegana baja en grasas incluye los llamados alimentos vegetales poco saludables, según la definición del índice de dietas basadas en plantas, como los cereales refinados y las papas, es mejor que la dieta mediterránea para perder peso, ya que evita los productos animales y los aceites añadidos".

El análisis se basa en un estudio previo del Comité que comparó directamente una dieta vegana baja en grasas con una dieta mediterránea. En dicho ensayo, 62 adultos con sobrepeso fueron asignados aleatoriamente a uno de los dos patrones durante 16 semanas. El plan vegano incluía frutas, verduras, cereales y legumbres, mientras que el plan mediterráneo incluía frutas, verduras, legumbres, pescado, lácteos bajos en grasa y aceite de oliva virgen extra. No se impusieron restricciones calóricas a ninguno de los grupos.

Luego de las 16 semanas, las personas volvieron a sus dietas habituales durante cuatro semanas y luego cambiaron al plan contrario de 16 semanas. Los resultados del estudio original mostraron que la dieta vegana condujo a una mayor pérdida de peso y a mejoras en la composición corporal, la sensibilidad a la insulina y los niveles de colesterol.

lunes, 18 de agosto de 2025

Papas a la francesa, ¿diabetes segura?

Las papas a la francesa, un pecado gastronómico que puede ser contraproducente bajo ciertas circunstancias. Foto Wikipedia Commons


Son una delicia, peor una delicia peligrosa. Es que comer tres veces papas a la francesa aumenta en 20 % el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Eso concluye un estudio publicado en The BMJ.

Mejor comer las papas preparadas de otra manera. Si se come la misma cantidad pero de papas hervidas, horneadas o en puré no aumenta de manera sustancial el riesgo, de acuerdo con el estudio.

Si se remplaza cualquier forma de preparación de las papas por granos integrales, el riesgo de desarrollar esa diabetes, pero cambiarlos por arroz blando se asoció con un mayor riesgo.

Las papas contienen varios nutrientes, incluidas fibra, vitamina C y magnesio, pero también tienen elevado contenido de almidón y, por tanto, un índice glicémico alto, por lo que se han relacionado con un mayor riesgo de la diabetes 2.

La investigación consideró una base de 205 000 profesionales de la saluden tres grandes estudios estadounidenses. No tenían diabetes, enfermedades cardiacas ni cáncer y cada cuatro años completaron cuestionarios alimentarios detallados.

Durante casi 40 años, de 1984 a 2021, 22 229 desarrollaron diabetes tipo 2. Los análisis mostraron que por cada tres raciones semanales de papas, la tasa de diabetes aumentaba 5 %, y por cada tres raciones semanales de papas a la francesa la tasa amentaba 20 %. Las otras formas de cocinar las papas no incrementó el riesgo.

Los investigadores encontraron que remplazar tres porciones semanales de papas enteras por cereales integrales redujo la tasa de diabetes tipo 2 en un 8 %. Sustituir papas al horno, hervidas o en puré por esos cereales redujo la tasa en un 4 %, y remplazar las papas fritas la disminuyó 19 %.

Pero remplazar las papas hervidas, al horno o en puré por arroz blanco, aumentaba el riesgo de desarrollar esa condición de salud.

domingo, 16 de febrero de 2025

Primer caso de aves agregándole sabor a su alimento

Una cacatúa remoja en yogur saborizado el alimento. Foto Current Biology


Ni bobas que fueran: si les dan la oportunidad, mezclan su comida con otro producto que les gusta más y no con opciones poco atractivas. Es que investigadores de la University of Veterinary Medicine en Viena mostraron que las cacatúas (Cacatua goffiana) le dan sabor a su alimento sumergiéndolo en yogur con sabor, en vez de untarla con otro sin sabor o en agua.

Sumergir comida en animales no humanos se considera una innovación en busca de alimento. Se asocia típicamnete con reblandecerla comida seca, limpiarla, dar sabor, ahogar presas o transportar líquidos.

Se han reportado casos de unas pocas especies que sumergen su comida, pero que le den sabor no es común.

El estudio, publicado en Current Biology, comenzó cuando observaron dos cacatúas sumergiendo pedazos de papa cocinada en yogur de soya con sabor de arándano.

Entonces comenzaron pruebas de14 a 30 minutos en el desayuno. A 18 cacatúas se les dio acceso a un recipiente con papas o fideos con tres medios para remojar: agua, yogur de soya con sabor y yogur de soya neutral. 

Nueve de las 18 cacatúas remojaron la comida, prefiriendo los fideos. Los análisis mostraron que remojaban la comida dos veces más en el yogur saborizado que en el otro. Ninguna remojó en agua. Y algunas comieron de una vez el yogur con sabor.

Los científicos se aseguraron de que la remojada no se debiera a otras razones. La comida en el yogur con sabor se la comían, mostrando que la preferían así.


jueves, 1 de abril de 2021

Sí, es cierto: así se reduce la mortalidad

Consumir varias porciones de furtas y vegetales puede prolongar la vida. Foto Pixabay


El sermón de abuelas, madres, médicos y nutricionistas es constante: como frutas y vegetales. La mayoría no hace caso y la ingestión de estos productos es en general baja.

Cómalos que son buenos para la salud, insisten. Pero ¿si los como, cuál es su incidencia en tener a largo plazo una salud mejor=?

Pues eso lo acaba de resolver un grupo de investigadores liderado por Dong D. Wang, del Brigham and Women's Hospital y Harvard Medical School. Y el resultado es muy diciente.

En su estudio examinaron la relación entre consumo de frutas y verduras y mortalidad. Reunieron datos de un estudio con más de 66 000 mujeres de 1984 a 2014 y otro de 42 000 hombres de 1986-2014. Incluyeron participantes que no tenían diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncer cuando comenzaron esas investigaciones. Todos debían responder preguntas sobre sus dietas cada 2 a 4 años.

Además, adelantaron un meta análisis de otros 24 estudios. Y las conclusiones, presentadas en el journal Circulation el 1 de marzo pasado, dicen:

La mortalidad se redujo a mayor consumo de frutas y vegetales. Comer un promedio de cinco a seis porciones por día se asoció con un riesgo 13 % menor de morir que comienzo solo dos porciones. Más allá de las cinco porciones no había una reducción significativa del riesgo.

El consumo de frutas y el consumo de vegetales (verduras-legumbres) mostraron una relación similar con la mortalidad. El menor riesgo se tenía con el consumo de dos porciones diarias de fruta y tres de vegetales.

El meta análisis, que cobijó una población de más de 1,8 millones de personas, mostró similar comportamiento.

Al analizar las causas de muerte, encontraron que comer más frutas y vegetales se asociaba con una menor mortalidad por enfermedades del corazón y respiratorias. Ingerir más frutas, pero no vegetales, se asociaba con mayor reducción de mortalidad por cáncer. En contraste, la mortalidad por enfermedades neurodegenerativas no estaba asociada con el consumo n de frutas ni de vegetales.

También se precisaron algunas excepciones:

El consumo de vegetales con almidón como maíz y alverjas no estaba relacionado con menor mortalidad, tampoco el consumo de papas o jugos.

Vale anotar que el estudio fue observacional, no controló la dieta de las personas.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Este joven solo comía comida chatarra y... quedó ciego


Este adolescente no comía sino papas fritas, chips y todo lo que se denomina comida chatarra. Era su dieta.

Papas fritas eran la base de la alimentación. Foto Pexels

Tenía anemia, bajos niveles de vitamina B12, entre otros padecimientos.
Pero el más severo fue este: su dieta pobre en nutrientes… lo volvió ciego.
El caso fue presentado esta semana en el journal Annals of Internal Medicine.
Los problemas comenzaron cuando tenía 14 años y debió acudir al médico, donde le detectaron la anemia y las deficiencias. Se sentía muy cansado.
A la edad de 15 había perdido parte del oído y tenía problemas de visión y no se sabía por qué si los exámenes con MRI mostraban un ojo normal.
En los dos años siguientes su visión empeoró. A los 17 era de 20/200 en ambos ojos, lo que legalmente, hay que decirlo, se denomina ceguera.
Más exámenes detectaron daños en el nervio óptico, el manojo de fibras nerciosas que conectan el ojo con el cerebro, Todavía tenía niveles bajos de la B12, junto a reducidos niveles de cobre, selenio y vitamina D.
Esto hizo que se le preguntara qué era lo que comía. Pues desde la escuela elemental no comía sino papas fritas, chips, pan, jamón procesado y salsas.
El joven fue diagnosticado con neuropatía nutricional óptica, o daño del nervio óptico que se deriva de las deficiencias nutricionales, una condición que puede ser provocada por drogas, mala absorción de alimentos, dieta pobre o abuso de alcohol.
La falta de vitamina B12, por ejemplo afecta las células nerviosas.
La pérdida de visión por la dieta es reversible si se detecta pronto. En el caso de este joven no había nada qué hacer: quedó ciego. No le sirven ni los lentes.
Aparte de suplementos nutricionales que le prescribieron, fue referido a los servicios de salud mental por el trastorno en su dieta: padecía el trastorno por evitación/restriccción de la ingesta de alimentos, una condición que supone falta de interés en alimentos con ciertas texturas y colores y que no se nota siempre en el cuerpo, pues la persona puede tener índice de masa corporal normal como sucedía en este caso.
Un final lamentable.