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martes, 20 de mayo de 2025

Increíble: detectan micos secuestradores

Joker, el capuchino que comenzó el secuestro de aulladores, lleva uno a su espalda. Un caso no visto antes. Foto Brenda Barrett/Max Planck Institute of Animal Behavior


Cosas se ven en este mundo y ahora se conoció un caso bien particular: el de monos capuchinos... secuestrando infantiles monos aulladores, situación documentada en la isla Jicarón del Parque Nacional Coiba en Panamá. 

Allí, desde 2017, científicos monitorean los capuchinos porque tienen una conducta muy especial: usan herramientas, piedras para abrir su alimento. En 2022, la investigadora Zoë Goldsborough miraba imágenes de las cámaras trampa y se llevó una gran sorpresa: un macho capuchino llevaba a sus espaldas a un pequeño aullador, un comportamiento no visto antes.

Se dieron a la tarea de ver si se repetía esa acción y encontraron que el mismo macho, al que denominaron Joker, llevaba cuatro distintos aulladores en diferentes momentos. No podía ser un caso de adopción, que en ocasiones ocurre en el mundo de los animales no humano, porque es algo que casi siempre realizan las hembras.

Durante meses se hizo seguimiento y vaya sorpresa: otros machos copiaron a Joker y también comenzaron a levarse aulladores hasta por un periodo de nueve días.

Brendan Barrett, otra investigadora, expresó que "La línea de tiempo completa nos dice una historia fascinante de un individuo que comenzó un comportamiento al azar, que con gran velocidad fue tomado por otros machos jóvenes". Una tradición social se denomina -cuando una conducta se disemina en una población mediante aprendizaje social.

La historia no tiene un final feliz. Los científicos sospechan que ninguno de los pequeños secuestrados sobrevivió, porque aunque los capuchinos no les hicieron daño, no podían proveerles la leche que necesitaban.

No se sabe a qué se debe el novedoso comportamiento porque no representa beneficio alguno para los capuchinos "Aunque tampoco vemos costos claros, aunque podría hacer más difícil el uso de herramientas", dijeron.

Pero hay algo más extraño: los capuchinos de cara blanca de Jicarón usan piedras para partir frutas y conchas de animales marinos y solo los machos lo hacen una tradición que como la del secuestro de aulladores se dio por aprendizaje social y que podría tener el mismo origen: aburrimiento.

El seguimiento continúa, más cuando se sabe que los aulladores son una especie amenazada y la acción de los capuchinos podría aumentar la presión sobre su supervivencia.

El grupo de estudio está comformado por científicos del Max Planck Institute of Animal Behavior en Alemanai, el Smisthsonian Tropical Research Institute y la Universidad del Rosario de Colombia.

La investigación se publicó en Current Biology.

viernes, 17 de mayo de 2024

Este mico no se vara para buscar comida

Un capuchino con un palo escarba en busca de insectos que le sirven de alimento. Imagen en Scientific Reports


La supremacía de los humanos es con frecuencia rebatida por hallazgos en animales no humanos, que muestran capacidades o habilidades que se pensaban exclusivas del Homo sapiens.

Hoy se sabe que tienen emociones, juegan, sienten dolor, expresan vergüenza y venganza, además de que se las ingenian para obtener sus alimentos.

Se sabe que los chimpancés utilizan palos para extraer alimento del suelo, tales como raíces o bulbos y ahora científicos  durante más de 20 meses de observación han mostrado que los monos capuchinos también emplean herramientas para proveerse comida, desde piedras para quebrar nueces hasta palos para escarbar y llegar hasta las guaridas de arañas y otros insectos que son alimento.

Bien interesante el hallazgo de los investigadores de la Universidad de Sao Paulo, el Capuchin Culture Project en Brasil y dos de los Institutos Max Planck de Alemania, que estudiaron a los capuchinos barbados Sapajus libinosus.

El estudio fue publicado en Scientific Reports.

En 2009 un estudio había mostrado que los capuchinos usaban piedras para quebrar nueces y frutas, además usaban palos para expulsar a abejas, escorpiones y lagartos de sus nidos. En el nuevo estudio, durante 21 meses observaron un grupo de micos y entre los 31 individuos adultos registraron 214 veces en las cuales usaron herramientas o sus manos para proveerse alimento como bulbos y raíces, y arañas Idiop sertania y Neodiplothele sp.

El 51 % de las veces utilizaron piedras para escarbar, teniendo éxito el 31.8 % de las veces, porcentaje que fue superior cuando usaban las manos 40.4 %. Empleaban más las piedras en las colinas que en las orillas de los ríos y los machos usaban más las herramientas que las hembras, aunque el éxito en los intentos no tuvo que ver con el género.

lunes, 2 de septiembre de 2019

La historia del delfín que adoptó una ballena


No es común la adopción de animales entre especies diferentes. Uno de los casos reportados, en 2006, fue cuando un grupo de monos capuchinos criaba un tití según vio la primatóloga Patrícia Izar.

La delfín con su ballenato adoptado. Foto cortesía GEMM

Ahora investigadores reportaron en el journal Ethology otro caso y bien extraño. Encabezados por Pamela Carzon del Groupe d’Étude des Mammifères Marins (GEMM) de Polynésie según National Geographic, observaron una delfín nariz de botella que cuidó durante más de 3 años una ballena joven.
Esta aparente adopción es más extraña si se sabe que el delfín hembra tenía una cría. Y ellas, en general, solo cuidan una cría a la vez.
La relación interespecies comenzó cuando el ballenato tenía un mes y terminó cuando fue destetado en abril de 2018.
Carzon y sus colegas advirtieron que la unión de la madre delfín y su hijo adoptado duró más allá de la que tuvo con su hija natural. Esta, nacida alrededor de septiembre de 2014, vivió junto a su madre y ‘medio hermano ballena’ durante un año y medio antes de su desaparición súbita, tal vez por muerte o cambio a otro grupo social.
El ballenato cabeza de melón (Peponocephala electra) también llamado delfín cabeza de melón, competía por la atención de su madre putativa, retirando a su hermana media de debajo del abdomen de la madre.
Mientras la hija socializaba a menudo con sus semejantes, el ballenato macho rara vez dejada el lado de su madre y llegó a desarrollar conductas de delfín nariz de botella surfiando, saltando y socializando con otros machos.
“Es difícil explicar esa conducta, especialmente porque no tenemos información sobre cómo el ballenato cabeza de melón se separó de su madre natural”, dijo
Carzon en un video publicado por GEMM Polynésie.
Se sabe que delfines nariz de botella hembras a veces secuestran bebés de otras especies, tal vez para llenar sus instintos maternales, pero esas relaciones casi nunca duran. Y como la de la historia tenía su cría, no se cree que haya ‘secuestrado’ al ballenato.
Vivencias en la naturaleza.