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miércoles, 17 de junio de 2026

Estas mariposas son un caso único en la naturaleza

Individuo de Heliconius melpomene con polen en su proboscis. Las Heliconius son las únicas mariposas conocidas que recolectan y digieren polen y eso podría incidir en su gran longevidad.


Hay cosas raras en la naturaleza.Mientras sus más cercanos parientes viven solo unas pocas semanas, esta puede vivir un año. ¿Por qué?

Bueno, se trata de unas mariposas del género Heliconius, que viven en Centro y Sudamérica. Y dentro de estas, la que más vive es la especie Heliconius hewitsoni, con una vida de hasta 348 días. En contraste, una pariente, Dione juno, solo vive 14 días. Una diferencia de 25 veces en cuanto a longevidad.

Los científicos reportaron el sorprendente hallazgo en Nature Communications. Este hallazgo sugiere que las Heliconius evolucionaron una estrategia para aumentar el ciclo vital, una muestra clara de cómo el envejecimiento puede ser retrasado en el mundo natural.

En el estudio, en el que participaron científicos del Smithsonian Tropical Research Institute en Panamá, se encontró otro sorprendente giro evolutivo: al menos una especie, Heliconius hecale, parece tener poco o ningún declive fisiológico con la edad. Compararon con una especie cercana, Dryas iulia, que vive poco y que sí presenta un deterioro con la edad.

Ahora, los científicos no saben a qué se debe esa longevidad de las Heliconius. Podría ser, según conjeturan, por su capacidad de alimentarse con polen de adultas. Esta es una costumbre escasa en mariposas, que se alimentan del néctar de las flores.

En el caso de H. hecale, hallaron que mantiene su masa corporal y función muscular mucho más tiempo y no muestran evidencias de declive fisiológico, que se ve en D. iulia.  Para sorpresa también se halló que mantiene su longevidad incluso privada del polen, sugiriendo que tanto factores nutricionales como evolutivos tienen que ver con su largo ciclo vital.

La Doctora Jessica Foley, de la Universidad de Bristol, que participó en el estudio, dijo que "Como los animales con más clases, los insectos son reconocidos por su extraordinaria diversidad morfológica y ecológica. También exhiben variación extrema en longevidad, con un máximo de ciclo de vida que va de unos pocos días hasta varias décadas en las castas reproductivas de algunas hormigas y termitas. Esto representa una diferencia de 5000 veces dentro de esa clase, comparado con 100 veces de diferencia en la longevidad observada en mamíferos".

La Doctora Foley agregó que "Las mariposas Heliconius están entre las mariposas que más viven, pero lo que las hace en verdad más remarcables es que parecen no solo haber evolucionado no solo ciclos de vida más largos, sino también un envejecimiento más lento. Esto les permite vivir mucho más  que especies muy cercanas de las cuales han divergido relaticamenterecieente en el tiempo evolutivo".

sábado, 17 de enero de 2026

Así usaban las matemáticas hace 8000 años

Pedazos de cerámica con dibujos de flores y pétalos pintados en progresión geométrica por halafianos, según los investigadores. Foto Y. Garfinkel


Una cultura que vivió entre los años 6200 a 5500 antes de nuestra era, la halafiana en el norte de Mesopotamia podría haber dejado la primera evidencia del uso de matemáticas en sus actividades.

Se trata de decoraciones de flores en cerámicas, que exhiben un patrón regular de número de pétalos determinado por una progresión matemática, según par de arqueólogos de Hebrew University, quienes sugieren además que esas personas empleaban un entendimiento similar para la división de la tierra y de los productos agrícolas.

Las plantas están ausentes en muestras rupestres dejadas por Homo sapiens en cavernas hace más de 46 000 años, son comunes en las decoraciones del pueblo mesopotámico en el Neolítico Tardío.

El estudio fue publicado en el Journal of World Prehistory y cataloga todos los motivos de plantas en esas cerámicas, pero, dijo el investigador Yosef Garfinkel las flores son las que "Nos dan una indicación del conocimiento matemático".

Él y Sarah Krulwich examinaron miles de fragmentos de cerámicas hallados en sitios arqueológicos desde lo años 1930 e identificaron 375 diseños con flores. En casi cada caso, las flores estaban ilustradas con 4, 8, 16, 32 o 64 pétalos, una progresión geométrica que implica que los diseños estaban inspirados en potencias de dos.

Los patrones grandes en algunos de los fragmentos también sugieren un conocimiento matemático. Los autores sugieren que esos números no son accidentales, sino que indican que los halafianos poseían un conocimiento avanzado de este tipo de matemáticas.

martes, 10 de junio de 2025

Era un monstruo de animal y comía... florecitas

Ilustración de cómo debió lucir un saurópodo. Imagen Travis Tischler


Enormes animales que poblaron la Tierra hace más de 100 millones de años. Este saurópodo debió vivir entre hace 94 y 131 millones de años. Un gigantón, que ahora es noticia.

¿Por qué? Porque en su estómago hallaron rastros de lo que comía. Era un gigante que se alimentaba de plantas, herbívoro total según parece.

Conocer qué comían los dinosaurios es pregunta interesante para científicos para entender su biología y el papel que desempeñaron en esos antiguos ecosistemas. Hasta ahora muy pocos rastros de alimentación se habían hallado, pocos cololitos, o contenido fosilizado del estómago.

Esto cambió con el hallazgo en 2017, en la formación Winton en Queensland, Australia, de un esqueleto casi completo de un individuo subadulto, un saurópodo Diamantinasaurus matildae, de la mitad del Cretáceo. Su estudio permitió descubrir una capa de roca fracturada que parecía contener un cololito, consistente en varios fósiles de plantas bien preservados.

El análisis permitió descubrir que los saurópodos tenían mínimo procesamiento de su alimento, dependiendo de la fermentación de la microbiota estomacal para la digestión. El cololito incluía variedad de plantas, incluido follaje de coníferas (plantas con semillas que producen conos), cuerpos fructíferos de helechos con semillas (estructuras vegetales que contienen semillas) y hojas de angiospermas (plantas con flores), lo que indica que Diamantinasaurus era un consumidor indiscriminado y en altas cantidades.

Stephen Poropat, de Curtin University, líder del estudio publicado en Current Biology, expresó que "Las plantas en el interior muestran evidencia de haber sido cortadas, posiblemente mordidas, pero no masticadas, lo que apoya la hipótesis de la alimentación en masa de los saurópodos".

También se hallaron biomarcadores químicos tanto de angiospermas como de gimnospermas, un grupo de plantas leñosas productoras de semillas que incluye las coníferas. Para Poropat, "esto implica que al menos algunos saurópodos no se alimentaban selectivamente, sino que comían cualquier planta que pudieran alcanzar y procesar de forma segura. Por eso, "Estos hallazgos corroboran en gran medida las ideas previas sobre la enorme influencia que los saurópodos debieron tener en los ecosistemas de todo el mundo Durante la Era Mesozoica".

Estos animales vivieron desde hace unos 210 millones de años hasta hace 66 millones y se distinguían por su gran cuello largo y cabeza pequeña, patas gruesas y cola robusta.

martes, 5 de septiembre de 2023

Así puede ayudarles a insectos y animales nocturnos

Las luces nocturnas deben ser cálidas y no frías, que son más nocivas para la salud y el sueño. Además afectan a animales y plantas. Foto Wikipedia Commons


La mal entendida modernidad que dice que hay que iluminar calles y casas en las noches con potentes luces, está afectando una amplia variedad de animales, de insectos a murciélagos y hasta tortugas. También muchas especies de plantas sufren las consecuencias de nuestro loco deseo de hacer de la noche el día.

Además tres cuartas partes de la humanidad no logran percibir, por la contaminación lumínica, el espectáculo que brindan 100 000 millones de estrellas de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

La luz nocturna afecta el ritmo circadiano, el ciclo de vigilia-sueño. Incide en la migración y la hibernación de varias especies, modifica las actividades que realizan durante las horas en que andan despiertos animales y plantas.

Diversos estudios, que en número han aumentado en los últimos años, sugieren que altera la polinización que hacen insectos y otros polinizadores. Por ejemplo un estudio de 2014 en el Reino Unido mostró que la luz de las calles hacía que el 70 % las chapolas (mariposas nocturnas) volaran alrededor de las lámparas y no se acercaran a las flores.

Otra investigación de 2017 corroboró que las luces callejeras hacía que 62 % de menos insectos visitaran las plantas en una calle con lámparas LED frente a un sitio sin iluminación.

Aunque es un campo al que todavía los científicos le buscan respuestas y soluciones, para aliviar la situación todos podemos colaborar con la vida nocturna de animales y plantas.

Algunas recomendaciones en el portal EarthSky, son estas:

-Mantenga las luces en interiores, cubra ventanas con cortinas para que no salgan destellos.

-Utilice colores más cálidos (amarillos) y no el nocivo color frío (blanco o luz del día). Que los bombillos no tengan más de 3000 kelvins.

-Use la luz exterior cuando la requiera, con detectores de movimiento, atenuadores o con timers.

 -Mantenga las luces donde las requiera y blínde espacios para que no se transmita al exterior.

-En el sitio Dark Sky Certified places, puede aprender más sobre iluminación nocturna.

-Plante un jardín para polinizadores nocturnos.

domingo, 24 de julio de 2022

Luz nocturna también está afectando los árboles

En zonas con iluminación artificial, las hojas de los árboles están cambiando de color más tarde en el otoño. Foto RVG


La luz artificial de las calles, esas que en mayor o menor medida alumbran las vías en las noches y afuera de las residencias tienen no pocos problemas, así brinden seguridad en algunas ciudades o sectores. Diferentes estudios han demostrado con datos que está afectando la fauna y hasta algunos sugieren que incide en la salud mental de las personas.

Ahora llega una nueva investigación con más afectaos. ¿Saben que las plantas en interior o invernadero que reciben iluminación en las noches alientan su crecimiento? Bueno, algo parecido está sucediendo en las calles, con otros ingredientes.

Un análisis satelital de la iluminación nocturna en Estados Unidos  mostró que está incidiendo en la apertura temprana de las flores en primavera y en el color de las hojas en otoño.

Los hallazgos podrían (hay que investigarlo) cobijar a todas las zonas iluminadas del planeta. En los trópicos no hay estaciones, pero también podrían estar produciéndose cambios se deduce de la nueva investigación.

Experimentos de laboratorio en el pasado habían demostrado que la exposición a la luz artificial hacía que las plantas florecieran y crecieran más rápido. En árboles urbanos se han visto esos mismos cambios. Entonces, ¿qué fue lo que encontraron en la nueva investigación? Publicada en la reconocida PNAS, analizó todo Estados Unidos. Encontró que la luz está 'embobando' los árboles, pensando que la primavera comienza antes y el otoño más tarde.

Los brotes están comenzando a abrir en promedio 9 días antes en lugares con luz artificial en comparación con aquellos oscuros. En contraste, en el otoño tardan 6 días en promedio para mostrar el cambio de colora de las hojas.

Una modelación con cinco ciudades mostró que sumado el calentamiento del planeta más la luz artificial, los brotes aparecerán17 a 21 días antes que en 2015. En otoño es más complicado: en zonas frías la polución lumínica hace que cambie más tarde el color de las hojas, pero es al contrario en aquellas áreas calientes. Y no se sabe por qué.

Una locura. Cambios que generan trastornos en ecosistemas, en los cuales existe una coordinación entre diferentes especies.


lunes, 6 de abril de 2020

Encuentran una selva debajo de la Antártida


Así debió ser el paisaje en la Antártida. Foto Alfred Wegener Institut/Wikipedia Commons. 

Hoy la Antártida se deshiela a pasos acelerados, claro no será asunto de un año o un siglo que pierda toda su masa glaciar.
Hace 90 millones de años la Antártida Occidental tenía una selva húmeda templada y no es invento. Científicos publicaron en Nature un sorprendente hallazgo: fósiles de raíces, polen y esporas que indican que allí había un bosque.
Era un mundo, una Tierra muy diferente a la actual. En el Cretáceo medio, entre hace 145 y 65 millones de años los dinosaurios rugían en la superficie y el nivel de los mares era uno 170 metros más alto que hoy. La temperatura superficial de los mares tropicales era de 35° Celsius.
El bosque era muy similar al que existe hoy en Nueva Zelanda.
La revelación la hicieron científicos del Reino Unido y Alemania, entre ellos del Departamento de Geografía y Ciencias Ambientales en Northumbria University.
Los fósiles fueron descubiertos bajo el hielo en un núcleo de sedimentos que el grupo recolectó del lecho marino cerca al glaciar de la Isla de Pino en 2017.
Pronto comprendieron que había algo inusual. Esa capa tan antigua era de un color diferente, explicó Johann Klages, geólogo del Alfred Wegener Institute Helmholtz Centre for Polar and Marine Research en Bremerhaven, Alemania.
Al analizar la muestra con escáner computarizado, se detectaron raíces densas a través de toda la capa y se vio el polen, las esporas y residuos de flores.
Tras estudiar el polen y las esporas, Ulrich Salzmann, coautor y paleoecólogo de Northumbria, reconstruyó la vegetación y el clima que regían allí hace 90 millones de años. “Los numerosos restos de plantas indican que la costa de la Antártida Occidental era una selva templada y densa similar a las de Nueva Zelanda hoy”.
El núcleo de sedimentos reveló que en esa época la temperatura allí era de 12° Celsius, como la de Seattle (Estados Unidos), llegando a 19 en verano. En los ríos y pantanos el agua debía alcanzar 20 grados.
Y llovía más o menos como en Gales (Reino Unido) hoy, según los autores.
Es además sorprendente por otro detalle: la Antártida tiene cuatro meses de noche polar, indicando que durante un tercio de cada año no había luz solar que aportara a la vida. Pero la Tierra era entonces más caliente, pues la concentración de CO2 en la atmósfera era elevada (1120 a 1680 partes por millón), más alta de lo que se estimaba hasta ahora (1000).
Con el calentamiento global en marcha, no sobra preguntarse: ¿volverá a florecer la Antártida?

lunes, 10 de febrero de 2020

El caos climático está acabando con estos polinizadores

Un abejorro de la especie Bombus terrestris. Foto Jorge Barrios/Wikipedia

Si para las abejas no corren buenos tiempos, para los abejorros, otros eficientes polinizadores, tampoco.
En Norteamérica cuatro especies se han reducido 96 & y su rango de expansión disminuyó 87 %.
En Europa 46 % de las especies de abejorros están en claro declive.
¿Las razones? Varias. Desde reducción del hábitat a pérdida de la diversidad de plantas, pesticidas (culpables de gran parte de la reducción de individuos) y parásitos.
Ahora, científicos de la University of Ottawa establecieron en un nuevo estudio publicado en Science que el declive es más rápido en aquellas regiones que se han calentado más, situación que sugiere que el cambio climático continuará reduciendo el número de individuos y de especies posiblemente.
Estudiaron datos de 66 especies en Norteamérica y Europa de 1900 a 2015. Encontraron que en las pasadas décadas la probabilidad de los abejorros de estar en sitios que históricamente habitaban se redujo 46 % en la primera región y 17 % en la segunda.
También analizaron el cambio climático en esas regiones y en aquellos lugares donde las temperaturas han aumentado  hasta o cerca del límite superior que pueden tolerar estos insectos presentan las reducciones más drásticas.
No hay asociaciones fuertes con la precipitación, pero en las áreas que se volvieron más secas es más probable que haya una reducción.
El caos climático tiene que ver entonces con la extinción de los abejorros, precisó Peter Soroye, cabeza de la investigación.
Los abejorros son una de las cuatro tribus de la familia Apidae (las otras son las distintas abejas). Son más de 250 especies de 15 subgéneros (género Bombus) y se consideran grandes polinizadoes de flores silvestres y de plantas cultivadas.