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viernes, 18 de octubre de 2019

2 mujeres caminan alrededor de la Estación Espacial



Mujeres caminando en el espacio, ya había habido, pero esta vez es la primera en la que solo dos realizan una caminata afuera de la Estación Espacial para instalar equipos.
Se trata de las astronautas Jessica Mier y Christina Koch, que desde muy temprano hoy salieron de la Estación y cuatro horas después todavía continuaban en el ensamblaje.
Es la caminata 221 fuera de la EEI.
Aparte de este logro, es la preparación para 2024 cuando se espera llevar dos tripulantes, hombre y mujer, a suelo lunar, el que solo han pisado hombres (1969 a 1972) en las misiones Apolo.
En esta foto de la Nasa aparece Koch, quien hace su cuarta caminata, las tres pasadas con hombres.

lunes, 8 de julio de 2019

El Sol mermará su actividad



Una tormenta solar puede ser muy seria para astronautas a bordo de su nave. Cuenta la Nasa que entre los vuelos de las naves Apolo 16 y 17 a la Luna, ocurrió una grande que llegó a la Tierra.

Una llamarada solar. Foto Nasa

Afortunadamente no había nadie en el espacio.
Durante uno de esos eventos el Sol lanza enormes cantidades de radiación. En la Tierra el campo magnético nos protege pero en el espacio es más difícil y puede causar problemas a navegantes.
Hoy el tiempo espacial, el estado del clima, es monitoreado continuamente y tal como se hace con el que se presenta en cada región del planeta, se trata de pronosticar cómo está.
Es vital para planear misiones, como la Artemis de la Nasa que busca enviar un hombre y una mujer a la Luna.
El próximo ciclo solar, una etapa que dura 11 años, comenzará en 2020 y estará en el máximo hacia 2025.
Se prevé que el número de manchas solares, una medida de la actividad solar, sea un 30 a 50 % menor al ciclo más reciente. Es decir, será el ciclo más débil en 200 años de acuerdo con las previsiones entregadas por la Nasa.
Las manchas solares son regiones del Sol con un campo magnético miles de veces más fuerte que el de la Tierra. Y mientras menos haya en el máximo del ciclo, menos chances de poderosas explosiones con radiación.
Cuando las explosiones son muy fuertes y el material expulsado da hacia nuestro planeta, se pueden afectar las comunicaciones satelitales. Incluso producir apagones en la red eléctrica de distintos países, como ha sucedido en algunas ocasiones.
El evento más conocido y poderoso fue el llamado evento Carrington del 1 de septiembre de 1859: la radiación de la gran eyección de masa solar destruyó redes de telégrafo en Europa y Norteamérica y hubo auroras que se vieron  hasta en Cuba. Una enorme tormenta precedida por la aparición de muchas manchas cerca al ecuador del Sol.
Si se presentara un evento similar hoy, las pérdidas superarían los 2 billones de dólares en daños a satélites, líneas de transmisión de electricidad y aparatos en tierra.

martes, 14 de mayo de 2019

La Luna se encoge y tiembla


Las flechas señalan una de las fallas encontradas en la Luna. Foto Nasa/GSFC


La Luna está viva y coleando. En los últimos millones de años se ha encogido 50 metros a medida que se enfría, y así como cuando una uva se seca y queda una pasa se forman arrugas en su superficie.
Pero como la corteza es dura se resquebraja formando fallas donde una sección es empujada sobre la vecina.
Esto, ni más ni menos, sugiere que en este satélite natural deben estar produciéndose sismos porque los análisis sugieren que las fallas están activas de acuerdo con Thomas Watters, científicos del Center for Earth and Planetary Studies en el Smithsonian’s National Air and Space Museum en Washington. “Algunos de esos temblores pueden ser tan fuertes como 5 en la escala Richter”.
Esas fallas escarpadas parecen acantilados de pequeños escalones vistos desde la superficie lunar, de unos metros de altura extendiéndose varios kilómetros.
Un informe de la Nasa recordó que los astronautas de la misión Apolo 17, la última en suelo lunar, Eugene Cernan y Harrison Schmitt tuvieron que zigzaguear en su vehículo en la falla escaparada Lee-Lincoln. Esa misión aterrizó en el valle Taurus-Littrow en 1972.
Watters es el director de un estudio que analizó datos de 4 sismómetros dejados en la Luna por los astronautas, usando un algoritmo desarrollado para marcar localidades de los sismos detectados por esa red sismológica.
Ese algoritmo dio un estimado mejor de los sitios de los temblores.
Los hallazgos fueron publicados en Nature Geoscience.
Los astronautas dejaron instrumentos en el suelo lunar en las misiones Apolo 11, 12, 14, 15 y 16. El sismómetro de la 11 solo funcionó tres semanas, pero los restantes registraron 28 sismos superficiales (los esperados para ese tipo de fallas) de 1969 a 1977, con un rango de 2 a 5 en la escala Richter.
Al revisar los sitios estimados con el nuevo algoritmo, se encontró que 8 de los 28 se produjeron dentro de los 30 kilómetros de fallas visibles en las fotografías.
Una cercanía que permite, por ahora, atribuir los sismos a esas fallas.
Adicionalmente se encontró que seis de los ocho sismos se presentaron cuando la Luna estaba cerca del apogeo, al punto más alejado de la Tierra en su órbita, cuando es más probable que se den eventos de deslizamiento en las fallas.
Otra evidencia de que las fallas están activas proviene de imágenes de la nave
Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO).
Una cámara ha fotografiado más de 3500 de los escarpes. Algunas revelan deslizamientos en el fondo de parches brillantes en las laderas de las fallas o el terreno cercano.