Ilustración del material de la estrella ya en el borde del agujero negro, produciendo una de las más potentes explosiones cósmicas. Imagen University of Hawaii en Manoa.
Astrónomos detectaron tres explosiones, llamadas nucleares transitorios extremos, que a su juicio son las más poderosas desde el Big Bang. Y se presentaron cuando tres estrellas masivas fueron devoradas por agujeros negros, liberando una energía equivalente a la de 100 supernovas.
Las estrellas tenía entre tres y diez masas solares. El fenómeno produjo eventos brillantes duraron meses, hecho que permitió la observación en una región que de resto permanece fuera de nuestra vista.
Aunque varias veces se ha observado estrellas siendo succionadas como espaguetis por los agujeros negros, los eventos visualizados ahora son 10 veces más brillantes. Una de las potentes explosiones fue detectada por el Observatorio Palomar en California en 2020, los otros dos por la misión Gaia en 2016 y 2018. Los análisis llegaron ahora, publicados en Science Advances.
Uno de los observados por Gaia emitió 25 veces más energía que las más energéticas supernovas.
Tres futuros escenarios sobre el encuentro de las galaxias Andrómeda y la Vía Láctea. Imagen NASA, ESA, STSci, DSS,Till Sawala
En 1912 astrónomos dedujeron que estábamos camino a una colisión. En ese entonces, Andrómeda era vista como una nebulosa. Un siglo después, astrónomos con el usod el telescopio espacial Hubble tomaron nuevas medidas y concluyeron, que sí, que el choque se produciría en el futuro lejano.
Una colisión de esta clase activaría la creación de nuevas estrellas, habría más supernovas y tal vez nuestro Sol sería arrojado a una órbita diferente a la actual.
¿Última palabra? No se afanen tanto. Hay nuevos datos.
Ahora, otros astrónomos con nuevos datos del Hubble y del telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) afirman que la probabilidad del choque se redujo a la mitad. Sí, 50 % de que sí se produzca, otro tanto que no.
En su estudio corrieron 100 000 simulaciones con 22 tipos de datos. Till Sawala, de la University of Helsinki en Finlandia, cabeza del estudio publicado en Nature Astronomy, comentó que "Tenemos el exhaustivo estudio de este problema que realmente incorpora todas las incertidumbres observacionales".
Su equipo incluye astrónomos de Durham University en el Reino Unido, University of Toulouse en Francia y University of Western Australia.
Predecir el futuro lejano de las interacciones de galaxias es incierto, pero los nuevos hallazgos desafían el consenso previo y sugiere que el destino de la Vía Láctea permanece como una pregunta abierta.
Sawala explicó que "Incluso utilizando los datos observacionales más recientes y precisos disponibles, el futuro del Grupo Local, compuesto por varias docenas de galaxias es incierto. Curiosamente, encontramos una probabilidad casi igual para el escenario de fusión, ampliamente publicitado, o, por el contrario, para uno alternativo en el que la Vía Láctea y Andrómeda sobrevivan intactas".
Los análisis de 2012 con datos del Hubble preveían una colisión en unos 5000 millones de años, un análisis que incluyó observaciones de entre 5 y 7 años.
Sawala comentó que "Debido a que hay tantas variables que cada una tiene sus errores, eso acumula una incertidumbre bastante grande sobre el resultado, lo que lleva a la conclusión de que la probabilidad de una colisión directa es solo del 50 %dentro de los próximos 10 000 millones de años".
Sawala dijo que "La Vía Láctea y Andrómeda solas permanecerían en el mismo plano mientras una orbita a la otra, pero esto no significa que tengan que chocar. Aún podrían pasarse una sobre la otra".
Sawala dijo que "La masa adicional de la galaxia satélite de Andrómeda, M33, atrae ligeramente más a la Vía Láctea. Sin embargo, también demostramos que la GNM (Gran Nube de Magallanes, galaxia satélite de la nuestra) la aleja del plano orbital y de Andrómeda. Esto no significa que la GNM nos salve de esa fusión, pero la hace un poco menos probable.
Ahora, si el choque no se da o si se produce, para entonces es muy probable que no existan humanos. El Sol entonces habrá muerto y la Tierra desaparecido como fuente de vida (sucederá en unos 1000 millones de años). Si los hubiera, tendrían que vivir en otro mundo muy lejos de nuestro actual sistema. Eso sí, el Universo en 10 000 millones de años seguiría existiendo.
Aspecto de nuestra galaxia, Vía Láctea, una panorámica de 360 grados. Ha recibido el aporte de muchas otras galaxias pequeñas durante miles de millones de años. Imagen ESO
En el universo las colisiones entre galaxias son comunes, se suceden con frecuencia y son hechos que tardan millones de años en completarse. De hecho, nuestra galaxia, la Vía Láctea, ha tenido varios choques cósmicos de esa naturaleza, habiéndose fusionado con otras pequeñas galaxias.
Pero, ¿cuándo fue la última colisión de nuestra galaxia? 'Fue hace muchísimo tiempo en su evolución?
Científicos que usaron datos del telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) afirman que no fue hace tanto tiempo como se creía hasta ahora.
Cada colisión genera unas 'arrugas', cuyas ondas todavía se sienten en diferentes familias de estrellas. La colisión afecta cómo se mueven y comportan las estrellas en el espacio. Gaia ha medido la posición exacta de unas dos millones de estrellas. Ahí están unas 100 000 más cercanas a nuestro Sol.
Aquellas arrugas se desvanecen con el tiempo y al mirarlas se puede determinar cuándo se produjo la última colisión. En 2018 Gaia detectó algunas de esas arrugas y ahora el nuevo estudio determinó cuándo se produjo la última colisión de una pequeña galaxia con la nuestra. El estudio se complementó con simulaciones cosmológicas.
El halo de la Vía Láctea contiene un gran grupo de estrellas con órbitas inusuales. Nuestra galaxia probablemente adoptó muchas de ellas durante un evento que los astrónomos llaman la última gran fusión. Los investigadores creen que fue una galaxia enana masiva que inundó la Vía Lácteacon estrellas que pasaron muy cerca del centro galáctico.
Científicos habían situado esa fusión hace11 000 a 8000 millones de años, llamada Gaia-SAusage-Enceladus, pero datos de Gaia conocidos en 2020sugieren que fue otra fusión la que puede haber generado el movimiento inusual de las estrellas.
Esas estrellas debieron venir de una fusión más reciente, la Fusión Radial Virgo que tuvo lugar hace menos de 3000 millones de años.
En esos momentos el Sol ya se había formado, también la Tierra y los otros planetas de nuestro Sistema Solar.
Aparte de las dos fusiones citadas, nuestra galaxia ha tenido otras en su larga historia, pues se formó hace unos 13 600 millones de años, solo unos 200 millones de años después del Big Bang.
Composición gráfica de la estrella alrededor del gran agujero negro. Imagen ESO
Es un monstruo, que no está demasiado lejos de nosotros en cuanto a distancias astronómicas. Astrónomos hallaron el agujero negro más grande de nuestra galaxia, claro, exceptuando el del centro.
Tiene 33 masas solares, frente a 21 de Cygnus X-1. Está a unos 2000 años luz hacia la constelación del Águila y es el segundo agujero negro más cercano a nosotros.
Denominado Gaia BH3 o BH3 simplemente, fue detectado mientras se revisaban datos del satélite Gaia. "Nadie esperaba encontrar un agujero negro masivo cerca, que no había sido detectado", dijo Pasquale Panuzzo, quien trabaja en el Observatorio de París.
Los agujeros negros estelares se forman luego del colapso de una estrella muy masiva. Los que se han detectado en nuestra galaxia tienen en promedio unas 10 masas solares. Este es enorme.
La detección se logró al observar un pequeño movimiento en la estrella que lo acompaña. Tras el hallazgo por la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), se confirmó con otros observatorios en tierra y ayudaron a establecer su masa, como el Very Large Telescope del European Southern Observatory (ESO) en Los Andes en Chile.
La estrella compañera es pobre en metal, de modo que la que dio origen al agujero también debió ser así porque por lo general estrellas compañeras tienen la misma composición.
Comparación de tres de los agujeros negros estelares más grandes. Imagen ESO
En este grupo de estrellas habría dos o tres agujeros negros, los más cercanos a la Tierra. Foto Wikipedia Commons/J. Manous
Cuando se miran estrellas en el cielo nocturno las vemos como a la misma distancia, pero no lo están y algunas que forman parte de conocidas constelaciones se encuentran lejos. Si miramos al famoso Orión, con su llamativo cinturón de tres estrellas, vemos que en un extremo está la supergigante estrella Betelgeuse, que se encuentra a unos 642 años luz de nosotros, y en el otro lado Rigel, brillante de color azul se halla a unos 860 años luz.
El conocido grupo de estrellas las Pléyades, un cúmulo conocido popularmente con nombres como las Siete Marías, está a 444 años luz.
Distancias que nos dan una idea de que no son objetos muy lejanos a la Tierra si se considera que el universo mida más de 90 000 millones de años luz. Están cerca, casi que en el patio del Sistema Solar.
Bueno, en el cúmulo estelar Híades hacia la constelación Tauro se encuentra a solo 151 años luz. Y allí, según un artículo publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, parece que hay varios agujeros negros, que serían los más cercanos a la Tierra detectados hasta ahora. Digo que parece porque el hallazgo debe ser confirmado por otros estudios.
En el estudio publicado, los científicos, astrofísicos, usaron simulaciones para rastrear el movimiento y evolución de todas las estrellas en el cúmulo para reproducir su estado actual.
Los cúmulos abiertos, como el de las Híades, son grupos de cientos de estrellas muy juntas que comparten propiedades como la edad y la composición química. La simulación fue comparada con las posiciones y velocidades de las estrellas allí establecidas mediante el satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA). ¿Cuál fue el resultado?
Miremos:
"Nuestras simulaciones solo pueden emparejar la masa y tamaño de las Híades si algunos agujeros negros están presentes hoy en el centro del cúmulo", dijo Stefano Torniamenti, primer autor del artículo, de la Universidad de Padua (Italia).
Las propiedades de las Híades se reprodujeron mejor con las simulaciones con dos o tres agujeros negros, aunque si fueron expulsados de allí hace menos de 150 millones de años, casi la cuarta parte de la edad del cúmulo, también es una buena opción.
La información sugiere que están todavía dentro del cúmulo o muy cerca, lo que los haría los agujeros más cercanos a la Tierra.
Ubicación de los dos nuevos agujeros negros. Foto Gaia/ESA
La Tierra tiene nuevos vecinos, se desprende de datos analizados de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea. Sí, son los dos agujeros negros más cercanos a nosotros, a solo 1500 y 3800 años luz, nada en términos cósmicos. Están en nuestro patio prácticamente.
Uno se encuentra hacia la constelación Ofiuco, el otro en Centauro y se denominan Gaia BH1 y Gaia BH2. Fueron hallados al estudiar el movimiento de las estrellas que los acompañan, movimiento que sugiere que orbitan un objeto muy masivo. Ambos agujeros son unas 10 veces más masivos que nuestro Sol.
Muchos agujeros se descubren por la emisión de luz, por lo general en el espectro de los rayos X producidos por material que cae hacia ellos. Estos dos no. Son oscuros de verdad y se detectaron por sus efectos gravitacionales.
Los análisis indican que están más separados de sus estrellas compañeras que la mayoría de otros agujeros, los binarios de rayos X.
¿Cuál fue el aporte de Gaia? Este mide la posición y el movimiento de miles de millones de estrellas. El movimiento contra el cielo puede dar indicios de objetos que pueden tener una influencia gravitacional sobre ellas, objetos que pueden ser otras estrellas, planetas o agujeros negros, como en este caso.
Que los dos hallados sean en verdad negros significa que está cayendo muy poco material hacia ellos o que no son unos grandes devoradores, pero se carece de una explicación cierta. Significa además que están muy retirados de sus estrellas compañeras.
Gaia es un buen postre para los astrónomos. En 2025 el proyecto liberará los datos tomados durante 66 meses y contendrán mucha más información sobre las órbitas de las estrellas.
El hallazgo fue presentado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
Ilustración de un agujero negro. El hallado no está activo, no se detectan los chorros emanando de él. Imagen Wikipedia Commons
Está, en términos cósmicos, en nuestro patio, en el patio del Sistema Solar y por ende de la Tierra. Un agujero negro. Sí, un agujero negro cerca de nosotros: a 1600 años luz, hacia la constelación Ofiuco.
Lo denominaron Gaia BH1 y es 10 veces más masivo que el Sol y está tres veces más cerca que otro hallado antes hacia el Unicornio.
¿Podría pasarle algo a la Tierra? No. Además está dormido, según los datos de los astrónomos, que dicen que no hay duda de su existencia, a diferencia de otros que fueron hallados muy cerca pero luego fueron refutados.
El hallazgo fue publicado en Monthly Noticesof the Royal Astronomical Society. Pero ¿cómo se encontró? El observatorio Gaia de la Agencia Espacial Europea está catalogando las estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Investigadores analizando datos de Gaia detectaron una estrella como nuestro Sol, que tenía un pequeño tambaleo sugiriendo que algo la estaba halando.
Ese algo resultó en un agujero negro dormitante, que son muy difíciles de detectar, solo las precisas observaciones de Gaia permitieron 'verlo'. Entonces loas astrónomos usaron otros telescopios para para corroborar su hallazgo, como el Gemini norte en Hawái.
"No pudimos encontrar ningún escenario astrofísico plausible para explicarla órbita observada que no involucrara al menos un agujero negro", explicó Kareem El-Badry, astrofísico.
Agujeros como este se forman por el colapso de estrellas masivas así que Gaia BH1 es una estrella compañera y conforman un sistema binario. Su formación y evolución es un misterio.
Expertos creen que puede haber 100 millones de agujeros negros en nuestra galaxia, pero solo pocos han sido confirmados.
Mapa del movimiento de 1,6 millones de estrellas en nuestra galaxia. Foto ESA
Una nueva visión de nuestra galaxia vista hacia el 'anticentro', la mirada más penetrante al vecindario del Sol y el acercamiento a las dos vecinas galaxias de la Gran Nube de Magallanes y la Pequeña Nube de Magallanes son los nuevos logros de la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA).
La vista hacia el anticentro, es decir en la dirección opuesta en el cielo al centro de la galaxia reveló el movimiento de las estrellas y ver las reliquias del antiguo disco de la galaxia de 10 000 millones de años y comparar su tamaño con el tamaño actual.
Pero a la vez permitió confirmar, a través del movimiento de las estrellas, el choque con la galaxia satélite Sagitario, que poco a poco es engullida por la Vía Láctea, una colisión que ocurrió hace 300 a 900 millones de años solamente..
Gaia determinó además que nuestro Sistema solar está aumentando velocidad, otros 115 kilómetros cada año, estableciendo además la curvatura de la órbita del Sistema alrededor de la galaxia.
En 1957 se conoció un censo de vecinas del Sol: 915 objetos, actualizado un 1991 a 3803. Ahora Gaia mostró cerca de 330 000 estrellas en un radio de 326 años luz del Sol, 90 % de las existentes.
Y reveló que la Gran Nube de Magallanes tiene una estructura espiral. Además, está jalando estrellas de la Pequeña Nube, un río que se observa en las imágenes de este satélite.
En resumidas cuentas, en esta nueva presentación de datos, Gaia reportó 1 811 709 771 posiciones estelares (estrellas) y 1614 173 fuentes extragalácticas.
Detalle del corazón de la Vía Láctea desde la superficie terrestre. Foto Wikipedia Commons
No pocas personas, por curiosidad o satisfacción, buscan conocer sus ancestros, el árbol genealógico tras de su existencia. No es sencillo muchas veces. ¿Pero qué tal investigar nuestro pasado hace 10 000 0 más millones de años?
Con Inteligencia Artificial, astrónomos determinaron el árbol de la galaxia en la cual vivimos, la Vía Láctea y descubrieron que se tragó varias galaxias menores, incluso una que no estaba en los libros de nadie.
Ese pasado lo describo a continuación.
Para determinar el árbol, se basaron en cúmulos globulares, densos grupos de hasta un millón de estrellas tan viejos casi como el universo mismo. La Vía Láctea tiene unos 150 de estos cúmulos.
Los astrónomos encabezados por Diederik Kruijjsen del Center for Astronomy en la Univeridad de Heidelberg, Alemania, y Joel Pfeffer, de Liverpool John Morres University, usaron, tal como se sabía de tiempo atrás, como fósiles para reconstruir el ensamblaje de la galaxia.
Mediante simulaciones de computador muy sofisticadas, establecieron las edades, composiciones químicas y el movimiento orbital de los cúmulos y las propiedades de las galaxias en las que se formaron.
Así, determinaron no solo cuántas estrellas tenían esas galaxias sino cuándo se fusionaron con la nuestra. Encontraron una colisión que no se conocía, con una galaxia a la que llamaron Kraken, tal vez el choque más significativo que experimentó la Vía Láctea. Se creía que la fusión con la galaxia Gaia-Encelado, ocurrida hace unos 9000 millones de años, había sido la principal.
Pero la colisión con Kraken ocurrió hace unos 11 000 millones de años, cuando la Vía Láctea era cuatro veces menos masiva. Un choque que transformó la fisonomía de nuestra galaxia.
Y acá completo el árbol genealógico:
La Vía Láctea se ha comido en su historia más de cinco galaxias con más de 100 millones de estrellas. Con las más masivas chocó entre hace 11 000 y 6000 millones de años. Esas galaxias son Sagitario, Sequoia, Kraken, Helmi streams, Gaia-Encelado.
Una historia increíble.
Árbol genealógico de nuestra galaxia. Imagen D. Kruijjsen/Heidelberg University
Fases en las cuales Sagitario ha tocado la Vía Láctea y activado la formación estelar. Ruiz et al
El Sol se formó y del polvo y gas que sobró se formaron los planetas y demás cuerpos del Sistema Solar. También se sabe que nuestra estrella se formó con material dejado por poderosa explosión de otra que le antecedió.
Ahora hay un nuevo y sorprendente hecho: en la formación del Sol (y de la Tierra y los demás planetas), pudo participar otra galaxia.
Sí. La galaxia Sagitario, descubierta en los años 1990 orbita nuestra Vía Láctea y cada tanto 'choca' con ella, produciendo ondas que parecen activar episodios de la formación estelar.
Una de las colisiones, de acuerdo con los modelos desarrollados, coincide con la época de formación del Sol hace unos 4700 millones de años, un hallazgo publicado en Nature Astronomy.
El estudio se basa en datos del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA).
"Se sabe por modelos existentes que Sagitario colisonó con la Vía Láctea tres veces, la primera hace 5000 a 6000 millones de años, luego hace unos 2000 millones de años y finalmente hace unos 100 millones de años", explicó Tomas Ruiz Lara, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (España), cabeza del estudio.
"Cuando miramos los datos de Gaia sobre la Vía Láctea, encontramos tres periodos de intensa formación estelar con picos hace 5700 millones de años, 1900 millones y hace 1000 millones de años, correspondiendo con los tiempos en los cuales Sagitario ha pasado a través del disco de la Vía Láctea".
Al comienzo, explicó, la Vía Láctea era relativamente quieta. "Luego de una época inicial de violenta formación estelar, en parte activada por una fusión descrita en un estudio previo, la galaxia alcanzó un estado de equilibrio en el cual las estrellas se formaban continuamente. De repente se tiene a Sagitario que entra y genera un desequilibrio, haciendo que todo el gas y polvo se dispersara como las ondas en el agua".
En algunas áreas de la Vía Láctea esas ondas derivaron en concentraciones más altas de polvo y gas, vaciando otras. La alta densidad en aquellas activó la formación estelar.
Diagrama que muestra los componentes de la sugerida colisión.
¿Comenzó un choque de galaxias en el cual estamos
participando? Esa parece ser la insinuación de un descubrimiento realizado por
astrónomos. Sugiere que nuestra galaxia, la Vía Láctea, está ya chocando con
las Nubes de Magallanes, dos galaxias satélites hacia el hemisferio sur.
Desde los años 60 se detectó una cola de gas que se
extiende desde las Nubes hasta la Vía Láctea, la Corriente Magallánica, como se
le conoce. Pero ahora hay un hallazgo más.
En una presentación el 8 de enero, astrónomos revelaron
la existencia de estrellas nuevas en las afueras de la Vía Láctea, en un sector
poblado por estrellas viejas.
Cuando se produce una colisión de galaxias, se crean
estrellas. Las halladas están cerca de la Corriente.
Este grupo de estrellas parece estar hecho con material
de las Nubes de Magallanes según los astrónomos, encabezados por Adrain Price
Whelan.
El hallazgo fue publicado en dos partes en el
Astronomical Journal.
Para determinar la existencia de ese grupo de nuevas
estrellas, analizaron datos del satélite Gaia, que cataloga las distancias y el
movimiento de 1700 millones de estrellas. Ese cúmulo es joven, de solo unos 117
millones de años, dijo Price Whelan. Está más cerca de la corriente que sale de las dos galaxias de
Magallanes.
El contenido de estas estrellas es similar al de las de
las Nubes según los análisis hechos.
Todo esto sugiere que el choque con nuestra galaxia, que
se preveía hace tiempo, está en curso y no se había advertido.
En el curso de esa colisión, nuestra galaxia obtendrá más
gas para la formación de nuevas estrellas, que escasea y por eso el bajo ritmo
de creación estelar.
Un choque que durará (se confirme que se inició ya o no)
millones de años.
Vista de la simulación usada en el estudio. Foto UCR/Than Jahn
No solo las lunas orbitan sus planetas y estos al Sol. También
las galaxias orbitan otras.
En nuestra Vía Láctea se han descubierto más de 50
galaxias satélites que giran a su alrededor, siendo la más grande la Gran Nube
de Magallanes, que se observa desde los cielos del sur.
Pero astrónomos acaban de descubrir un caso de robo
galáctico y la culpable es nuestra galaxia.
Los investigadores de University of California,
Riverside, descubrieron que varias galaxias pequeñas o enanas, algunas de ellas
ultradébiles (difíciles de ver) le fueron sustraídas a la Gran Nube por nuestra
galaxia. Se incluyen algunas más brillantes y bien conocidas, como Carina y
Fronax.
El descubrimiento lo hicieron con datos del telescopio
espacial Gaia sobre el movimiento de varias galaxias cercanas, contrastando con
simulaciones cosmológicas hidrodinámicas.
Eso, más las posiciones en el cielo y las velocidades
estimadas de material como la materia oscura en la Gran Nube de Magallanes,
permitieron determinar que al menos cuatro enanas ultradébiles y dos clásicas,
las citadas, fueron satélites de la GNM. Mediante el proceso de fusión, la Vía
Láctea, más masiva, usó su poderoso campo gravitacional para separar la Gran
Nube y ‘robarse’ esas galaxias, dijeron los astrónomos.
“Estos resultados confirman nuestros modelos cosmológicos,
que predicen que pequeñas galaxias enanas en el universo deberían estar también
rodeadas por una población de galaxias acompañantes más tenues”, explicó Laura
Sales, quien dirigió al grupo.
“Esta es la primera vez que logramos mapear la jerarquía
de la estructura de formación de las enanas débiles y ultradébiles”.
El hallazgo tiene implicaciones no solo en cuanto a la
masa total de la GNM sino sobre la formación de nuestra galaxia.
Este estudio aparecerá en noviembre en Monthly Notices of
the Royal Astronomical Society.
En busca de otra Tierra. Es el trabajo incesante, y el
sueño a la vez, de astrónomos dedicados a escudriñar estrellas para detectar
planetas. Planetas extrasolares o exoplanetas.
Ilustración del Kepler buscando planetas. Cortesía Nasa/Ames
Y aunque se han confirmado más cuatro mil, rocosos y
parecidos a nuestra tierra son muy pocos. O andan muy cerca de sus soles o
alejados. Pocos de nuestro tamaño o parecido y pocos en la zona alrededor de
sus estrellas donde puede existir agua.
Entonces, la pregunta sigue vigente: ¿cuántos planetas
similares a la Tierra hay en nuestra galaxia alrededor de estrellas como el Sol?
Astrónomos describieron un nuevo modelo de predicción,
presentado en un artículo este mes en The Astronomical Journal.
La mayoría de exoplanetas ha sido descubierta por el
telescopio espacial Kepler de la Nasa, que el año pasado dejó de funcionar. Lo
hizo mediante la técnica del tránsito: disminución del brillo del sol cuando
e3l planeta pasa por delante.
“Kepler descubrió planetas con una variedad de tamaños,
composiciones y órbitas”, expresó Eric B. Ford, profesor de astronomía y
astrofísica en Penn State, uno de los autores del artículo. “Queremos usar esos
descubrimientos para mejorar la comprensión de la formación de planetas para
planear futuras misiones de búsqueda de planetas que puedan ser habitables. Sin
embargo, contar planetas de un tamaño determinado o distancia orbital es
errado, dado que es más difícil encontrar planetas pequeños lejos de sus
estrellas que hallar grandes cerca de ellas”.
Por eso desarrollaron el modelo para inferir cuántos
planetas puede haber en un rango de tamaños y distancias orbitales, para lo que
usaron datos del Kepler y Gaia de la Agencia Espacial Europea.
¿El resultado?Sorprendente: estimaron que planetas cerca del tamaño de la tierra (tres
cuartos a una y media veces su tamaño) y en periodos orbitales de 237 a 500 días,
hay uno en cada cuatro estrellas.
Con base en las incertidumbres, sugieren que la búsqueda
debe centrarse en futuras misiones en hallar uno entre cada 33 estrellas como
máximo y uno en cada dos estrellas.
Una sugerencia de las posibilidades de que haya otras
Tierras, no prometidas. No hasta ahora.
Hasta
5.000 o 6.000 estrellas se ven con el ojo desnudo en una noche clara lejos de
la contaminación lumínica. ¿Se ha
preguntado cuándo nacieron?
Un
equipo liderado por investigadores del Instituto de Ciencias del Cosmos de la
Universidad de Barcelona (ICCUB,
UB-IEEC) y el Observatorio Astronómico Besançon encontraron, tras analizar
información del satélite europeo Gaia, que la gran formación de estrellas en la
Vía Láctea, nuestra galaxia, se presentó hace 3000 a 2000 millones de años.
En ese proceso más del 50 % de las estrellas en el disco galáctico nacieron. Un
proceso en el que hubo otro actor inesperado.
En el recuadro, región de formación estelar Rho Ophiuchi. Foto Gaia/ESA
¿Cómo
se llegó a esa conclusión? Analizando las distancias, los colores y las
magnitudes de las estrellas que fueron medidas por Gaia con modelos que
predicen su distribución en nuestra galaxia.
El
hallazgo fue publicado en el journal Astronomy & Astrophysics.
En
un informe de prensa de aquella universidad, se explicó que así como una llama
se desvanece cuando no hay gas en el cilindro, el ritmo de la formación estelar
en la Vía Láctea, activado por el gas en ella, debería disminuir lentamente y
de manera continua hasta que se usara todo el ‘combustible’.
Pero
el estudio encontró que aunque ese fue el proceso que se desarrolló en los
primeros 4.000 millones de años de la formación del disco, un severo estallido
de nacimiento estelar invirtió esa tendencia.
¿Por
qué? La fusión o choque con otra galaxia, que es rica en gas, pudo suministrar
nuevo combustible y reactivar el proceso de formación de estrellas, así como
cuando se cambia el cilindro de gas por otro lleno.
Este
mecanismo explicaría la distribución de distancias, edades y masas que se
calculan con base en los datos del Gaia.
“La
escala de tiempo de este estallido de formación estelar junto a la gran cantidad
de masa involucrada en el proceso, miles de millones de veces la masa solar,
sugiere que el disco de nuestra galaxia no tuvo una evolución fija y pausada,
sino que pudo sufrir una perturbación externa que comenzó hace unos 5.000
millones de años”, consideró Roger Mor, investigador del ICCUB.
Distribución de 3 millones de estrellas usadas en el estudio. Foto ESA
“Pudimos
encontrar esto al tener por primera vez distancias precisas a más de 3 millones
de estrellas en el ambiente solar”, agregó.
“Gracias
a estos datos pudimos descubrir los mecanismos que controlaron la evolución durante
más de 8000 a 10 000 millones de años en el disco de nuestra galaxia, que no es
más que la banda brillante que vemos en el cielo en una noche oscura sin
polución por la luz”.