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sábado, 19 de septiembre de 2026

Este es el nuevo felino identificado en Sudamérica

Este es el individuo tipo de la especie, detectado mediante genética, el que vive en las selvas de Bolivia. Foto P. Nogales/Current Biology


Hacía un siglo que científicos no encontraban una nueva especie de felino. Lo hicieron ahora, valiéndose de análisis genéticos.
La especie identificada, Leopardus tilcayo, es un tipo de tigrillo -un felino salvaje pequeño y moteado— que habita en la región de bosque nuboso de los Yungas, en Bolivia. El análisis también reveló la existencia de una subespecie de otro tigrillo, denominada Leopardus tigrinus antisuyo, que vive en Perú.
El estudio determinó que L. tilcayo, que se consideraba un tigrillo del norte (Leopardus tigrinus), se separó de otras especies del género Leopardus hace cerca de 1,4 millones de años. Por eso es la primera especie de felino vivo nueva descubierta en más de un siglo, desde que se describió el gato de las pampas uruguayo (Leopardus fasciatus) en 1923. El nombre L. tilcayo hace referencia a cómo los habitantes locales llaman a este felino: tilcayo.
Las descripciones de la nueva especie se basan en dos individuos vivos hallados en Bolivia: un ejemplar capturado y fotografiado en libertad y otro que vive en cautiverio. Estos pequeños felinos pesan entre 1,5 y 2 kilogramos y alcanzan hasta 50 centímetros de longitud sin contar la cola, la cual añade unos 25 centímetros. El macho de L. tilcayo en cautiverio, llamado Tigrino, es el ejemplar tipo de la especie: un individuo que sirve de referencia para toda la especie.
"Es más pequeño que un gato doméstico", dijo al portal Live Science la bióloga Paola Nogales, coautora del estudio y quien trabaja en un refugio de vida silvestre en Bolivia.
El hallazgo fue publicado en Current Biology y se basó en el análisis del genoma de 38 muestras de felinos de Centro y Sudamérica, incluyendo 8 de especímenes de museo. Felinos de Costa Rica, Colombia, Perú, Bolivia, Brasil, Surioname,Guyana y Venezuela.

lunes, 22 de mayo de 2023

Gran disminución de agua en lagos de todo el mundo

Los lagos prestan varios servicios ecosistémicos vitales. Acá el lago de Tota en Boyacá (Colombia), afectado además por problemáticas como la contaminación. Foto Wikipedia Commons


Una evaluación de los 1972 grandes lagos del planeta mostró que entre los años 1992 y 2020 perdieron 53 % del agua almacenada, equivalente a una disminución de 21.5 gigatoneladas por año. Alrededor de esos grandes cuerpos de agua viven 2000 millones de personas. Un factor que no ha sido tenido en cuenta en la ecuación de las afectaciones debidas al cambio climático, principal causa del declive, aunque también inciden situaciones como el consumo humano y una mayor evaporación, mientras que en los embalses la sedimentación tiene alta incidencia.

La evaluación fue realizada por Fangfang Yao y colegas y presentada en el journal Science. 

Los lagos cubren 3 % de la superficie terrestre y su almacenamiento o flujo lento de agua proveen servicios ecosistémicos esenciales como el suministro de agua fresca y alimentos, hábitat de aves acuáticas, circulación de contaminantes y nutrientes, electricidad y servicios recreativos.

El análisis se realizó mediante imágenes satelitales comparadas en combinación con datos climatológicos y modelos hidrológicos.

La extinción de lagos ha provocado hambre y desplazamiento, así como el mayor riesgo de conflictos internacionales, en regiones de África, donde se seca el lago Chad, así como en Sudamérica, donde el lago Poopó, alguna vez el segundo más grande de Bolivia, desapareció en pocas décadas.

En todas las regiones del globo ha disminuido el agua en los lagos, incluyendo el interior de Asia y el Oriente Medio, el norte de Europa, también Oceanía, Norte y Sur América y el sur de África.

Así, se encontró que en 457 lagos naturales la pérdida ha sido de 38 gigatoneladas anuales, mientras 234 lagos presentaron ganancias y 360 permanecieron sin cambios en el estudio.

Llama la atención que la mayoría de lagos que tuvieron ganancias se encuentran en regiones remotas o poco habitadas, como la meseta interna del Tíbet, las grandes llanuras del norte de Estados Unidos y el Gran Valle del Rift en África, un incremento debido más que todo a cambios en los patrones de precipitación y la escorrentía.

Cerca de dos tercios de los grandes reservorios incluidos en el estudio mostraron grandes pérdidas de agua, aunque en total los reservorios aumentaron de volumen al considerar los que se han creado en estos últimos tiempos. Aquellos de antes de 1982 perdieron capacidad en especial por la sedimentación.

Preocupa, como expuso la científica     Sarah W. Cooley en un análisis en la misma Science, la reducción de agua en regiones áridas cabe dentro del marco de referencia  de los impactos del cambio climático de "lo seco se hace más seco", pero la tendencia a la disminución en regiones húmedas complica el marco de referencia de que "lo húmedo se hace más húmedo".

El estudio pone de presente un tema poco considerado en los países cuando se trata el cambio climático. La disminución de agua en lagos y reservorios y un aumento de la temperatura y la evaporación traerán afectaciones a futuro que no siempre están siendo consideradas en los análisis nacionales y regionales.


martes, 25 de abril de 2023

Estos indígenas de Bolivia tienen mejor salud que cualquiera

Un Tsimane en actividad. El estilo de vida de este pueblo hace que tenga mejor salud que las sociedades industrializadas. Foto USC.


Hay dos pueblos indígenas en Bolivia que tienen lo que cualquier persona desearía: una salud envidiable gracias a unos niveles adecuados de alimentos y actividad física que maximizan el envejecimiento sano del cerebro y un menor riesgo de enfermedades.

Son los indígenas Tsimané y Mosetén, que habitan las tierras bajas tropicales y selváticas de aquel país sudamericano.

Un estudio de University of Southern California estudio esos pueblos en encontró que experimentan menos atrofia cerebral y tienen una mucho mejor salud cardiovascular en comparación con poblaciones europeas y estadounidenses. Entonces tienen mucha menor incidencia de enfermedades degenerativas como el alzheimer y otras demencias. De hecho, no se encontraron casos en individuos menores de 80 años.

Los investigadores estudiaron 1165 adultos de esos dos pueblos de 40 a 94 años de edad, a los cuales sometieron entre otras a imágenes tomográficas, para lo cual se les proveyó el transporte a un hospital.

No solo midieron el volumen del cerebro según edad, sino el índice de masa corporal, la presión sanguínea, el colesterol total y otros marcadores de energía y salud en general. Los resultados fueron sorprendentes. El estilo de vida que llevan estas poblaciones incide en que la salud de sus miembros sea buena.

Los Mosetén son una población hermana de los Tsimané y comparten lenguas similares, historia ancestral y estilo de subsistencia. Pero los Mosetén tienen más exposición a la tecnología moderna, la medicina y la infraestructura y educación. Muestran una mejor salud que las poblaciones de Europa y Norteamérica pero no tan buena como la de los Tsimané.

Ambos pueblos presentan muy pocos casos de demencia y enfermedad coronaria, derivando en un envejecimiento más sano gracias a sus estilos de vida.

Los Mosetén son unos 3000. Al tener mayor cercanía a costumbres occidentales, su nivel de salud es intermedio entre los Tsimane y las poblaciones industrializadas, pero más bien cercano a los Tsimane. Eran un solo grupo étnico hace unos 100 años.

Los resultados sugieren, en un plano general, que unos estilos de vida asociados con unos corazones sanos se relacionan con menos reducción del volumen cerebral con la edad.

El estudio fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

 

jueves, 30 de junio de 2022

Hallaron una civilización perdida de la Amazonia

 

Región amazónica de Bolivia, donde existió una antigua civilización. Foto Wikipedia Commons
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Esa imagen de la Amazonia poco poblada, en la que vivían pueblos indígenas pequeños sin mayores desarrollos, poco a poco se desvanece. Allí hubo una civilización avanzada mucho antes de la llegada de los europeos, que se extinguió por razones desconocidas.

En el rincón suroccidente de esta región, en lo que es hoy Bolivia, científicos detectaron estructuras que hablan de centros urbanos densamente poblados, pirámides de 22 metros de altura y un sistema de vías elevadas de muchos kilómetros.

El hallazgo fue publicado en un artículo en Nature y fue posible con la tecnología lidar, que permitió la detección de lo que fueron esas construcciones, perdidas hoy bajo el denso manto de la selva.

Los pueblos que habitaron allí comenzaron a poblar la región hace 1500 años. De hace mucho se conoce que la Amazonia fue habitada al menos hace 10 000 años, pero se pensaba que  se habían conformado solo pequeños poblados. De hecho, los primeros europeos hablaban de un paisaje con pueblos y villas, que años después investigadores no lograron encontrar.

(Las pinturas rupestres que hay en el sector de Chiribiquete en Colombia, por ejemplo, han sido datadas en más de 20 000 años, desafiando algunas teorías sobre el poblamiento de Sudamérica).

Los vestigios fueron hallados mediante detección remota con la técnica lidar, que usa láseres para generar imágenes en 3D debajo de la superficie, que se llevó a bordo de un helicóptero, desde el cual se estudiaron seis áreas cerca a sitios donde se han encontrado restos de poblamiento por la cultura Casarabe.

Así se estableció el tamaño y la forma de 26 asentamientos, incluyendo 11 que se estaban buscando hace tiempo, describió una nota en Nature. Dos de esos centros comprendían un área de más de 100 hectáreas (tres veces lo que es la Ciudad del Vaticano). Y encontraron pirámides hechas de tierra, así como terrazas de seis metros de altura, a cuyo alrededor probablemente vivía la gente.

No se sabe por qué luego de 900 años esos asentamientos fueron abandonados. La datación con radiocarbono reveló que Casarabe desapareció hacia el año 1400. Hay indicios de que la región no siempre fue húmeda y tal vez por eso sus habitantes la abandonaron.


jueves, 10 de marzo de 2022

La demencia casi ausente de dos pueblos indígenas

Individuos del pueblo Mosetén, en Bolivia. Foto Wikipedia


¿Es la demencia en la edad adulta originada por la vida moderna o es un factor ineludible en todas las poblaciones?

Científicos hallaron algo interesante. Movidos muchos de ellos por encontrar un remedio para el alzheimer, exploran distintas poblaciones.

Resulta que hay dos grupos de indígenas en Bolivia que tienen la tasa de demencia más baja del mundo según los investigadores.

Se detectó que en los pueblos Tsiname y Mosetén solo 1 % sufre demencia, en contrate, por ejemplo, con el 11 % en Estados Unidos.

"Algo de la subsistencia preindustrial parece proteger de la demencia a los viejos Tsiname y Mosetén", explicó Margaret Gatz, profesora de psicología, gerontología y medicina preventiva en la USC (University of Southern California).

El estudio, publicado en Alzheimer's & Dementia: The Journal of theAlzheimer's Association, encontró solo cinco casos entre 435 Tsiname y solo 1 en 169 Moseten de 60 o más años.

En el grupo de mayores de 60 se diagnosticó cerca del 8 % de los Tsiname y 10 % de los Mosetén con pérdida cognitiva moderada, caracterizada por una etapa temprana de pérdida de memoria o declive en otra capacidad cognitiva, como lenguaje o la percepción espacial.

Los cerca de 17 000 Tsiname son muy activos durante toda su vida, cazando, pescando y cultivando con herramientas de mano y obteniendo frutos de la selva, mientras los casi 3000 Mosetén viven también en villas rurales y viven de la agricultura de subsistencia, siendo menos aislados que los Tsiname.

Otros 15 estudios de aborígenes en Australia, Brasil, Guam y Norteamérica han mostrado una prevalencia de alzheimer del 0,5 al 20 %.

Los estudios con aquellos dos grupos proseguirán para saber por qué presentan menos casos de demencia y entender la variación global humana de estas condiciones.


lunes, 23 de septiembre de 2019

500 jaguares afectados por incendios en Amazonas


Al perder su hogar, el jaguar entra en conflicto en otros territorios. Foto Wikipedia


Los fuegos en la Amazonia no solo destruyen decenas de miles de árboles sino que mueren muchos individuos de diferentes especies animales y vegetales.
Hay uno de los grandes animales objeto de conservación en América que ha sufrido lo indecible:
De acuerdo con la Organización Panthera, cerca de 500 jaguares pudieron quedar sin un hogar a raíz de los incendios amazónicos en Brasil y Bolivia.
Rugidos silenciosos de una tragedia enorme.
Hacia agosto, esa Organización había estimado en 100 el número, pero ha ido aumentando.
Esteban Payán, director para Sudamérica de esa Organización, explicó que “los incendios son un duro golpe para vida silvestre preciosa, tierras silvestres y comunidades humanas que viven y son soportadas por las selvas sudamericanas. El último estimativo sugiere que pueden ser responsables de la pérdida del hábitat de al menos 500 jaguares adultos residentes en Brasil y Bolivia, dejando sin hogar o incluso muertas muchas más especies pequeñas y vulnerables. Tristemente, hasta que llegue la lluvia el número probablemente aumentará”.
Al visitar el área de Santa Cruz en Bolivia, los científicos de Panthera superpusieron mapas de hábitats quemados y del rango de los felinos, determinando que en Bolivia se han destruido más de 2 millones de hectáreas de selva en uno de los focos críticos para los felinos en Sudamérica.
El paisaje felino boliviano alberga 8 especies. Incluidos jaguar, puma, ocelote, margay, oncilla del sur y jaguarundí, el gato de Geoffrey y el de las pampas.
La hacienda modelo de conservación de Panthera en Bolivia, San Miguelito, se asienta en ese paisaje felino (catscape en inglés), cerca de donde se desenvuelven los incendios amazónicos.
“Los incendios provocados por los humanos, como hemos visto en esta semanas, son una amenaza devastadora para la vida silvestre por su intensidad, escala y velocidad. Esos tres factores combinados significan que enormes parches de selva y la vida en ellos se pueden perder en cuestión de días”.
Aunque la especie se mueve más que otras, los jaguares que sobrevivan enfrentan una serie de amenazas, incluyendo pérdida de presas que se mueven lentamente, son nocturnas y menos adaptadas para escapar (de los fuegos). Al moverse a nuevos territorios, los jaguares sobrevivientes pueden entrar en conflicto con otros jaguares y con personas cuyo ganado es blanco fácil para animales hambrientos.
El estimado de jaguares muertos o sin hogar se basa en la evaluación de julio del Instituto Nacional Brasileño de Investigaciones Espaciales de áreas quemadas equivalentes a 4281 kilómetros cuadrados, y datos de la oficina del Secretariado Ambiental de la Gobernación de Santa Cruz que reportó 2 440 000 hectáreas casi la mitad en áreas protegidas en el este de Bolivia, y una densidad estimada de 2,5 jaguares por 100 kilómetros cuadrados.