Mostrando entradas con la etiqueta insomnio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta insomnio. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de agosto de 2026

¿Popó contra el insomnio?

Cerca de un 10 al 15 % de los adultos padecen insomnio de forma crónica extendida. Foto Flickr/Charlotte Spencer


Uno de los problemas que debilita el cuerpo y la mente y puede derivar en situaciones graves, es el insomnio. Es tratado de diversas maneras, no siempre exitosas. Hay a quienes les son útiles diversas pastillas para dormir.

Un pequeño nuevo estudio, publicado en el Journal of Internal Medicine, sugiere que puede haber otra herramienta a la mano: el popó. Sí, un trasplante de materia fecal,

Luego del trasplante, las personas que lo recibieron mostraron una microbioma intestinal más diversa que quienes no fueron tratados. También la eficiencia del sueño, es decir el porcentaje de tiempo que permanecían dormidos en cama, también aumentó. 

Si futuros estudios lo confirman, podría ser útil para algunos casos de insomnio. Entonces, ¿por qué no unas pastillas de... popó?

martes, 4 de noviembre de 2025

Tomar melatonina mucho tiempo no parece bueno

El uso prolongado de suplementos de melatonina podría afectar la salud del corazón y aumentar el riesgo de muerte. Foto AHA


Es de uso extendido y se encuentra con facilidad, Millones de personas la toman sin ningún inconveniente y sin receta médica. En el congreso de la American Heart Association se presenta un estudio que indica que el uso prolongado de los suplementos de melatonina se relacionó con un mayor riesgo de diagnóstico de insuficiencia cardiaca.

Esta medicina se ingiere para promover el sueño y tratar el insomnio.

Aparte de la insuficiencia, se encontró que se presentan más hospitalizaciones por esta y muertes por cualquier causa en casos de insomnio crónico.

La melatonina es una hormona que el cuerpo produce de manera natural mediante la glándula pineal, que ayuda a regular el ciclo del sueño. Los niveles aumentan con la oscuridad y disminuyen con la luz del día. Y se emplean versiones sintéticas de la hormona para tratar las dificultades para dormir. Los suplementos son de uso libre y no tienen control para evaluar los niveles de concentración y su pureza. Además, se promocionan como una forma segura para problemas del sueño.

En el estudio se trabajó con personas que habían tomado melatonina durante más de un año.

Ekenedilichukwu Nnadi, autor principal del estudo y jefe residente de Medicina Interna en SUNY Downstate/Kings County Primary Care en Brooklyn, Nueva York, explicó que "Los suplementos de melatonina quizás no son inofensivos como se cree comúnmente. Si se confirma nuestro estudio, esto podría afectar la manera en que los médicos aconsejan a los pacientes con respecto a los productos para favorecer el sueño".

El estudio encontró, entre otros datos:

-Entre los adultos con insomnio con uso prolongado de melatonina tuvieron cerca de un 90 % más de probabilidad de sufrir insuficiencia cardiaca incidental en comparación con usuarios que no tomaron melatonina.

-Hubo un resultado similar (82 %) más alto cuando los investigadores analizaron personas que surtieron por lo menos dos recetas de melatonina con un mínimo de 90 días de diferencia (en el Reino Unido necesita receta médica).

-Los pacientes que tomaban melatonina tenían casi 3.5 veces más probabilidades de ser hospitalizados debido a insuficiencia cardiaca.

-Los pacientes que tomaban melatonina tenían casi el doble de probabilidades de morir por cualquier causa frente a los que no la ingerían.

Nnadi enfatizó que "En General, se considera que los suplementos de melatonina son una opción segura y 'natural' para ayudar a lograr un mejor sueño, por lo que fue sorprendente ver tales aumentos constantes y significativos en resultados de salud graves, incluso después de equilibrar otros factores de riesgo".

El estudio de nprobó una relación causa-efecto y por eso se requieren más investigaciones para determinar la seguridad de la melatonina.

jueves, 2 de octubre de 2025

Personas que duermen mal tienen un cerebro más viejo

Cuando se duerme mal el cerebro se afecta y envejece más rápido. Foto Public Domain


Dormir mal no solo es incómodo, mucho más si es una situación repetitiva, sino que se ha asociado a situaciones como el desarrollo de demencia más tarde en la vida. En un nuevo estudio del Karolinska Institutet en Suecia, se sugiere que hay un efecto que entrelaza todo.

La investigación, publicada en eBioMedicine, concluye que dormir mal envejece el cerebro. Sí, por esa razón puede parecer más viejo de la edad biológica de la persona.

El estudio se centró en las características del sueño y cuán viejo aparece el cerebro e incluyó a 27 500 personas de edad media y mayores.

El sueño de los participantes se evaluó según cinco factores, reportados por las personas: cronotipo (ser una persona de la mañana o de la tarde), duración, insomnio, ronquido y somnolencia durante el día. Y se dividieron en tres grupos: saludable, intermedio o malo.

Los análisis revelaron que los que dormían mal tenían un cerebro un año más viejo en promedio que la edad real de la persona. Hallaron además que la inflamación respondía por un 10 % de la relación entre mal sueño y la edad del cerebro.

Otra posibilidad es que se debe a la deficiente limpieza cerebral que se produce durante el sueño, o que dormir mal afecte la salud cardiovascular, que a su vez puede tener un efecto negativo sobre el cerebro.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Insomnio aumenta riesgo de demencia

El insomnio no solo se relaciona con el descanso necesario sino con la salud cerebral y el envejecimiento. Foto Pexels


No solo es una condición muy molesta, irritante, enloquecedora, sino que le pasa factura al cerebro. El insomnio acelera el envejecimiento del cerebro y abre una gran puerta hacia la demencia o a tener problemas cognitivos leves.

Es que una investigación aparecida en Neurology concluyó que las personas con insomnio crónico pueden experimentar declives acelerados en la memoria y capacidades de pensamiento a medida que envejecen -junto con cambios cerebrales que pueden verse en exploraciones con imágenes.

Los datos adquiridos son inquietantes. Entre otros, veamos:

El insomnio crónico, es decir tener problema para dormir al menos tres días en la semana durante tres o más meses, aumenta 40 % el riesgo de desarrollar problemas cognitivos leves o demencia, frente a aquellos que duermen bien y esto equivale a 3.5 años adicionales de envejecimiento.

El estudio no probó que el insomnio cause envejecimiento cerebral, pero sí encontró una asociación.

Diego Carvalho, médico autor, de Mayo Clinic en Rochester (Estados Unidos) dijo que "El insomnio no solo afecta cómo uno se siente al día siguiente, sino que también puede impactar con el tiempo la salud mental". Agregó que "Vimos un declive más rápido en las capacidades de pensamiento y cambios en el cerebro que sugieren que el insomnio crónico podría ser una señal temprana de alerta o incluso un contribuyente a problemas cognitivos futuros".

Se encontró que algunos grupos son más vulnerables. Por ejemplo quienes poseen el gen APOE e4, relacionado con el riesgo de alzheimer, mostraron una reducción más pronunciada en la memoria y capacidades de pensamiento.

Los hallazgos, dijo Carvalho, "Refuerzan la importancia de tratar el insomnio crónico -no solo para mejorar la calidad del sueño sino potencialmente para proteger la salud cerebral a medida que envejecemos. Nuestros resultados se suman a un creciente cuerpo de evidencias de que dormir no es solo acerca de descansar -también es sobre la resiliencia del cerebro".

miércoles, 23 de julio de 2025

Estos ejercicios pueden servir contra el insomnio

El insomnio es un problema de salud que puede derivar en condiciones graves para las personas. Foto Flickr


Es un problema global. Se estima que hasta un tercio de la población adulta en el mundo tiene problemas de insomnio, esa dificultad para caer dormido y mantener el sueño y un despertar muy temprano. Una condición que puede derivar en problemas cardiovasculares y en demencia. 

Ahora, un estudio publicado en BMJ Evidence Based Medicine, sugiere un arma que debería estar en primera línea para tratar esa condición.

¿Cuál es esa arma? El estudio encontró que el yoga, el Tai Chi, caminar y trotar pueden ser las mejores formas de ejercicio para mejorar la calidad del sueño y disminuir el insomnio. Es decir, el ejercicio es esa herramienta que puede ser útil en muchos casos.

Esta agobiadora condición se trata muchas veces con drogas, que pueden tener efectos colaterales; también se usa la terapia cognitivo conductual, aunque no siempre hay expertos que la manejen.

Más y más estudios han sugerido que el ejercicio podría ayudar, pero no se habían adentrado en el estudio de qué tipo era mejor.

En la nueva investigación se trabajó con 1348 participantes y con 13distintos tipos de tratamiento para reducir el insomnio, siete de los cuales eran ejercicios: yoga, Tai Chi, caminada, trote, aeróbico más fuerza, fuerza sola, ejercicio aeróbico combinado con terapia, y ejercicios aeróbicos combinados. Programas con una duración de entre 4 y 26 semanas.

Los otros fueron la terapia cognitiva, higiene del sueño, Ayurveda, acupuntura/masaje, nada y un tratamiento existente, programas con duración de 6 a 26 semanas.

 La terapia cognitiva aumentó más el tiempo de sueño, pero las intervenciones con ejercicios también parecieron efectivas en comparación con un tratamiento en ejecución.

El yoga aumentó 2 horas el sueño, caminar o trotar redujo la severidad del insomnio y el Tai Chi redujo la mala calidad del sueño aumentó el tiempo de sueño en 50 minutos y redujo el tiempo de permanencia despierto luego de tener sueño en una hora.

Esto se debe posiblemente a que el yoga controla la respiración y se enfoca en la conciencia del cuerpo y puede alterar la actividad cerebral. El Tai Chi enfatiza el control de la respiración y el relajamiento físico, y disminuye la actividad del sistema simpático nervioso.

Por su parte caminar y trotar pueden mejorar el sueño por el gasto de energía, menor producción de cortisol y una regulación emocional.

jueves, 1 de mayo de 2025

17 factores que suben riesgo de demencia, depresión y derrame

Si se modifican comportamientos y hábitos de vida disminuye el riesgo de condiciones adversas serias para la vida. Fito Flickr


Existen 17 factores que inciden en el riesgo de derrame cerebral, demencia y depresión tarde en la vida, factores que son estilos de vida modificables y que por lo tanto pueden convertirse en unb medio para reducir el riesgo de esas tres nocivas condiciones.

La investigación fue publicada en el Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry y se basó en el análisis de 59 metaanálisis. 

Y aunque parecen condiciones no relacionadas, sí lo están. Las personas que tienen demencia o depresión o que experimentan un derrame es probable que tengan una de las otras dos condiciones, de acuerdo con Sanjula Singh, cabeza de la investigación, del Brain Care Labs en el Massachusetts General Hospital, citado por The New York Times.

Algunos de esos factores de riesgo son comunes a esas tres enfermedades del cerebro, incluyendo la hipertensión y la diabetes. Los estudios sugieren que al menos 60 % de los derrames, 40 % de los casos de demencia y 35 % de los casos de depresión tardía se podrían prevenir o disminuir controlando los factores de riesgo.

Pero al grano.

Los factores que protegen contra enfermedades cerebrales:

-Bajo o moderado consumo de alcohol. En este menos siempre será más,

-actividad cognitiva, involucrarse de manera regular en actividades mentales estimulantes,

-una dieta alta en vegetales, frutas, lácteos, pescado y nueces,

-de moderados a intensos niveles de actividad física.

-tener sentido del propósito de la vida,

-una extensa red social.

Los factores que aumentan el riesgo de padecer aquellas tres condiciones, son:

-Presión sanguínea alta,

-índice de masa corporal elevado,

-azúcar en la sangre alta,

-colesterol total alto,

-síntomas depresivos,

-una dieta alta en carnes rojas, bebidas azucaradas, dulces y sal,

-pérdida auditiva,

-enfermedad renal,

-dolor, en particular el que interfiera con las actividades,

-problemas del sueño: insomnio, mala calidad del sueño o dormir más de ocho horas,

-historia de persona fumadora,

-soledad y aislamiento,

-estrés general o eventos de vida estresantes.

El estudio, vale aclarar, solo miró factores relacionados con al menos dos de las tres condiciones citadas.

(Son 19 factores, pero hay dos que igual suben el riesgo o lo disminuyen: la dieta y las relaciones sociales).

miércoles, 7 de agosto de 2024

Hallan sustancia que hace que nos decidamos a hacer ejercicio

Una joven en calentamiento para trotar. En la decisión sobre hacer ejercicio o no, hay sustancias involucradas en nuestro cerebro. Foto Public Domain Pictures 


La situación es bien común. Creo que a casi todos nos ha sucedido: ¿hacemos ejercicio o... mejor no y nos comemos un postre y tomamos un café? Sí o no, la disyuntiva que tiene lugar en el cerebro cuando se trata de tomar una decisión sobre este caso.

De hecho, es uno de los propósitos de cada año que más fracasan: este año sí hago ejercicio. Y científicos en ETH Zurich parecen haber hallado al responsable de que se decida por el ejercicio o no.

Les explico: Descifraron qué químico y cuáles neuronas median en la decisión.

Y hay más:

Pero respondamos de una la inquietud: los responsables son la sustancia mensajera orexina y las neuronas que la producen.

Se sostenía que en esta decisión estaban implicadas otras sustancias como la serotonina y la dopamina, que fueron halladas hace mucho tiempo. La orexina es de hallazgo reciente.

"En neurociencias, la dopamina es una explicación popular de porqué elegimos hacer unas cosas y evitamos otras", explicó Denis Burdakov, profesor en aquella institución, pero "Nuestro conocimiento actual acerca de la dopamina no explica con facilidad porqué decidimos ejercitarnos en vez de comer", y eso se debe a que "Nuestro cerebro libera dopamina tanto cuando comemos como cuando nos ejercitamos, lo que no explica porqué elegimos una sobre la otra".

Para averiguar qué sustancia estaba implicada, los investigadores ingeniaron un experimento con ratones, que tenían para elegir una entre ocho opciones en pruebas de diez minutos, opciones entre las que estaba una rueda donde podían correr y una barra de dulce que también les gusta (como a nosotros porque contiene mucho azúcar, grasa y sabe bien).

Prosigo:

Había ratones normales y un grupo al que se le había bloqueado la orexina. Si se les ofrecía solo una opción de aquellas, no había diferencia. Pero cuando se les daban las dos al tiempo el asunto cambiaba.

El científico Burdakov comentó que "Esto significa que el rol primario del sistema orexina no es controlar cuánto se mueven o comen los ratones". ¿Entonces? Agregó que "Más bien, parece que es central a hacer una decisión entre una y otra (opción), cuando ambas están disponibles".

Es que cuando no tenían intacto el sistema orexina la decisión se inclinaba hacia comer la barra con el dulce.

¿Qué seguirá?

Esperen les cuento:

Se trata de validar en humanos los hallazgos, que pueden ser similares pues las funciones cerebrales son prácticamente las mismas en ambas especies. Para eso a las personas se les suministraría una droga que bloquea la orexina, que está autorizada para el insomnio, o examinar pacientes que sufren de narcolepsia, uno en  2000, que por razones genéticas tienen el sistema restringido.

De confirmarse, ¿Qué sigue?

No sería descabellado pensar en ofrecer una solución, para que hagan ejercicio, a quienes tienen alterada la orexina. 

El estudio fue publicado en Nature Neuroscience.


domingo, 5 de febrero de 2023

Otro gran beneficio de las zonas verdes en las ciudades

Las áreas verdes y azueles urbanas sí inciden en la salud de las personas. Foto Wikipedia Commons


Los espacios verdes, esos que en muchas urbes desaparecen a pasos agigantados, logran algo impensado hasta ahora: ayudan a rebajar el uso de ciertas medicinas de prescripción.

Un estudio en Finlandia encontró que la visita frecuente a los espacios verdes urbanos, tales como los parques comunitarios, no tanto la cantidad de ellos vista, por ejemplo, desde el hogar, hace que disminuya el uso de medicamentos para problemas como la depresión, la ansiedad, el insomnio, la presión arterial alta y asma.

Se ha sabido que la exposición a ambientes naturales es buena para la salud. En esta ocasión los investigadores querían saber si la cantidad de espacios verdes y azules (agua), la frecuencia de visitas a esos espacios y las vistas de tales espacios desde la casa podían estar separadamente asociados con el uso de de ciertas medicinas prescritas. Y eligieron las medicinas para las citadas condiciones de salud.

Recogieron una encuesta con 16 000 residentes de varias ciudades. Se reunió información de cómo esas personas, de 25 y más años, experimentaban los espacios verdes y azules en un radio de1 kilómetro de sus casas. También se les preguntó por las medicinas que tomaban, en un rango de un mes a más de un año-

Se les inquirió por cuánto tiempo pasaban fuera o ejercitándose en espacios verdes, en rangos de 1 a 5 veces por semana.

Los espacios verdes fueron definidos como bosques, jardines, cementerios, zoológicos, grama natural. Y los azules como el mar, ríos y lagos.

Al final, unos 6000 entregaron toda la información. Y la vista de tales espacios desde casa no se relacionó con un menor uso de las medicinas.

Pero sí la frecuencia a esos espacios verdes. Visitarlos 3 a 4 veces por semana se asoció con un 33% de menor probabilidad de usar las medicinas para situaciones mentales, 36 % en medicamentos para la presión y 24 % para asma.

Las visitas 5 veces a la semana reducían su uso probable en 22 %, 41 % y 24 % respectivamente.

Las asociaciones eran menos según el índice de Masa Corporal, en particular para el asma, pues esa condición incide en ese problema respiratorio.

Se trató de un estudio observacional, es decir no se puede establecer una relación causa-efecto.

De todas formas refuerza lo que han dicho otros estudios sobre los beneficios de los espacios verdes tanto para las enfermedades mentales como físicas.

El estudio fue publicado en Occupational & Environemntal Medicine.