sábado, 3 de octubre de 2026

Así producen cáncer los virus y bacterias

La prevención de infecciones por virus y bacterias reduce el riesgo de cáncer provocado por estos organismos. Foto Public Domain


Más de 2.3 millones de nuevos casos de cáncer en el mundo (12 % del total) en 2024 fueron causados por una infección. De estos, la mayoría fueron causados por cinco patógenos: Helicobacter pylori (4 %), papilomavirus humano (4 %), hepatitis B (2 %), virus Epstein-Barr (1 %) y hepatitis C (menos de 1 %).

Los datos fueron revelados por un nuevo estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en The Lancet Oncology.

Pero, ¿cómo puede un virus causar cáncer? Se sabe que de manera directa o indirecta puede cambiarlos genes de la célula que infecta, haciendo que sea más probable que crezca de manera descontrolada y eventualmente convertirse en cáncer. Esto lo hace de tres maneras principales.

Una, anulando la capacidad de la célula de destruirse o de dejar de dividirse. Estos dos mecanismos los hace la célula si es infectada por un virus.

Dos, insertando su propio ADN dentro del ADN de la célula infectada, hecho que puede alterar de modo accidental los genes que controlan la muerte celular o la división de la célula.

Tres, cuando el virus porta un gen que causa cáncer (oncogen), gen que en muchos casos ha tomado el gen de otro organismo.

No solo son los virus. También las bacterias pueden causar cáncer, como el H. pylori, o parásitos como Opisthorchis viverrini, un tipo de gusano en el hígado. Pero estos actúan de manera más indirecta que los virus. Una infección prolongada  por estos tipos de organismos puede causar estrés en los tejidos, generando inflamación sobre activa, dañando más los tejidos. Ese estrés puede dañar el ADN en las células o generar errores durante la división celular, generando ambos casos mutaciones que pueden derivar en cáncer.

Lo positivo es que las infecciones por virus y bacterias se pueden controlar si se actúa a tiempo y así se evita que incidan en el desarrollo de cáncer.

viernes, 2 de octubre de 2026

¿Y si un satélite nos golpea la cabeza?

Aumenta la cantidad de basura espacial, partes de cohetes y satélites que reingresan a la atmósfer cada día. Una amenaza creciente. Foto SpaceX by Pixnio


Por la frecuencia de los lanzamientos orbitales, ya algunas órbitas terrestres están tan saturadas: contienen tal cantidad de restos de satélites fuera de servicio y etapas de cohetes agotadas, que se desplazan a gran velocidad y suponen un peligro potencial que podrían poner en riesgo el futuro de la humanidad en el espacio. Esto concluyen expertos de la Agencia Espacial Europea (ESA), quienes lanzan varias advertencias en su nuevo Informe sobre el entorno espacial 2026. 

El informe estima que el riesgo de víctimas debido solo a la reentrada de etapas superiores de cohetes superó el 4 % en 2024 -habiendo duplicado la cifra de 2020-, dijo Ewan Wright, especialista en entorno espacial de la Universidad de Columbia Británica (Vancouver, Canadá). En 2024, unas 124 etapas de cohetes reentraron en la atmósfera de forma incontrolada, es decir más de dos por semana, declaró Wright, citado por Space.com. "Si este nivel se mantiene durante la próxima década, el riesgo de que alguien, en algún lugar, muera a causa de los restos de un cohete es del 33 %", afirmó.

Wright indicó que el riesgo de víctimas asociado a los satélites también está aumentando, llegando a 1 % en 2024. "La probabilidad de que una aeronave sufra un impacto o de que se cierre el espacio aéreo debido a una reentrada también crece a medida que más objetos reentran en la atmósfera", precisó el experto.

En su opinión, son riesgos evitables. Para él, "Debería exigirse que todos los cohetes realizaran reentradas controladas en el océano, lejos de personas y aeronaves, para eliminar el riesgo por completo".

El entorno orbital terrestre es un recurso finito. Demasiados satélites permanecen en órbitas altamente congestionadas al finalizar su vida útil, lo que genera un riesgo creciente de colisiones. Además, cada día reentran en la atmósfera terrestre una media de más de tres satélites o cuerpos de cohetes intactos. Al mismo tiempo, se lanzan diez nuevas cargas útiles a diario.

Otro aspecto del uso del espacio que está cobrando relevancia es la preocupación por la contaminación atmosférica generada por la reentrada de equipos espaciales. Un comunicado de la ESA relacionado con el informe sugiere que una primera tarea consiste en recopilar datos sobre el alcance y los detalles de dicha contaminación, "para garantizar una base científica sólida para cualquier medida de mitigación, si fuera necesaria".

Nota: con datos de Space.com

jueves, 1 de octubre de 2026

Los males que producen los alimentos ultraprocesados

Los alimentos ultraprocesados de todo tipo son cada vez más un problema de salud pública serio e incide en mayor riesgo de enfermedades y muerte. Foto Easy-Peasy AI


Las comidas listas para consumir y los aperitivos que solo requieren calentarse se han vuelto cada vez más habituales en las dietas de todo el mundo en las últimas décadas. A medida que aumenta el consumo de estos productos altamente procesados, los investigadores han intentado determinar si existe una cantidad segura de ingesta y en qué punto comienzan los riesgos para la salud a largo plazo.

Un amplio análisis combinado, publicado en la revista de acceso abierto Family Medicine and Community Health, reveló que un mayor consumo estaba vinculado a un riesgo más elevado de padecer diversas enfermedades crónicas y de morir por cualquier causa. En un conjunto de 51 estudios que abarcaron a 8.819.894 adultos, se observó que los riesgos aumentaban, por lo general, en función de la cantidad consumida.

Los alimentos ultraprocesados ​​se someten a un intenso procesamiento industrial y suelen contener diversos aditivos. Asimismo, tienden a tener un alto contenido calórico, de azúcar y de sal, al tiempo que aportan cantidades relativamente bajas de fibra, proteínas, vitaminas o minerales. Sin embargo, comprender su relación con la salud requiere ir más allá de conocer su composición. Los investigadores se propusieron examinar cómo la cantidad consumida se relacionaba con la probabilidad de desarrollar enfermedades a lo largo del tiempo.

Abordaron esta cuestión de dos maneras: comparando a personas con una ingesta elevada frente a una baja, y analizando cómo variaba el riesgo con cada cantidad adicional consumida. En el caso de los eventos cardiovasculares, un mayor consumo se asoció a un riesgo un 24 % superior. Al analizar las cantidades diarias, se observó que cada 100 gramos adicionales (unas 3,5 onzas) se vinculaban a un aumento del 14 % en el riesgo. Los eventos cardiovasculares estudiados incluyeron infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares (ictus), ataques isquémicos transitorios —a veces denominados miniictus—, enfermedad de las arterias coronarias y muerte de origen cardiovascular.

Estos porcentajes reflejan diferencias relativas entre los riesgos; no significan que el 24 % o el 14 % de las personas que consumían estos alimentos sufrieran un evento cardiovascular.

En cuanto al cáncer, el análisis vinculó un mayor consumo a un riesgo un 12 % superior, mientras que cada 100 gramos adicionales diarios se asociaron a un incremento del 4 %. Los desenlaces oncológicos examinados incluyeron las muertes por cáncer. La mortalidad por cualquier causa también fue más probable entre las personas con una mayor ingesta, observándose un riesgo general un 18 % mayor y un aumento del 3 % asociado a cada incremento de 100 gramos en el consumo diario.

Los hallazgos también vincularon el consumo de alimentos ultraprocesados ​​con problemas relacionados con el azúcar en sangre, la presión arterial y el peso corporal. Un mayor consumo se asoció con un riesgo un 24 % mayor de síndrome metabólico o diabetes. El síndrome metabólico engloba un conjunto de afecciones —entre ellas, niveles elevados de presión arterial y de azúcar en sangre— que, en conjunto, aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y diabetes. El análisis también reveló un riesgo un 11 % mayor de hipertensión arterial y un riesgo un 23 % mayor de sobrepeso u obesidad entre las personas con una mayor ingesta.

En el caso del síndrome metabólico o la diabetes, cada incremento de 100 gramos en el consumo diario se asoció a un aumento del 2 % en el riesgo. Los investigadores también analizaron el consumo medido por peso o por aporte energético, hallando un riesgo un 16 % mayor por cada aumento del 10 % en la ingesta de alimentos ultraprocesados ​​según estas mediciones.

Estas asociaciones se extendieron a la salud digestiva y mental: un mayor consumo se vinculó a un riesgo un 31 % mayor de enfermedades digestivas y a un riesgo un 27 % mayor de depresión o ansiedad. Varias de las enfermedades crónicas analizadas pueden coexistir en una misma persona —situación conocida como multimorbilidad—, un aspecto que los investigadores tuvieron en cuenta al abordar las estrategias de prevención y atención.

"Dado que las enfermedades crónicas relacionadas con los alimentos ultraprocesados ​​a menudo se presentan de forma conjunta (multimorbilidad), reducir su consumo y sustituirlos por alternativas mínimamente procesadas podría resultar relevante para la prevención de enfermedades crónicas y su manejo en la atención primaria", concluyen.