jueves, 22 de octubre de 2026

Dar más pasos al día mejora la atención y la toma de decisiones

La cantidad de pasos dados cada día inciden en la salud mental y en aspectos como la concentración, la atención y el autocontrol. Fto Pexels


Dar unos pasos adicionales puede marcar una gran diferencia en su salud cognitiva. La actividad física ha demostrado, una y otra vez, sus beneficios tanto para la mente como para el cuerpo. La actividad física regular, como caminar, se asocia con una presión arterial más baja; por el contrario, una presión arterial elevada se ha relacionado con una peor salud cerebral.

Sin embargo, gran parte de la investigación que explora la conexión entre la hipertensión y la salud cognitiva se ha basado en los niveles de actividad declarados por los propios participantes. En un estudio reciente, los investigadores adoptaron un enfoque más objetivo para determinar si mantenerse activo y controlar la presión arterial a lo largo de los años podría ayudar a preservar capacidades cognitivas como la atención, la concentración y el autocontrol.

Durante un periodo de 14 años (2009–2023), se realizó un seguimiento del número de pasos diarios mediante dispositivos Fitbit, junto con mediciones de la presión arterial. Al finalizar el periodo de estudio, los participantes completaron cuatro pruebas computarizadas, cada una centrada en una capacidad mental distinta.

Los datos revelaron que, a mayor número de pasos diarios, mejor era el desempeño en las pruebas que medían la atención sostenida, la concentración y la planificación orientada a recompensas.

En promedio, cada 1.000 pasos adicionales al día se asociaron con mejores puntuaciones en estas tareas cognitivas. Asimismo, una mayor presión arterial sistólica solo se vinculó con un peor rendimiento en la prueba de toma de decisiones, sin mostrar un impacto significativo en otros parámetros cognitivos.

Los hallazgos fueron publicados en la revista Scientific Reports.

Habilidades cognitivas como una buena memoria, una gran capacidad de concentración y la aptitud para prestar atención pueden parecer los ingredientes necesarios para un estudiante brillante; no obstante, estas capacidades son igual de importantes en nuestra vida cotidiana, ya que influyen en nuestra forma de trabajar y de interactuar con el mundo que nos rodea.

Lamentablemente, se prevé que el deterioro cognitivo leve sea cada vez más frecuente en las próximas décadas. Solo en Estados Unidos, se espera que los casos aumenten de 14,37 millones en 2025 a 21,55 millones para el año 2060. Asimismo, se estima que los casos de demencia casi se duplicarán, pasando de 7,16 millones a 13,85 millones durante el mismo periodo.

A medida que estas cifras aumentan y la población envejece, resulta cada vez más importante identificar hábitos de estilo de vida que nos ayuden a proteger nuestra salud cognitiva. Investigaciones previas sugerían que mantenerse activo protege el cerebro, mientras que la presión arterial alta lo perjudica. Sin embargo, en una revisión importante, 44 de los 46 estudios analizados se basaron en niveles de actividad declarados por los propios participantes.

Los autoinformes suelen ser imprecisos, por lo que las personas pueden sobreestimar o subestimar fácilmente cuánto se mueven en realidad. Además, a menudo los estudios examinaban la actividad física o la presión arterial por separado, en lugar de evaluar cómo ambos factores interactúan a lo largo del tiempo.

El estudio incluyó a 3093 adultos de entre 18 y 93 años, participantes del programa de investigación All of Us. Los investigadores emplearon un diseño de dos etapas: un periodo de observación de 14 años seguido de una evaluación cognitiva al finalizar el estudio.

Durante el periodo de observación, registraron el número diario de pasos de los participantes mediante dispositivos portátiles (wearables) y monitorearon las tendencias a largo plazo de la presión arterial sistólica (la cifra superior) y diastólica (la cifra inferior) a través de historias clínicas electrónicas.

Para medir la función cerebral, realizaron pruebas que evaluaron la atención sostenida y la concentración; el control cognitivo y la capacidad de filtrar distracciones; el autocontrol y la planificación orientada a recompensas; así como el reconocimiento de emociones en contextos sociales.

Los datos indicaron que, a mayor cantidad de pasos diarios, mayor agudeza mental. A largo plazo, quienes registraron un mayor número de pasos diarios mostraron un mejor desempeño a la hora de mantener la concentración, ignorar distracciones y controlar sus impulsos.

Para profundizar en este análisis, los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos según su promedio diario de pasos: el grupo A (baja actividad, con unos 5100 pasos), el grupo B (actividad intermedia, con unos 8900 pasos) y el grupo C (alta actividad, con unos 14 200 pasos). Los participantes de los grupos B y C obtuvieron puntuaciones cognitivas significativamente más altas que los del grupo A.

La presión arterial resultó tener un papel sorprendentemente limitado. La presión diastólica no mostró ninguna relación significativa con los resultados de las pruebas cognitivas, y una mayor presión sistólica solo afectó a una de las cuatro áreas evaluadas. Asimismo, se observó que una menor presión arterial explicaba apenas el 4,8 % de la relación entre la actividad física y el autocontrol.

Por lo tanto, los investigadores sugieren que los beneficios del ejercicio para la salud cerebral van más allá de la reducción de la presión arterial. Podrían actuar mediante mecanismos tales como fomentar la neuroplasticidad, reducir la inflamación sistémica o mejorar el metabolismo de la glucosa. Independientemente de si están o no relacionados con la disminución de la presión arterial, caminar a diario constituye un punto de partida accesible para abordar la cuestión más amplia de cómo el estilo de vida se vincula con la salud cerebral.

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