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domingo, 19 de abril de 2026

Hay un tipo de aceite de oliva útil para el cerebro

El aceite de oliva tiene otros beneficios además de los que ya se conocían, pero estos dependen de que sea extra virgen, un proceso que ayuda a mantener sus componentes. Foto Public Domain


Hay un aceite que puede proteger el cerebro para mejorar la salud cognitiva. Es el aceite extra virgen de oliva y eso lo concluye un estudio publicado en Microbiome, en el cual los investigadores siguieron a 656 adultos durante dos años, con edades entre 55 y 75 años, con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico.

Se ha sabido que ese aceite mejora la salud cardiaca y metabólica y ahora se prueba que también la función cognitiva. En el seguimiento a los participantes se rastreó la dieta que seguían, incluido el uso de aceite extra virgen de oliva o aceite refinado de oliva.

Los resultados mostraron claras diferencias, de acuerdo con el tipo de aceite consumido. Quienes usaron de manera regular el aceite extra virgen experimentaban mejoras en la función cognitiva y tenían un más diversa microbioma intestinal, que es considerada una señal de mejor salud intestinal y metabólica.

En contraste, quienes consumían el aceite refinado de oliva tendían a mostrar una disminución en la diversidad de la microbiota con el tiempo.

La diferencia entre el aceite extra virgen y el refinado proviene de cómo se producen. El extra virgen se obtiene mediante métodos mecánicos. El refinado, por su parte, sufre un proceso industrial para remover impurezas. Mientras este proceso de refinación mejora la vida en estantería y la consistencia en el sabor, reduce componente benéficos como antioxidantes, polifenoles, vitaminas y otras sustancias activas.

Jordi Salas Salvado, autor principal, explicó que "Esta investigación refuerza la idea de que la calidad d ela grasa que consumimos es tan importante como la cantidad; el aceite extra virden de oliva no solo protege el corazón, sino que también puede preservar el cerebro durante el envejecimiento".

martes, 10 de junio de 2025

Era un monstruo de animal y comía... florecitas

Ilustración de cómo debió lucir un saurópodo. Imagen Travis Tischler


Enormes animales que poblaron la Tierra hace más de 100 millones de años. Este saurópodo debió vivir entre hace 94 y 131 millones de años. Un gigantón, que ahora es noticia.

¿Por qué? Porque en su estómago hallaron rastros de lo que comía. Era un gigante que se alimentaba de plantas, herbívoro total según parece.

Conocer qué comían los dinosaurios es pregunta interesante para científicos para entender su biología y el papel que desempeñaron en esos antiguos ecosistemas. Hasta ahora muy pocos rastros de alimentación se habían hallado, pocos cololitos, o contenido fosilizado del estómago.

Esto cambió con el hallazgo en 2017, en la formación Winton en Queensland, Australia, de un esqueleto casi completo de un individuo subadulto, un saurópodo Diamantinasaurus matildae, de la mitad del Cretáceo. Su estudio permitió descubrir una capa de roca fracturada que parecía contener un cololito, consistente en varios fósiles de plantas bien preservados.

El análisis permitió descubrir que los saurópodos tenían mínimo procesamiento de su alimento, dependiendo de la fermentación de la microbiota estomacal para la digestión. El cololito incluía variedad de plantas, incluido follaje de coníferas (plantas con semillas que producen conos), cuerpos fructíferos de helechos con semillas (estructuras vegetales que contienen semillas) y hojas de angiospermas (plantas con flores), lo que indica que Diamantinasaurus era un consumidor indiscriminado y en altas cantidades.

Stephen Poropat, de Curtin University, líder del estudio publicado en Current Biology, expresó que "Las plantas en el interior muestran evidencia de haber sido cortadas, posiblemente mordidas, pero no masticadas, lo que apoya la hipótesis de la alimentación en masa de los saurópodos".

También se hallaron biomarcadores químicos tanto de angiospermas como de gimnospermas, un grupo de plantas leñosas productoras de semillas que incluye las coníferas. Para Poropat, "esto implica que al menos algunos saurópodos no se alimentaban selectivamente, sino que comían cualquier planta que pudieran alcanzar y procesar de forma segura. Por eso, "Estos hallazgos corroboran en gran medida las ideas previas sobre la enorme influencia que los saurópodos debieron tener en los ecosistemas de todo el mundo Durante la Era Mesozoica".

Estos animales vivieron desde hace unos 210 millones de años hasta hace 66 millones y se distinguían por su gran cuello largo y cabeza pequeña, patas gruesas y cola robusta.

lunes, 27 de mayo de 2024

Estudio halla una forma fácil de mejorar el sistema inmunitario

Jardinear en el patio de la casa o en su interior puede mejorar el sistema inmunitario de las personas que hacen la actividad con frecuencia. Foto Wikipedia Commons 


Para mejorar el sistema inmunitario, hay una nueva alternativa: jardinear. Sí, y no es cuento de revista de modas ni de viviendas, es el resultado de un trabajo de científicos.

Un mes de jardinear en la casa aumenta la diversidad bacteriana de la piel y esto se asocia con mayores niveles de moléculas antinflamatorias.

Mika Saarenpää investigó en su tesis doctoral, entre otras cosas, cómo la exposición microbiana que promueve la salud de residentes urbanos, en particular aumentando su regulación inmunitaria, se podía incrementar con facilidad a través de actividades significativas integradas a la vida diaria.

En su investigación, personas realizaban jardinería urbana, una actividad natural para ellas que puede derivar en cambios a largo plazo en el funcionamiento del sistema inmunitario.

"Un mes de jardinería urbana en interior aumentó la diversidad de bacterias en la piel de las personas y se asoció con niveles más elevados de citoquinas antinflamatorias en la sangre.

El grupo estudiado utilizó un medio de crecimiento con alta diversidad de bacterias, emulando el suelo del bosque. En contraste, el grupo de control usó un medio pobre en bacterias y en estos no se observaron cambios ni en la sangre ni en la microbiota en la piel.

"Los hallazgos son significativos, pues la urbanización ha llevado a un aumento considerable de enfermedades mediadas por el sistema inmunitario, como alergias, asma y enfermedades autoinmunes, generando altos costos en la salud. Vivimos demasiado limpios en las ciudades", dijo Saarenpää.

"Sabemos que la urbanización conduce a la reducción de la exposición microbiana, cambios en la microbiota humana y a un incremento del riesgo de enfermedades inmunes. Esta es la primera vez que podemos demostrar que una actividad humana significativa y natural puede aumentar la diversidad de la microbiota de adultos saludables y, al mismo tiempo, contribuir a la regulación del sistema inmunitario", expuso.

Así, la exposición microbiana puede aumentarse con facilidad y seguridad en casa todo el año. El espacio y la inversión financiera es menor: en el estudio la jardinería se hizo en cajas de flores, mientras que las plantas cultivadas, como guisantes, habichuelas y mostazas se conbsiguieron en el mercado local.

Los cambios se observaron con solo un mes de actividad.

El estudio apareció en Environmental International.

  

El Tiranosaurio rex no era nada frío