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jueves, 11 de julio de 2019

A las arañas les sale caro el amor


Araña puesta sobre hojas secas, difícil percibirla. Foto UC

Hay arañas que mueren… por amor. Mientras cortejan a su pareja, son presas fáciles de depredadores como las aves.
El biólogo George Uetz, de la University of Concinnati, creía que el baile llamativo de las arañas lobo les podría ser fatal.
Junto a Dave Clark de Alma College y Tricia Rubi de la University of Minnesota usaron una colonia en cautiverio de arrendajos azules a los que entrenaron para hundir un botón cuando veían una araña lobo (Schizocosa ocreata) en unas pantallas.
Les pasaban videos de arañas macho en cortejo, caminando o quietas. Vistas desde arriba, las arañas desaparecían entre las hojas del suelo. Al estar quietas tenían problemas en verlas.
Menos complicado era detectarlas caminando. Y cuando estaban en cortejo con sus patas delanteras ondeándose, las hallaban mucho más fácil y con mayor rapidez.
Estas arañas se comunican por comunicación multimodal. Las hembras dejan un trazo de feromonas en la seda y cuando restriegan el abdomen en el suelo.
Cuando los machos entran en el rango visual, rebotan sus patas en las hojas para generar vibraciones que llegan lejos hasta sus potenciales parejas. También ondean sus patas delanteras para llamar la atención de la hembra.
Uetz ha comprobado que estas arañas temen a pájaros como los arrendajos y los cardenales, que comen insectos y arácnidos, pero no a las aves que se alimentan de semillas. Con aquellos prácticamente se congelan de miedo.
Esos pájaros ven con facilidad los machos que son más expresivos durante el cortejo.
¿Por qué persiste esta conducta de exhibicionismo si puede significar la muerte?
La selección natural es para la supervivencia, dice la bióloga Rubi, pero la selección sexual es dominada por las hembras y ellas seleccionan un cortejo más llamativo.
Para el individuo puede ser mejor minimizar el riesgo pero no para la especie: el bienestar se mide por el número de descendientes sanos producidos.
El estudio fue publicado en Behavioural Processes.

viernes, 10 de mayo de 2019

¿Qué tiene de especial el trasero de los gatos?


No, la cosa más extraña de los gatos no es que muerdan tobillos o que se restrieguen contra la pierna de las personas o se asusten con su sombra.
Lo más extraño es otra situación que casi todos desconocen:
Los gatos tienen una granja de bacterias en su región anal. Y por una razón especial.
Ellos usan sus glándulas anales para producir una feromona maloliente hecha de varios químicos volátiles. Resulta que es muy probable que ellos mismos no produzcan todos esos compuestos: se apoyan en los microbios que viven en las glándulas.

El trasero de los gatos alberga una granja de bacterias. Foto Flickr


Eso sugiere una investigación reciente, publicada en el servidor preimpresión bioXiv.
Hay que recordar que la comunicación química es común en los mamíferos. El perro anuncia con ella que un hidrante le pertenece y una mofeta dice a otros que se alejen.
En el caso de los gatos domésticos usan un lenguaje químico complejo para marcar territorio con mensajes que les dicen a los otros quiénes son y si están listos para aparearse.
Los investigadores analizaron las secreciones de aquella glándula en un gato bengalí. “Estábamos examinando la hipótesis de que en parte mantienen esas glándulas como incubadoras de bacterias para producir olores que son importantes en las señales felinas”, explicó David Coil, biólogo de la Universidad de California en Davis, coautor del artículo, citado por el portal Live Science.
En una veterinaria en Oakland, y con consentimiento del dueño, se masajeó la zona anal y se extrajo fluido de sus glándulas.
Luego en laboratorio se identificaron los compuestos químicos y las bacterias en las secreciones. Se cultivaron algunas e identificaron los compuestos que los microbios produjeron.
El resultado; la secreción anal contenía 127 compuestos y la bacteria cultivada producía 67. De estos, 52 se encontraron en el fluido.
Para Jonathan Eisen, biólogo coautor, es sensato pensar que los microbios elaboran esos compuestos.
Entonces, los gatos prestan la región anal para que las bacterias vivan allí y a cambio estas producen los químicos que les ayudan a comunicarse.
Solo se estudió un gato, por lo que habrá que ampliar la muestra y proseguir las investigaciones.