El eje intestino-cerebro funciona como una vía de comunicación bioquímica bidireccional, por la que circulan mensajes constantemente a lo largo del día. Cuando el intestino presenta una inflamación crónica, las señales inflamatorias se desplazan por el organismo hasta llegar al cerebro, donde desencadenan una neuroinflamación. El hipocampo —región que regula la memoria, el aprendizaje y el estado de ánimo— resulta especialmente vulnerable; por tanto, cualquier alteración en esta zona puede repercutir en la forma en que pensamos, recordamos y sentimos.
Un estudio, publicado en la revista Brain, Behaviour, and Immunity, analizó cómo la colitis ulcerosa crónica -un tipo de enfermedad inflamatoria intestinal- afecta al cerebro, y si la administración oral de creatina (un suplemento muy utilizado en la nutrición deportiva) podría ofrecer protección frente al daño cerebral. Los investigadores indujeron colitis crónica en ratas mediante agentes químicos y observaron su proceso de recuperación, comparando los resultados entre los sujetos que recibieron creatina y los que no. En el grupo tratado, la creatina se añadió al agua de bebida, comenzando 10 días antes de la inducción de la colitis y manteniéndose durante todo el experimento.
La colitis crónica provocó inflamación en el hipocampo y activó las células inmunitarias cerebrales en ambos sexos, aunque los machos sufrieron un impacto mayor. Estos presentaron una inflamación hipocampal más intensa, acompañada de un daño neuronal evidente y una alteración en la activación neuronal. La suplementación oral diaria con creatina permitió que las reservas energéticas recuperaran sus niveles normales (similares a los del grupo de control). Asimismo, evitó el aumento de las citocinas inflamatorias y frenó la activación de las células inmunitarias en el cerebro, tanto en machos como en hembras.






