Johann Wolfgang Goethe nunca supo lo que tenía. Su colección de 40 piezas de ámbar del Báltico, que reposan en el Museo Nacional Goethe tenía dos sorpresas.
Científicos encontraron en ellas tres animales fosilizados, casi imposibles de ver a simple vista porque los ámbares nunca fueron pulidos. Pero científicos de la Universidad de Jena en Alemania usaron técnicas modernas de escaneo y hallaron lo que Goethe nunca vio.
El escritor se interesaba en esas piezas de ámbar solo por sus propiedades ópticas. Poseía lentes para mirar los efectos de colores en esas resinas, como parte de su trabajo sobre la teoría del color.
Los investigadores,mediante tomografía microcomputarizada de sincrotrones rastrearon los dos fósiles en el interior de las piezas de ámbar. Los estudios revelaron tres insectos: un mosquito de los un hongos, una mosca negra y una hormiga.
La que más llamó la atención fue la hormiga, de la especie extinta Ctenobethylus goepperti, muy común en ámbar. Pero por la excelente preservación y la extensa investigación, se pudo describir en gran detalle y obtener más información de esa especie. Un individuo de hace 40 millones de años. También lograron una detallada reconstrucción del insecto en 3D.
Los científicos estiman que esas hormigas antiguas podrían haber vivido en grandes nidos en los árboles, hecho que explicaría porqué aparecen tanto en ámbar.
El hallazgo y su análisis fue reportado en Scientific Reports.






