martes, 3 de noviembre de 2026

Aguacate y mango: mezcla ideal para el corazón

Una vez más quedaron demostrados los beneficios del consumo diario de aguacate para la salud cardiaca. Foto PickPik


Consumir mango y aguacate a diario podría ofrecer beneficios inesperados para la salud cardiovascular, según una nueva investigación. En un estudio de apenas ocho semanas, adultos con prediabetes que incluían habitualmente ambas frutas en su dieta experimentaron mejoras en la función de los vasos sanguíneos y en la presión arterial, todo ello sin aumentar de peso ni consumir más calorías.

El estudio, publicado en el Journal of the American Heart Association, sugiere que incorporar estas dos frutas, ricas en nutrientes, a la alimentación diaria puede contribuir a la salud cardiovascular.

Investigadores del Illinois Institute of Technology (Illinois Tech) analizaron los efectos de una dieta que incluía un aguacate Hass mediano y una taza de mango fresco al día. Los participantes siguieron este plan alimenticio durante ocho semanas, mientras que un grupo de control consumió una dieta similar en la que dichas frutas fueron sustituidas por alimentos a base de carbohidratos con un contenido calórico equivalente.

Los resultados mostraron diferencias notables entre ambos grupos, especialmente en lo que respecta al funcionamiento de los vasos sanguíneos y a la evolución de la presión arterial.

Una de las mejoras más evidentes se observó en la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse a medida que la sangre fluye a través de ellos. Esta flexibilidad favorece una circulación saludable y constituye un indicador clave de la salud cardiovascular.

La Doctora Britt Burton-Freeman, investigadora principal y profesora del Illinois Tech, comentó que "Esta investigación refuerza la eficacia de las estrategias centradas en la alimentación para ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, sobre todo en poblaciones vulnerables, como aquellas con prediabetes". Luego agregó la Doctora que "Es un mensaje alentador: realizar pequeños cambios —como añadir aguacate y mango a las comidas- puede favorecer la salud del corazón, sin necesidad de seguir normas estrictas ni de transformar por completo la dieta".

lunes, 2 de noviembre de 2026

Los cuerpos humanos producen 2 000 millones de toneladas de CO2 al año

La idea del estudio no es que se modifiquen hábitos, sino que se considere esta producción de dióxido de carbono dentro de la contabilidad global de emisiones. Foto Wikipedia


Un nuevo estudio revela que la cantidad de dióxido de carbono producida por el metabolismo humano ha aumentado drásticamente a lo largo de tres décadas.

El dióxido de carbono generado por el cuerpo humano al convertir los alimentos en energía aumentó un 74 % en tres décadas, según un estudio dirigido por la Universidad de Bath. Para 2015, el total mundial alcanzó una cifra estimada de 2050 millones de toneladas métricas (2260 millones de toneladas estadounidenses) al año, lo que pone de relieve un componente sustancial del ciclo del carbono terrestre que, hasta ahora, los científicos no habían cuantificado a esta escala.

A diferencia de las emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles, el CO2 que exhalan los seres humanos proviene, en gran medida, de carbono absorbido recientemente de la atmósfera por las plantas y transferido a través de los alimentos. Por el contrario, la quema de carbón, petróleo y gas natural libera carbono que ha permanecido almacenado bajo tierra durante millones de años, incorporándolo al ciclo activo del carbono.

El estudio, publicado en The Lancet Planetary Health, reveló que la producción anual de CO2 derivada del metabolismo humano pasó de 1180 millones de toneladas métricas (1300 millones de toneladas estadounidenses) en 1985 a 2050 millones de toneladas métricas (2260 millones de toneladas estadounidenses) en 2015. Más del 60 % de este incremento se debe al crecimiento de la población, y no a un aumento significativo en la cantidad de CO2 producida por cada individuo.

Para estimar las emisiones globales derivadas del metabolismo, los investigadores analizaron miles de mediciones reales de la producción de CO2 en personas de todas las edades, desde bebés hasta adultos mayores. Combinaron estos resultados con datos sobre la población mundial y el peso corporal para calcular cómo ha evolucionado la actividad metabólica humana a lo largo del tiempo.

El profesor y Doctor Javier González, quien dirigió la investigación en el Centro de Ejercicio, Nutrición y Metabolismo de la Universidad de Bath, explicó:

"Todos producimos dióxido de carbono simplemente al transformar los alimentos en energía; sin embargo, hasta ahora no teníamos una idea clara de cuál es la magnitud de este fenómeno a escala mundial".

El Doctor González agregó que "Lo que hemos descubierto es que el aumento se debe, principalmente, a que somos más personas. Esto aporta a los científicos una pieza más del rompecabezas a la hora de determinar de dónde proviene el carbono y hacia dónde va". En última instancia, esta información puede ayudar a los científicos a predecir con mayor precisión la eficacia de las estrategias de reducción de carbono.

El metabolismo humano contribuye al movimiento continuo de carbono a través del entorno, especialmente en ciudades densamente pobladas. Tener en cuenta esta actividad podría ayudar a los investigadores a desarrollar presupuestos de carbono más precisos y a evaluar mejor los efectos de las estrategias diseñadas para reducir las emisiones.

Los investigadores subrayan que sus hallazgos no sugieren que las personas deban hacer menos ejercicio, cambiar su dieta o intentar reducir el dióxido de carbono que exhalan. El objetivo es mejorar las mediciones científicas del movimiento del carbono, no señalar la respiración como un factor que contribuye a las emisiones derivadas de los combustibles fósiles.

El Doctor González destacó esta distinción: "Lo importante es que el dióxido de carbono que exhalamos no es lo mismo que el que se genera al quemar combustibles fósiles. No estamos diciendo que la respiración sea la causa del cambio climático".

Y agregó el Doctor: "Lo que hace este estudio es ofrecernos una visión mucho más clara de cuánto CO2 producen las personas en todo el mundo y cómo esto cambia a medida que crece la población. Esta comprensión puede ayudar a mejorar la precisión de las proyecciones de los programas de reducción de carbono".

domingo, 1 de noviembre de 2026

Beneficios extras en los niños que aprenden a nadar

El aprendizaje de la natación a temprana edad puede ayudar en la socialización de los pequeños, de acuerdo con el estudio. Foto PickPik


Un estudio de cuatro años que abarcó a cerca de 7000 encuestados y 177 niños evaluados individualmente, sugiere que los niños que aprenden a nadar a una edad temprana no solo adquieren mayor seguridad en el agua y una mejor condición física, sino que también logran un mayor éxito académico y una mayor sociabilidad en comparación con sus pares.

Este estudio ha sido analizado, explorado y ampliado por la investigadora Robyn Jorgensen, profesora emérita de la Universidad de Canberra (Australia), en su nuevo libro: Why Young Children Should Learn to Swim (Por qué los niños pequeños deberían aprender a nadar).

El proyecto surgió a partir de una conversación entre Jorgensen y Laurie Lawrence, entrenador olímpico de natación e integrante de los Salones de la Fama de la Natación tanto de Australia como de Estados Unidos. Lawrence sostenía que los niños que aprendían a nadar desde pequeños solían estar mejor preparados para el entorno escolar.

"No existía evidencia formal que respaldara esta observación, pero era algo que Laurie -al igual que muchas otras personas en el ámbito de la natación- había notado", explica Jorgensen.

Jorgensen y su equipo decidieron verificar esta «intuición del sector» mediante una investigación académica rigurosa, utilizando herramientas de evaluación reconocidas internacionalmente: las Escalas de Desarrollo Motor de Peabody (Peabody Developmental Motor Scales) y las pruebas Woodcock-Johnson III, cuyos resultados se compararon con datos censales nacionales.

Los resultados sorprendieron incluso a la propia Jorgensen, quien comentó: "Mis primeras observaciones sobre los niños que aprendían a nadar despertaron mi interés, aunque al mismo tiempo mantenía cierto escepticismo sobre lo que realmente se podía lograr. Como no provengo del mundo de la natación, no tenía ningún interés personal en demostrar -o refutar- la intuición de Laurie. Mi único interés en la natación estaba relacionado con mi rol de abuela, con la seguridad en el agua para mis hijos y nietos, y con la natación como actividad recreativa".

El estudio reveló que los niños menores de 5 años que practicaban natación -independientemente de su nivel socioeconómico- podían aventajar entre 5 y 18 meses a la población general de su misma edad en hitos relacionados con la alfabetización, las habilidades numéricas y la capacidad para seguir instrucciones.

Jorgensen subraya que esto no significa que los niños que aprenden a nadar sean más inteligentes por naturaleza; más bien, sostiene que las clases de natación fomentan el desarrollo de habilidades y disposiciones que pueden transferirse a otros ámbitos. Por ejemplo, cuando un niño cuenta sus patadas del uno al 10 junto a un instructor, asimila la secuencia numérica y la correspondencia uno a uno: habilidades que resultan directamente valiosas en el entorno escolar.

Si bien muchos padres inscriben a sus hijos en clases de natación por motivos de seguridad, el estudio detallado de Jorgensen sugiere que los participantes obtienen ventajas medibles en el desarrollo cognitivo, las habilidades lingüísticas y la regulación emocional.

"Es razonable afirmar que la natación prepara a los niños para su etapa escolar, especialmente durante los primeros años y en la transición hacia la escolarización", explica Jorgensen.

sábado, 31 de octubre de 2026

Hallan una criatura que no debía existir

Así pudo lucir el anfibio marino que vivió en los océanos durante el Triásico. Una criatura que hoy es inexplicable. Foto Chen Geng/Guizhou University


Dos fósiles hallados en China apuntan a la existencia del primer anfibio totalmente marino conocido, lo que revela una antigua excepción a la dependencia del agua dulce que caracteriza a sus parientes actuales.

Un anfibio acorazado de casi un metro de longitud parece haber habitado el lecho marino, a cientos de kilómetros de cualquier gran masa terrestre. ¿Cómo lograba sobrevivir en agua salada, cuando ningún anfibio conocido en la actualidad es capaz de vivir exclusivamente en el mar?

Dos esqueletos casi completos, descubiertos en China, ofrecen algunas pistas. Investigadores de la Universidad de California en Davis, la Universidad de Pekín y el Museo Geológico de Guizhou identificaron al animal como Gerrothorax maritimus, que vivió hace unos 237 millones de años, durante el Triásico Superior. Su estudio, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, presenta la primera evidencia fósil de un anfibio totalmente marino.

Los esqueletos fueron hallados en la provincia china de Guizhou, en una zona que antaño estuvo cubierta por el océano. Los investigadores han estado reconstruyendo el ecosistema preservado en ese lugar a partir de sus fósiles.

"Esta zona forma parte de un ecosistema que hemos estado analizando e intentando reconstruir", señaló Ryosuke Motani, autor correspondiente del estudio y profesor en el Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la UC Davis. "Hasta ahora, nos habíamos centrado principalmente en los reptiles marinos y los peces de este lugar; pero ahora contamos también con este anfibio, que resulta ser un miembro sumamente inusual dentro de su linaje".

El hallazgo de los esqueletos en sedimentos de aguas profundas ayudó a confirmar su entorno marino. Además, el hecho de que se encontraran notablemente completos respaldó la interpretación de los investigadores de que estos animales vivieron efectivamente en ese lugar.

"Por lo general, cuando los cadáveres terminan en el mar, si no se hunden de inmediato hasta el fondo, tienden a resecarse y a perder sus extremidades antes de llegar al lecho marino", explicó Motani. "Pero, en estos ejemplares, se conservaron incluso los dedos, lo que indica que probablemente murieron cerca de donde vivían".

Los análisis geoquímicos aportaron pruebas adicionales: las proporciones de isótopos de estroncio -variantes de un mismo elemento con distintas masas atómicas- coincidían estrechamente con las que cabría esperar en el agua marina durante el Triásico.

viernes, 30 de octubre de 2026

¿Y si el tiempo no necesitase relojes?

Un experimento parece respaldar la idea de que el tiempo surge de los cambios que ocurren en el interior del Universo. Foto Easy-Peasy.AI


¿Y si el tiempo no fuera una parte fundamental del universo, sino algo que surge de los cambios que ocurren en su interior? Un físico de la Universidad de Birmingham ha creado un universo en miniatura en el laboratorio que ofrece una forma nueva y sorprendente de investigar esta posibilidad.

Utilizando miles de átomos enfriados a temperaturas apenas superiores al cero absoluto, el profesor Giovanni Barontini demostró que el paso del tiempo puede medirse sin necesidad de un reloj externo. En su lugar, una forma de tiempo surge de manera natural a partir del comportamiento de las partículas dentro del sistema experimental.

Los hallazgos, publicados en Physical Review Research, proporcionan evidencia experimental de una idea fascinante en la física teórica: el tiempo podría no ser un componente esencial de la realidad. Podría surgir de las relaciones y los cambios que ocurren dentro del propio universo.

Solemos concebir el tiempo como algo que avanza continuamente, independientemente de lo que suceda a nuestro alrededor. Los segundos transcurren, los planetas orbitan alrededor de las estrellas y el universo evoluciona. Sin embargo, algunas teorías físicas sugieren que, a un nivel fundamental, el tiempo podría funcionar de una manera muy distinta.

Un ejemplo es la ecuación de Wheeler-DeWitt, que aparece en los intentos de combinar la mecánica cuántica con la gravedad. En este marco, el universo puede describirse como un único estado cuántico inmutable, sin un reloj externo que marque el paso del tiempo. Las partículas cuánticas pueden exhibir propiedades tanto ondulatorias como corpusculares, pero el universo, en su conjunto, no posee necesariamente una variable temporal intrínseca.

Esto plantea un gran interrogante: si el universo carece de un reloj externo, ¿cómo es posible que los sucesos ocurran en un orden determinado? ¿Qué es lo que define qué eventos suceden primero y cuáles después?

Una posibilidad es que el tiempo surja de las relaciones cambiantes entre las distintas partes del universo. Barontini diseñó un experimento para investigar si este proceso podía observarse en un entorno de laboratorio.

Para construir su cosmos en miniatura, Barontini empleó una nube de aproximadamente 24 000 átomos, enfriados a apenas unas milmillonésimas de grado por encima del cero absoluto. A estas temperaturas extraordinariamente bajas, los efectos cuánticos cobran especial relevancia, lo que permite a los investigadores estudiar comportamientos que, en condiciones normales, resultan difíciles de observar. 

Los átomos estaban confinados dentro de un sistema cuántico cuidadosamente controlado, diseñado para permanecer aislado de su entorno. Dos haces láser, que operaban a frecuencias distintas, creaban una barrera delgada que dividía el sistema en dos regiones: una región observada ('brillante') y una región no observada ('oscura').

Aunque el sistema en su conjunto estaba aislado del mundo exterior, los átomos podían desplazarse entre ambas regiones.

La región brillante experimentaba ciclos repetidos de expansión y contracción, que recordaban a versiones simplificadas de dos acontecimientos cosmológicos de gran envergadura. La expansión era análoga al Big Bang, mientras que la contracción se asemejaba a un Big Crunch (gran colapso), un destino hipotético del universo en el que la expansión cósmica termina por revertirse y todo colapsa hacia el interior.

El experimento no recreaba estos acontecimientos cósmicos reales; más bien, ofrecía un modelo cuántico simplificado que permitía a los investigadores estudiar cómo reconstruir una secuencia de sucesos sin necesidad de recurrir a un reloj externo al sistema.

jueves, 29 de octubre de 2026

Los beneficios de 30 minutos en la sauna

La activación del sistema inmunitario durante una sesión en la sauna es temporal, pero ayuda a detectar posibles patógenos en el cuerpo. Foto PxHere


Una sola sesión de sauna puede desencadenar una respuesta sorprendente en el sistema inmunitario. Investigadores en Finlandia descubrieron que pasar tan solo 30 minutos en una sauna -con una breve ducha fría a mitad de la sesión- provoca que los glóbulos blancos inunden el torrente sanguíneo. Estas células son fundamentales para las defensas del organismo, ya que ayudan a identificar y combatir infecciones, así como otras posibles amenazas.

Los hallazgos sugieren que el uso de la sauna podría movilizar temporalmente células inmunitarias que, por lo general, permanecen en los tejidos, permitiéndoles circular de manera más amplia por todo el cuerpo. Este mayor movimiento podría ayudar al sistema inmunitario a vigilar la presencia de patógenos nocivos, como bacterias y virus.

Los investigadores observaron un aumento en todos los tipos de glóbulos blancos circulantes que analizaron. Entre ellos se encontraban los neutrófilos y los linfocitos, dos grupos importantes de células inmunitarias. Los neutrófilos suelen ser de los primeros defensores en responder ante una infección, mientras que los linfocitos incluyen células capaces de reconocer amenazas específicas, producir anticuerpos y ayudar a coordinar las respuestas inmunitarias.

El incremento fue temporal: 30 minutos después de la sesión de sauna, los recuentos de neutrófilos y linfocitos habían vuelto a sus niveles originales.

El Doctor Ilkka Heinonen, investigador de la Universidad de Turku,expre´so que "Esto podría indicar que el uso de la sauna moviliza glóbulos blancos adicionales desde los tejidos hacia el torrente sanguíneo, para luego regresar a los tejidos una vez finalizada la sesión. Esta liberación periódica de glóbulos blancos en la sangre resulta beneficiosa, ya que, al abandonar sus lugares de almacenamiento, estas células pueden patrullar mejor el organismo y responder ante los patógenos".

Este proceso se conoce como «vigilancia inmunitaria». En lugar de permanecer en un solo lugar, las células inmunitarias se desplazan a través del torrente sanguíneo y los tejidos en busca de signos de infección u otras anomalías. Al aumentar temporalmente el número de glóbulos blancos en circulación, el organismo podría mejorar su capacidad para detectar posibles amenazas.

Resulta interesante señalar que una respuesta similar ocurre durante el ejercicio físico. El ejercicio puede incrementar temporalmente el número de células inmunitarias que circulan por el torrente sanguíneo, facilitando su distribución por todo el cuerpo. Estos nuevos hallazgos sugieren que el uso de la sauna podría generar una respuesta a corto plazo comparable, aunque esto no implica que ambas actividades proporcionen exactamente los mismos beneficios para el sistema inmunitario.

El estudio fue publicado en la revista científica Temperature.

Súmele otro gran planeta enano

Trayectoria de la órbita del nuevo candidato a planeta enano sobre un fondo de cuerpos del Sistema Solar, de la galaxia y del universo profundo. El planeta hoy se halla a más de 6 900 millones de kilómetros de nosotros. Imagen Rubi Observatory/CfA


Por las observaciones realizadas durante la fase previa al Legacy Survey of Space and Time (LSST), el Observatorio Vera C. Rubin -financiado por la NSF y el Departamento de Energía de EE. UU.- descubrió un nuevo candidato a planeta enano en nuestro Sistema Soolar. 

El objeto, al que se le asignó de manera provisional la etiqueta 2026 ED138 (ED138), fue hallado por Matthew Holman, miembro del equipo de operaciones del Observatorio Rubin y colaborador externo (del Center for Astrophysics | Harvard & Smithsonian [CfA]). Holman contribuye a mejorar los algoritmos del observatorio destinados a buscar objetos distantes en movimiento dentro de nuestro sistema solar. La distancia a la que se encuentra este objeto respecto al Sol lo sitúa más allá de la órbita del planeta enano Plutón. Los análisis iniciales sugieren que podría tratarse de uno de los cuerpos más grandes y brillantes descubiertos hasta la fecha en esta región del sistema solar.

El Doctor Edward Ajhar, director del programa NSF para el Observatorio Rubin dijo que "La gran fortaleza del Observatorio Rubin reside en su capacidad para captar con claridad el movimiento y los cambios en una inmensa cantidad de objetos y fenómenos que el ser humano nunca antes había observado". El Doctor Ajhar agregó que "Esta capacidad amplía enormemente nuestro potencial para descubrir y comprender aspectos inéditos de nuestro sistema solar, la Vía Láctea y miles de millones de otras galaxias en todo el universo".

Actualmente, ED138 se encuentra a una distancia de unas 46 unidades astronómicas (ua), donde 1 ua equivale a la distancia media entre la Tierra y el Sol (unos 150 millones de kilómetros). A modo de referencia, el planeta enano Plutón se sitúa a una distancia media de 40 ua. Esto clasifica a ED138 como un objeto transneptuniano (TNO, por sus siglas en inglés): cuerpos que orbitan alrededor del Sol a una distancia superior a la de Neptuno.

Basándose en la distancia, el brillo y la reflectividad superficial estimada (albedo) de ED138, el equipo calcula que su tamaño oscila entre los 600 y los 1500 kilómetros; cabe esperar que los cuerpos helados de estas dimensiones presenten una forma esférica.