¿Y si dormir mejor no dependiera solo de cuánto ejercicio se hace, sino de la frecuencia con la que uno se mueve? Investigaciones de la Universidad de Texas en Austin sugieren que mantenerse físicamente activo a diario, incluso durante periodos breves, puede ayudar a las personas a pasar más tiempo en las fases profundas y reparadoras del sueño, las cuales favorecen la recuperación, el estado de ánimo y la salud mental.
Los resultados indican que la constancia podría ser un factor importante en la relación entre el ejercicio y el sueño. En lugar de concentrar toda la actividad física en el fin de semana, las personas podrían beneficiarse al incorporar el movimiento de manera regular en sus rutinas diarias.
El estudio, publicado en la revista Journal of Physical Activity & Health, analizó datos sobre actividad y sueño recopilados de estudiantes de la Universidad de Texas que utilizaron dispositivos Fitbit durante varios meses. Si bien estudios anteriores se habían centrado principalmente en la cantidad de tiempo que las personas dedican al ejercicio, los investigadores abordaron una cuestión diferente: ¿influye el número de días que alguien hace ejercicio en la calidad de su sueño?
"Queríamos saber si importa si una persona distribuye el ejercicio a lo largo de la semana o si lo realiza todo de una sola vez, como los llamados 'guerreros de fin de semana'", señaló Benjamin Baird, profesor asistente de investigación en psicología de la Facultad de Artes Liberales de la UT Austin. "Y, en lo que respecta a la salud del sueño, la frecuencia parece ser importante".
Los investigadores descubrieron que los participantes que hacían ejercicio con mayor frecuencia tendían a experimentar un sueño más reparador. Estos hallazgos complementan investigaciones previas que vinculan la actividad física con el sueño no REM, una fase que incluye el sueño profundo, esencial para la recuperación física y el funcionamiento cerebral saludable.
Chris Corral, quien recientemente obtuvo una maestría en comportamiento y educación para la salud en la UT Austin y codirigió el estudio, explicó que el sueño profundo es especialmente importante durante las primeras horas de la noche. En este periodo, el organismo lleva a cabo muchos de los procesos que le permiten recuperarse de las exigencias físicas y mentales del día.
Los participantes que se mantenían activos con mayor frecuencia pasaban más tiempo en estas valiosas fases del sueño.
"Eso es exactamente lo que se busca", afirmó Baird.
Un hallazgo particularmente alentador fue la escasa cantidad de ejercicio que parecía necesaria. Entre los adultos jóvenes estudiados, bastaban apenas 10 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa para asociarse con una mejor calidad del sueño.






