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viernes, 9 de agosto de 2024

Ojo: a veces no basta con lavar las frutas

Los productos químicos con los que se riegan las frutas pueden penetrar más allá de la piel o cáscara. Foto Tom Gill/Flickr


Lo usual, cuando se van a consumir frutas y verduras, es lavarlas bien con agua. Algunos, en usos industriales por ejemplo, les lavan con productos como hipoclorito de sodio. 

En cuanto al consumo individual y en hogares, ¿es seguro solo el agua? 

Miremos:

En todo el mundo es común el uso de pesticidas e insecticidas en los cultivos y eso supone un riesgo para los consumidores, que deben al menos lavar los productos siempre que les sea posible.

Un estudio publicado en el journal Nano Letters genera una alerta. Para hacerlo se desarrolló un método para detectar pesticidas en niveles bajos. Se trata del 'surface-enhanced Raman spectroscopy (SERS)', un método no destructivo para detectar químicos en los productos agrícolas.

Utiliza nanopartículas para amplificar señales creadas por moléculas cuando son expuestas a un rayo laser Raman. Los patrones creados permiten identificar pequeñas cantidades de compuestos específicos.

¿Pero, entonces?

Les cuento:

Los científicos diseñaron una membrana especial para sus análisis. Luego echaron dos pesticidas a manzanas y luego con la membrana y el método SERS detectaron químicos en manzanas y no solo en la piel: estaban un poco más profundos.

Aunque hoy en día es casi imposible escapar a la cantidad de químicos en todo tipo de productos y en el ambiente, el estudio sugiere que no solo hay que lavar muy bien las frutas sino que, en las que se pueda, además de pelarlas quitarles algo de la parte externa.

También usaron su sistema para detectar pesticidas en pepinos, camarones, arroz y chili.


miércoles, 20 de octubre de 2021

Luz artificial está acabando con los insectos

Una de las trampas instaladas en zona agrícola en Bavaria. Foto LandKlif


Los insecticidas, los monocultivos y el cambio climático atentan contra los insectos y están disminuyendo sus poblaciones. Pero además hay otro factor: la iluminación nocturna en ciudades y campos.

Eso encontró un estudio de la Universidad Würzburg Julius Maximilians en Bavaria, Alemania. Un equipo de investigadores colocó 179 trampas en áreas seminaturales, agrícolas y urbanas de sitios bajos y altos para atrapar insectos de toda clase. Tras vaciarlas periódicamente cada 14 días y analizar las especies y la biomasa se estudió el entorno de cada una.

Se encontró que la biomasa de los insectos capturados en ambientes urbanos era 42 % menor frente a áreas seminaturales y así mismo la diversidad en áreas agrícolas era 29 % menor que en ambientes seminaturales.

En las zonas agrícolas la situación es preocupante: hallaron 56 % menos de las especies en peligro de extinción.

Para los investigadores lo hallado es una señal de alerta, pues se puede concluir que una disminución en la biomasa también significa un declive en la diversidad de especies, según expresó Johannes Uhler, primer autor del estudio.

Ya este mismo año, un estudio de la misma universidad encontró que la luz artificial de las ciudades estaba afectando la visión de muchísimas especies de insectos que navegan usando la Vía Láctea, nuestra galaxia.

Esa investigación se centró en los escarabajos. Se detectó que especies que dependen de la oscuridad se han ido adaptando a la luz artificial continua, alterando su ritmo circadiano.

Estos estudios se hicieron en Alemania, pero los resultados se pueden extrapolar a situaciones similares en otras regiones.

La disminución de insectos es real y ha sido documentada en varios estudios en los últimos 10 años.

Una alternativa planteada por Uhler y colegas es aumentar los espacios verdes en las ciudades para incrementar el número de insectos.

El estudio fue publicado en Nature Communications.


martes, 22 de junio de 2021

Pequeñas granjas son más eficientes y biodiversas: estudio internacional


Pequeña finca arrocera en Bohol, Filipinas. Foto Wikipedia Commons


Un estudio en Nature Sustainability concluye lo que muchos niegan: las pequeñas parcelas o fincas tienen más ventajas que los grandes cultivos, desde lo ecológico y social.

 Las pequeñas granjas tienden a ser más productivas y biodiversas que las grandes y son casi tan rentables y eficientes en su producción mostró la investigación.

El 84 %de las granjas en el planeta tienen menos de 2 hectáreas. Y Vincent Ricciardi y colegas de University of British Columbia en Vancouver, Canadá, analizaron 118 investigaciones hechas en 50 años en 51 países para evaluar cómo el tamaño de la parcela afecta los resultados fuera de la producción de alimentos.

El grupo encontró que las pequeñas tienen mayores rendimientos que las grandes, tal vez debido a la disponibilidad del trabajo de la familia. También tienden a tener mayor diversidad de cultivos y una mayor biodiversidad no relacionada con estos.

Esto se debe, probablemente, a que comparadas con las granjas industriales, dependen menos de los insecticidas, cubren paisajes más diversos y tienen más bordes entre cultivos y la tierra no cultivada.

Para los autores, apoyar las pequeñas unidades productivas impulsa la producción de alimentos a la vez que se provee importantes beneficios humanitarios y ecológicos.

Una sugerencia que no en todas las regiones es atendida por los gobiernos, que por lo general prestan mayor atención a las grandes grajas industrializadas, con frecuencia dedicadas a cultivar de manera intensiva un solo producto.