viernes, 13 de febrero de 2026

Solo los humanos tenemos este rasgo

El mentón es una característica única humana. Su tamaño ha sido objeto para las cirugías plásticas , bien sea recortándolo o aumentándolo. Foto Public Domain


Bueno, ¿y qué tal que no lo tuviéramos? ¿Cómo nos veríamos? ¿De dónde cogernos el rostro? Pues resulta que los humanos somos los únicos primates que tenemos mentón. No lo tienen los chimpancés, tampoco los neandertales ni los denisovanos ni ninguna otra otra especie humana extinta. Entonces, ¿por qué?

El mentón, barbilla o cumbamba según los colombianos, es un accidente evolutivo, un subproducto de otras transformaciones.Los humanos tenemos una capacidad única para recibir golpes en el mentón, porque poseemos esa característica física de forma única y por eso les resulta fácil a los científicos identificar fósiles de Homo sapiens.

Pero bien, no he respondido la pregunta inicial. ¿Por qué tenemos barbilla? En términos simpl,es, es una proyección ósea de la mandíbula inferior. Sí, ¿pero por qué evolucionó?

La respuesta, parte de un estudio publicado en la revista científica Plos One por un equipo dirigido por un antropólogo biológico de la Universidad de Buffalo amplía la comprensión holística del cuerpo humano como una amalgama de adaptaciones y subproductos aleatorios de la evolución.

La Doctora Noreen von Cramon Taubadel, profesora y directora del Departamento de Antropología en esa universidad, explicó que "El mentón evolucionó en gran medida por accidente y no por selección directa, sino como un subproducto evolutivo resultante de la selección directa en otras partes del cráneo".

Es un rasgo que surge como un subproducto imprevisto de la evolución, al igual que el espacio bajo una escalera no existe como propósito arquitectónico, sino como resultado de la construcción de un acceso cómodo entre pisos.

La Doctora especificó que "El hecho de que tengamos una característica única, como el mentón, no significa que haya sido moldeada por la selección natural para mejorar la supervivencia de un animal; por ejemplo, un contrafuerte para la mandíbula inferior que ayude a disipar las fuerzas de la masticación".

Explicó además que "Solo estudiando el conjunto podemos comprender mejor qué aspectos de un animal tienen un propósito funcional y cuáles son los efectos secundarios de ese propósito.

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