No pocas personas rechazan un café en las horas de la tarde o la noche, por una sencilla razón: no logran dormir bien. ¿Por qué? Una pregunta intrigante, porque muchas otras pueden caer profundas tras una buena taza de la bebida.
Científicos se dieron a la tarea de averiguarlo. Para ello, no usaron medios tradicionales como medir la duración del sueño y sus diferentes etapas. No. Se basaron en lecturas de electroencefalogramas (EEG) para complementar sus evaluaciones.
Este medio es cada vez más usado para estudiar los efectos de la cafeína en el cerebro porque mide la actividad eléctrica del cerebro, y esto permite no solo establecer cuánto sueño tiene la persona o cuán a menudo se despierta, sino la calidad del sueño.
La Doctora Donata Kurpas, de Wroclaw Medical University en Polonia, explicó que "EEG nos permite ver no solo si una persona está durmiendo sino si el cerebro está durmiendo. La evaluación clásica del sueño evalúa la duración del sueño y sus etapas,mientras que el análisis EEG cuantitativo revela cambios más sutiles, como una reducción de las ondas lentas, que son un marcador importante de la profundidad del sueño y su carácter restaurativo".
Esas ondas son un rasgo que define el sueño profundo, la etapa que respalda la recuperación física, recarga la energía y ayuda a mantener un funcionamiento saludable del cerebro.
Estudios muestran que los efectos de la cafeína no siempre recortan el sueño o afectan la dificultad de caer dormidos. En muchos casos, los mayores impactos son en la calidad del sueño.
La Doctora explicó que "La cafeína puede acortar el sueño o hacer más difícil el dormirse; sin embargo, aún cuando la duración del sueño parezca normal, puede reducir la actividad de las ondas lentas y cambiar el patrón del EEG hacia un cerebro más despierto". Ella y su colega publicaron el estudio en Nutrients.
He ahí el problema.

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