Fue un nobel de Química, que sabía mucho de su campo y ganó dos premios nobel, quien no era médico ni dietista, quien escribió un libro sobre la vitamina C y los resfriados. En él mostraba que el consumo de ese compuesto evitaba que a las personas les diera gripa.
Fue Linus Pauling, y desde ese libro las ventas de esa vitamina se dispararon y hoy se sigue recomendando consumirla para evitar esa molesta enfermedad.
Pero, ¿sí tenía razón? Un meta estudio que analizó pruebas en 10 investigaciones hechas con medio de control, investigaciones que en suma involucraban a 2736 personas saludables (niños, adultos y atletas) que en forma regular tomaban 1000 miligramos diarios de la vitamina C.
En general, los científicos encontraron que quienes tomaban la vitamina tenían en promedio un 15 % de reducción en los síntomas severos de la gripa en comparación con quienes no la tomaban. Ese porcentaje se expresaba en los días en que la persona permanecía confinada en casa. Pero la vitamina no afectaba la duración de los síntomas leves.
Otro meta análisis reveló que ingerir de manera regular suplementos de vitamina C reducía entre un 8 y 14 % la severidad de los síntomas en niños. Sin embargo, comenzar a tomarla cuando comenzaban los síntomas no servía para nada.
Pero para lograr esa reducción modesta (si los síntomas de una gripa fuerte duraban cinco días, solo se reducían 1 horas) hay que tomarla de manera regular.
¿Cuánto tomar? En diferentes países se considera que no se deben tomar más de 1000 miligramos diarios, aunque en Estados Unidos tienen los 2000 como límite seguro para adultos.
Tomar mucha vitamina C, más de 1000 miligramos, puede generar efectos secundarios, como:
Gastrointestinales; diarrea, náuseas, hinchazón.
Mayor excreción de oxalatos, que generan cálculos renales.
Interacciones con terapia de radiación, quimioterapia y las estatinas para reducción del colesterol.
Nota: con información de The Conversation.

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