Tres minutos de sprint
pueden lograr algo que 90 minutos de ejercicio moderado aparentemente no
consiguen: remodelar drásticamente la composición molecular del torrente
sanguíneo.
El sprint desencadenó cambios en más de 200 metabolitos. También provocó un aumento inmediato de proteínas implicadas en el crecimiento de los vasos sanguíneos, la remodelación tisular y la señalización hormonal. Algunas de estas proteínas parecen entrar en el torrente sanguíneo mediante un proceso acelerado de señalización celular conocido como desprendimiento de ectodominio: en lugar de ser sintetizadas y secretadas, se escindieron porciones de proteínas que ya se encontraban en la superficie celular y se liberaron rápidamente a la circulación.
Los hallazgos se publican en la revista Cell Reports Medicine.
Los investigadores también descubrieron que las células grasas humanas expuestas a la sangre extraída después de un sprint experimentaron cambios significativos en su actividad genética, modificando la forma en que procesan el combustible, responden a las hormonas y detectan la disponibilidad de nutrientes.
Esto no ocurrió con el ejercicio moderado, que produjo una respuesta más modesta. No fue hasta tres horas después de completar dicho ejercicio que se detectó en el torrente sanguíneo una oleada significativa de ácidos grasos y proteínas derivadas del hígado, que suelen aparecer en respuesta a las exigencias del ejercicio de resistencia. Las células grasas humanas expuestas a la sangre extraída tras un ciclismo moderado mostraron solo cambios menores en su actividad genética.

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