sábado, 20 de diciembre de 2025

Los humanos sufrimos un desajuste evolutivo

La urbanización y la industrialización han afectado el proceso evolutivo de los humanos, afectando su salud. Foto PickPik


Un desajuste evolutivo, eso es lo que vivimos hoy los humanos, un desajuste entre nuestra biología, principalmente adaptada a la naturaleza, y los entornos industrializados que habitamos. La vida moderna ha superado la evolución humana. Tal cual.

Ese es el análisis que trae un artículo publicado en Biology Reviews, de los antropólogos evolutivos Colin Shaw de la Universidad de Zurich, y Daniel Longman, de la Universidad de Loughborough.

La explicación parece lógica: durante cientos de miles de años los humanos se adaptaron a las exigencias de la vida de cazadores-recolectores: alta movilidad, estrés intermitente e interacción cercana con el entorno natural. La industrialización, en cambio, ha transformado el entorno humano en tan solo unos siglos, al introducir contaminación acústica, atmosférica y lumínica, microplásticos, pesticidas, estimulación sensorial constante, luz artificial, alimentos procesados y estilos de vida sedentarios.

Shaw, que lidera el grupo de investigación de Ecofisiología Evolutiva Humana junto a Longman, explicó que "n nuestros entornos ancestrales, estábamos bien adaptados para enfrentar el estrés agudo y así evadir  o enfrentarnos a los depredadores. El león aparecía de vez en cuando y uno tenía que estar preparado para defenderse o huir. La clave es que el león se aleje de nuevo".

Los factores estresantes actuales -el tráfico, las exigencias laborales, las redes sociales y el ruido, por nombrar solo algunos- activan los sistemas biológicos, pero sin resolución ni recuperación. Longman dice que "Nuestro cuerpo reacciona como si todos estos factores estresantes fueran leones".

Y precisó que "Ya sea una conversación difícil con el jefe o el ruido del tráfico, el sistema de respuesta al estrés sigue siendo el mismo que si se enfrentara a un león tras otro. Como resultado, se produce una respuesta muy potente del sistema nervioso, pero sin recuperación".

Así que en su análisis, Shaw y Longman sintetizan la evidencia que sugiere que la industrialización y la urbanización están socavando la capacidad evolutiva humana. Desde un punto de vista evolutivo, el éxito de una especie depende de la supervivencia y la reproducción. Según ellos, ambas se han visto afectadas de manera negativa desde la Revolución Industrial.

Señalan la disminución de las tasas globales de fertilidad y el aumento de la enfermedades inflamatorias crónicas, como las enfermedades autoinmunes, como indicios de que los entornos industriales están teniendo un impacto biológico.

Shaw opinó que "Existe una paradoja: por un lado hemos creado una enorme riqueza, comodidad y atención médica para muchas personas en el planeta, pero por otro lado, algunos de estos logros industriales están teniendo efectos perjudiciales en nuestras funciones inmunitarias, cognitivas, físicas y reproductivas".

Dado el ritmo del cambio tecnológico y ambiental, la evolución biológica no puede seguirlo. "La adaptación biológica es muy lenta. Las adaptaciones genéticas a largo plazo son multigeneracionales: de decenas a cientos de miles de años", afirmó.

Ello significa que es pco probable que el desajuste entre nuestra fisiología evolucionada y las condiciones modernas se resuelva de forma natural. En cambio, argumentan los investigadores, las sociedades necesitan mitigar estos efectos repensando su relación con la naturaleza y diseñando entornos más saludables y sostenibles.

Para Shaw, abordar este desajuste equiere soluciones tanto culturales como ambientales.


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