jueves, 28 de mayo de 2020

Al fin qué, ¿puedo contagiarme de coronavirus si toco algo?

Para contagiarse tocando algo tienen que suceder varios eventos. Foto Pikist


Cinco meses después, la pregunta sigue siendo válida: ¿puedo contagiarme con el coronavirus SARS-CoV-2 tocando una superficie?
Desde el comienzo de la pandemia, autoridades de salud sugirieron al público lavar empaques y demás elementos y productos que lleguen a la casa o con los que la persona entre en contacto.
Y aunque cada quién maneja su miedo, o sus precauciones, y juiciosamente desinfecta todo, la verdad es que el contagio por tocar algo es muy bajo.
Así se desprende de un artículo en New York Times. Muy pocas personas, según un estudio, adquieren el virus de esa forma. El principal mecanismo sigue siendo el contacto cercano con alguien que tenga el coronavirus, como hablando cara a cara o sentándose al lado en un ambiente cerrado.
Los Centros de prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos, dice la nota, aclararon hace poco su guía al respecto:
"Puede ser posible que una persona adquiera la Covid-19 tocando una superficie u objeto que tiene el virus y luego tocarse su boca, nariz, o posiblemente sus ojos, pero no se cree que esta sea la forma principal como se transmita el virus".
Es que solo tocar objetos con el virus no significa contagio. Tiene que tocar algo con muchas partículas del virus y luego tocarse aquellas partes de la cara. Así, objetos que tocan pocas personas, como las bolsas de los víveres y otros productos presentan un riesgo en realidad muy bajo.
Cuando alguien con el virus estornuda o tose en sus manos y este toca algo, el virus puede permanecer hasta tres días en plástico o acero, pero una vez en alguna de esas superficie comienza a desintegrarse en unas horas, lo que significa que una partícula es más contaminante tras el estornudo, no unos días después.
Para contagiarse, habría que tocar poco después esa superficie y recoger muchos virus viables en las manos y luego tocarse boca, nariz u ojos. Así podría contagiarse.
Por eso es que los videos que circulan sobre experimentos que muestran cómo pueden diseminarse los gérmenes, mostrando una persona que tiene gérmenes fluorescentes y en una cena los pasa a los demás, no son del todo reales: el microbio tendría que sobrevivir en las superficies y en cantidades suficientes para enfermar a quienes lo tocaron.
Para el profesor Eugene Chudnovsky, de City University of New York, citado por ese medio, en el caso de la influenza para contiarse por el virus en alguna superficie habría que recoger millones de virus, mientras que para contagiarse de otra persona que estornuda solo se requieren unos pocos.
Tal parece que este coronavirus funciona así, aunque falta conocer más.
Así que, si no es de los que siente mucho temor, bájele a la paranoia, pero sea que lo sea o si es una persona muy nerviosa, lávese las manos con mucha frecuencia y evite tocarse la cara.

martes, 26 de mayo de 2020

¿A qué hora es mejor tomar café?


La cafeína activa la atención. Por procesos químicos sugieren tomarla a ciertas horas. Foto Pxfuel


Es tal vez la bebida más extendida. Desde que se levanta la persona hasta tarde, para activarse, descansar o tener mayor energía. ¿Qué es lo que hace el café?
Según la Organización Internacional del Café cada día se ingieren 1400 millones de tazas de café. Por eso no es extraño ver desde muy temprano ´personas en las tiendas consumiendo o comprando un buen café para irlo consumiendo.
La cafeína, el principal estimulante en el café, obra en el plano químico para proporcionar energía remplazando el bioquímico adenosina, que lo pone cansado a uno.
Y aunque se toma a cualquier hora, expertos sugieren tomarlo entre 10 de la mañana y 12 del día o de 2 a 5 de la tarde, para lograr los mayores beneficios.
La cafeína es estructuralmente similar a la adenosina, que crea de manera natural el cuerpo. Por eso la cafeína en el café de la mañana se une a los receptores de adenosina evitando que la persona se sienta cansada.
También aumenta la producción de adrenalina por lo que aumenta la frecuencia cardiaca haciendo que se bombee la sangre más rápido. A la vez evita que la dopamina sea reabsorbida permitiéndole permanecer más tiempo en el cerebro y de ahí viene sentirse positivo por más tiempo.
Esa mayor permanencia de la dopamina en el cerebro es la que hace que pida más cafeína.
De acuerdo con un artículo en Big Think, la cafeína tiene una vida media de 6 horas. Dentro de los primeros 10 minutos entra a la corriente sanguínea y es bombeada a todo el cuerpo, aumentando la presión arterial y la frecuencia cardiaca.
A los 20 minutos se une a los receptores de adenosina, neutralizando la fatiga. Los niveles de dopamina aumentan y se mantienen lo que hace que la persona se sienta más alerta, despierta.
A los 30 minutos las glándulas suprarrenales comienzan a producir más hormonas. Su visión puede ser más aguda porque se dilatan las pupilas.
A los 40 minutos el cuerpo comienza a producir más serotonina, que mejora el funcionamiento neural en la médula espinal, derivando en una mejor coordinación y flexibilidad muscular.
Después de 4 horas el metabolismo aumenta y se quema energía más rápido. El cuerpo comienza a descomponer grasa en este tiempo.
Y a las 6 horas el café habrá pasado por todo el sistema y posiblemente se sientan ganas de orinar, expulsándose cerca de la mitad de la cafeína ingerida.
Se recomienda tomar máximo 400 miligramos de cafeína al día o sea de 2 a 4 tazas de ocho onzas. Más de 600 es mucho.
Pero cuando se ingiere café en momentos de estrés, cuando hay mayor cantidad de cortisol en el organismo disminuyen los beneficios para la salud y lleva a que se quiera tomar más cafeína.
Como los niveles de cortisol tienen tres picos en el día, las mejores horas para tomar café son de 10 a 12 y de 2 a 5 de la tarde, y así el cerebro toma el mejor provecho de la cafeína.

lunes, 25 de mayo de 2020

Otra galaxia ayudó a formar el Sol y la Tierra

Fases en las cuales Sagitario ha tocado la Vía Láctea y activado la formación estelar. Ruiz et al 

El Sol se formó y del polvo y gas que sobró se formaron los planetas y demás cuerpos del Sistema Solar. También se sabe que nuestra estrella se formó con material dejado por poderosa explosión de otra que le antecedió.
Ahora hay un nuevo y sorprendente hecho: en la formación del Sol (y de la Tierra y los demás planetas), pudo participar otra galaxia.
Sí. La galaxia Sagitario, descubierta en los años 1990 orbita nuestra Vía Láctea y cada tanto 'choca' con ella, produciendo ondas que parecen activar episodios de la formación estelar.
Una de las colisiones, de acuerdo con los modelos desarrollados, coincide con la época de formación del Sol hace unos 4700 millones de años, un hallazgo publicado en Nature Astronomy.
El estudio se basa en datos del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA).
"Se sabe por modelos existentes que Sagitario colisonó con la Vía Láctea tres veces, la primera hace 5000 a 6000 millones de años, luego hace unos 2000 millones de años y finalmente hace unos 100 millones de años", explicó Tomas Ruiz Lara, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (España), cabeza del estudio.
"Cuando miramos los datos de Gaia sobre la Vía Láctea, encontramos tres periodos de intensa formación estelar con picos hace 5700 millones de años, 1900 millones y hace 1000 millones de años, correspondiendo con los tiempos en los cuales Sagitario ha pasado a través del disco de la Vía Láctea".
Al comienzo, explicó, la Vía Láctea era relativamente quieta. "Luego de una época inicial de violenta formación estelar, en parte activada por una fusión descrita en un estudio previo, la galaxia alcanzó un estado de equilibrio en el cual las estrellas se formaban continuamente. De repente se tiene a Sagitario que entra y genera un desequilibrio, haciendo que todo el gas y polvo se dispersara como las ondas en el agua".
En algunas áreas de la Vía Láctea esas ondas derivaron en concentraciones más altas de polvo y gas, vaciando otras. La alta densidad en aquellas activó la formación estelar.

domingo, 24 de mayo de 2020

El polo norte se fue pa' Siberia

En el diagrama se observa el movimiento del polo norte magnético. Cortesía ESA

Son dos cosas diferentes, que algunos confunden o no saben bien de qué se trata. El polo norte geográfico es uno y el polo norte magnético es otro asunto. Y no coinciden, no están en el mismo punto.
En 1831 fueron reconocidos como dos polos diferentes y hasta hace 20 años, el magnético estaba a unos 1600 kilómetros al sur del verdadero norte. No estaba fijo, se movía unos 15 kilómetros cada año. Pero algo sucedió desde entonces.
Ahora anda más acelerado, a mayor velocidad, corriéndose unos 50 a 60 kilómetros anuales y se dirige hacia... Siberia, en Rusia. De hecho, a finales de octubre de 2017 cruzó la línea internacional derl tiempo, pasando a 390 kilómetros del polo norte geográfico y camino al sur.
¿Por qué y cómo aumentó velocidad?
El polo magnético es muy importante para los instrumentos de navegación, que deben tener información muy precisa sobre su ubicación y dirección. Aviones, barcos. Y hoy para muchos asuntos de la vida diaria gracias a los  avances informáticos que permiten guiarse con un celular inteligente.
Dado ese movimiento es que el modelo magnético mundial debe ser actualizado periódicamente. Si no, sería un desastre.
Un artículo en Nature Geoscience explica qué es lo que sucede.
La posición del polo norte magnético se determina por un equilibrio entre dos grandes lóbulos en los límites entre el núcleo y el manto de la Tierra, debajo de Canadá.
Al analizar mapas magnéticos y cómo cambian en el tiempo, se conoce ahora que en cambio en la circulación del patrón de flujo debajo de Canadá hace que un campo magnético en el borde del núcleo se estire, debilitándose, haciendo que el polo moviéndose hacia Siberia.
Pero, ¿volverá a su 'lugar' en Canadá? No se sabe bien. Al menos por las próximas décadas continuará hacia Siberia.

viernes, 22 de mayo de 2020

Así va la vacuna contra el coronavirus

La carrera por la vacuna es intensa y hay ha avances. Foto Laughlin Air Force Base

A falta de una, podría haber varias vacunas para frenar el coronavirus SARS-CoV-2. Y eso sería lo ideal dadas las necesidades en todo el mundo.
Hay varias candidatas en distintas fases de ensayo y vienen al menos otras 20. De acuerdo con un artículo en The New York Times, todas se basan en alguno de cuatro métodos.
A la ya anunciada por la firma Moderna de Estados Unidos, que tuvo éxito en 8 personas (cifra muy baja) pero que proseguirá en fase 2 con al menos 600, se suman la de Inovio, la Universidad de Oxford y CanSino Biologics en China que también entró en ensayos con humanos.
Y esta semana se anunció que un prototipo de un centro en Boston, tuvo éxito en proteger monos, indicando que puede seguir adelante.
Pero ene el mundo cerca de 100 grupos andan en la tarea de encontrarle tatequieto al virus. Y dada la urgencia, se juntan etapas para acortar tiempos, con la esperanza de hallar una pronto.
La ventaja es que el coronavirus muta muy poco, siendo en teoría 'presa fácil' para una vacuna.
Los grupos y empresas tienen varias maneras de acercarse a la vacuna:
Moderna y otras usan la tecnología mRNA que lleva pedazos de genes del virus a las células humanas para que produzcan una proteína que el sistema inmunitario reconozca como extraña y genere defensas.
Otras emplean una variación del DNA.
Estas dos tecnologías nunca se han probado antes en una vacuna que haya sido aprobada.
También se acogen a métodos tradicionales, como Oxford:  virus inocuos para llevar genes del coronavirus a las células para que produzcan proteínas que enseñen al sistema inmunitario a reconocer y atacar al intruso.
Otros trabajan con fragmentos de proteína del coronavirus y los demás con versiones enteras de coronavirus inactivados.
Estos métodos son más sencillos en cuanto a la fabricación en serie de la vacuna, que los primeros que demandan mucho más trabajo para la fabricación.
La esperanza es que con tantas candidatas a vacuna en desarrollo, este mismo año se tenga éxito con alguna y se proceda a su aprobación y producción.
Para expertos, ojalá no fuera una sola vacuna sino varias, pues facilitaría la producción por parte de las diferentes firmas desarrolladoras.




miércoles, 20 de mayo de 2020

Conozca los efectos nocivos de Covid-19 por la falta de contacto físico

Los beneficios fisiológicos del contacto físico se han afectado en la pandemia. Foto piqsels

Quienes han sido infectados por el coronavirus SARS-CoV-2 no solo han experimentado problemas físicos sino psicológicos. Es lo que se lleva en la contabilidad y los artículos sobre la enfermedad que causa el virus, Covid-19. Pero hay un costo oculto que se está pagando y se supone muy caro porque no hay estudios al respecto.
La falta de contacto físico genera que el organismo funcione diferente, creando algunos problemas de salud y afectando la parte mental también. Un daño colateral serio que no es considerado por personal científico y de salud ni por quienes toman decisiones.
No son efectos de poca monta. Un informe en The Scientist explicó lo que sucede cuando el cuerpo no siente ese contacto físico, un apretón de manos, un abrazo, una caricia, un beso.
"El contacto es la señal más potente y segura de unión", en palabras de Steve Cole, psiquiatra de la Universidad de California en Los Ángeles.
En aislamiento y soledad, el tallo cerebral reconoce que estamos en territorio inseguro y se mezcla en una especie de luche o huya de respuestas al estrés, sin que nos demos cuenta de que eso está sucediendo, según el experto.
Y el estrés inunda el cuerpo con hormonas como cortisol y adrenalina. Con el tiempo hay tantas acumuladas que puede derivar en presión arterial alta, enfermedad coronaria y altos niveles de ansiedad.
El contacto físico genera una serie de cambios físicos y bioquímicos en el cuerpo, con lo que el cerebro  puede contrarrestar esa respuesta de combate o huida.
The Scientist cita a Tiffany Field, del Touch Research Institute de la escuela de medicina Miller en la University of Miami, quien con su grupo ha venido estudiando hace años lo que sucede en el cuerpo con una leve presión en la piel.
Ese toque estimula receptores en la piel, que envían señales eléctricas al nervio vago (*), una superautopista del sistema nervioso, siendo conducidas a cada órgano del cuerpo y al tallo cerebral, que de inmediato regula la respiración, la presión arterial y la frecuencia cardiaca.
En ese proceso de reduce la cantidad de hormonas del estrés en circulación. Y al hacerlo disminuye la mortalidad de células asesinas del sistema inmunitario (se sabe que el masaje por ejemplo reduce los niveles de cortisol, aumentado la actividad de esas células).
Un abrazo, según estudio de 2014, reduce la susceptibilidad de las personas a las infecciones por virus como el de la gripe común.
En un artículo en The Washington Post, John Capitanio, psicólogo de la Universidad de California en Davis, explicó que el contacto (físico) enciende todos los botones adecuados que afectan procesos fisiológicos críticos para mantenernos sanos".
Los beneficios del contacto físico llegan al cerebro: al reducirse el cortisol y la tasa cardiaca, se produce el neurotransmisor serotonina, que es un químico antidepresivo y analgésico natural del cuerpo.
Un contacto afectivo ayuda a dormir mejor, hecho que reduce la emisión del neurotransmisor sustancia P, que transmite dolor.
Una encuesta realizada en estos días de confinamiento por Field y su grupo con 260 personas, en las respuestas se destacaron problemas para dormir, fatiga y ansiedad y 58 % reportó sentirse aislado; 28 % vivían solos.
Y aunque el contacto físico propio, como el automasaje, los ejercicios y el yoga ayudan, no reporta los mismos beneficios del contacto con otra persona pues la sociabilidad está en nuestros genes.
Efectos colaterales de la cuarentena y el distanciamiento físico por la Covid-19.

(*): el nervio vago es el más largo de los nervios del cráneo. Nace en el bulbo raquídeo e inerva faringe, esófago, tráquea, bronquios, corazón, estómago, páncreas, hígado y vísceras, según definición en Wikipedia.

Ojo con los huracanes

Huracán María, el peor en la historia de Dominica y Puerto Rico. Foto NOAA

Si tiene familiares o amigos en esos sitios, si ha pensado en irse a vivir a la Florida o la costa este de Estados Unidos o a alguna isla del Caribe o a países orientales de la cuenca del Pacífico, debe saberlo: cada vez los huracanes y tifones son más fuertes y destructores, superando los 200 y 220 kilómetros por hora. El calentamiento global y el consiguiente cambio climático han contribuido a fortalecer la velocidad de los vientos.
Estas tormentas, conocidas como ciclones tropicales, son unas de las más devastadoras de la naturaleza. Para llegar a aquella conclusión los científicos estudiaron 40 años de imágenes satelitales. Los hallazgos fueron publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Esas tormentas se han fortalecido tanto global como localmente, situación en concordancia con lo que se prevé por el calentamiento, explicó James Kossin, investigador de National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), cabeza del estudio.
Las chances de que un huracán llegue a categoría 3 o más alta se ha incrementado en cada una de las cuatro décadas pasadas. Huracanes grandes, como se les llama.
"La chance es de 8 % por década", dijo Kossin a CNN. Es decir, durante su existencia, un huracán es 8 % más probable que se convierta en grande en esta década en comparación con la anterior.
En los últimos años de la década pasada se recuerdan el Michael y Florence en 2018, y los de 2017, cuando hubo 6 tormentas de categoría 3 y superior siendo la de daños más costosos de la historia con huracanes recordados como Irma, María y Harvey que causaron grandes destrozos en islas del Caribe como Puerto Rico y en varios estados de Estados Unidos.
¿Qué pasará esta década?

El Tiranosaurio rex no era nada frío